Por Aída “Marisa” Toscani –
¿Hoy, en la Argentina actual, nosotros sus habitantes, podemos sentirnos interpelados por Manuel Belgrano, por los altos sueños que llenaron sus días y siguen incumplidos?
Porteño, nacido en 1770, en el seno de una familia que conformaba el círculo poderoso de los comerciantes de Buenos Aires, recibió una esmerada educación que culminó en la Universidad de Salamanca donde se graduó de abogado en 1793. Pero además su paso por una Europa trastocada por la Revolución Francesa le permitió adentrarse a investigar el pensamiento de los Enciclopedistas franceses, a los españoles como Jovellanos y Campomanes, a las teorías económicas del inglés Smith, discutir en los círculos de Madrid sobre los fisiócratas, además de Investigar sobre Economía Política y Derecho Público y todos los autores los leyó en su lengua original al igual que sus escritores literarios favoritos. Con todo este bagaje de ideas, se prometió luchar por construir una realidad donde estuviese garantizada la libertad y la igualdad de los habitantes, pero con una mirada que se detiene en los sectores menos protegidos, describiendo así la realidad social del momento.
“Esos miserables ranchos donde ve uno la multitud de criaturas que llegan a la edad de la pubertad sin haber ejercido otra cosa que la ociosidad deben ser atendidos hasta último momento”[1]
Pero también se indigna frente a toda forma de opresión por parte de la corona española y en ellos, agrega:
“Sólo veía tiranos, que se oponían a que el hombre fuese donde fuese y no disfrutase de unos derechos que Dios y la naturaleza le habían concedido,”[2]
Al recibir la notificación de su cargo como secretario perpetuo del Consulado que se crearía en Buenos Aires, regresa a esa ciudad para asumir el cargo y concretar en el ámbito del Virreinato las ideas estudiadas.[3] Lo que Belgrano planteará en las Memorias del Consulado y otros escritos, será un modelo económico donde se desarrolle de manera armónica la agricultura con la industria para agregar valor a la materia prima todo lo cual impulsaría el comercio.
Al ingresar al Consulado comprueba con disgusto que la mayoría de sus integrantes son comerciantes. Belgrano no confía en este sector, pues su único interés- dice- es conservar el comercio monopólico y “comprar por cuatro para vender por ocho con toda seguridad”
Se interesa en cambio, en el sector de los labradores, ellos son los que precisan de ayuda.
En su artículo “Agricultura” (“Correo” 23/VI/1810) siguiendo a Smith y a Jovellanos explica:
“Que todos los males son concausas de la principal, cual es la falta de propiedades de los terrenos que ocupan los labradores: este es el gran mal de donde provienen todas sus infelicidades y sus miserias”
La primera memoria la titula: Medios generales de fomentar la agricultura, animar la industria y proteger el comercio en un país agricultor.
Lo que sostiene Belgrano es la figura del Estado como el encargado natural de impulsar una infraestructura económica que permita que los particulares puedan desarrollar la agricultura, la industria y el comercio.
Explica Belgrano utilizando conceptos de Dupon de Nemours sobre la acumulación primitiva. La adquisición de la granja, de los animales, las semillas y las herramientas para el trabajo, implican una anticipación primitiva de los labradores. Para animarlos “con cuantos medios sean posibles, haciéndoles para que comprasen un terreno proporcionado, en que pudiesen establecer su franja y las semillas para las primeras siembras”
Belgrano como buen discípulo de los fisiócratas, considera a la agricultura como el verdadero destino del hombre. “Ni el oro ni la plata, la agricultura es la verdadera riqueza”
Los conceptos de Belgrano ponen en valor el tipo de producción local, dado la naturaleza del Virreinato de la Plata que no posee cantidad de minerales; con la excepción del Alto Perú.
Para fomento de la agricultura se requiere la creación de academias, escuelas donde se enseñe sobre la calidad de las tierras, semillas, abonos, clases de arados e insectos. Es decir colocar la ciencia al servicio del campo.
Belgrano considera que los cambios requieren tiempo para difundir todas estas ideas y es preciso que las personas se persuadan de sus beneficios. Se entusiasma y propone premios para aquellos que logren la mayor producción en relación a la extensión de su tierra y así alentarlos.
Industria
Belgrano insiste, hay que fijar una política económica definida hay que avanzar
“Y no quedarse en la etapa de vender, cambiar o permutar la materia prima por manufactura. Hay que seguir el ejemplo de naciones cultas –Inglaterra- que ofrece al mercado internacional manufacturas.”
“Con estas medidas se destierra la ociosidad y se abastece al mercado español quitando de esta rama de comercio a los extranjeros.”
Para alcanzar esos objetivos, en las Memorias propone el cultivo del lino y del cáñamo que España las recibe del extranjero, con su cultivo en el Virreinato esta producción quedará en manos nacionales.
A continuación detalla el modo de cultivo del lino y el cáñamo, medios para su labranza (premio para el que recoja mayor cantidad de arrobas en proporción al terreno cultivado) Belgrano busca entusiasmar y los premios los piensa como estímulos para aventurarse a nuevas producciones. En ella desde la siembra, siega, remojo, cocimiento, secado y transformación en fibras, deberán participar los labradores y sus mujeres logrando un poblamiento estable en los parajes y tener un mercado seguro al enviar los hilados a España.
Establecimiento de fábricas de lonas de toda especie, de jarcias y cordelería en Buenos Aires. También fabricación de cables para ser utilizados en nuestras lanchas y barcos menores. La mano de obra será criolla incluyendo las mujeres.
Exportación del sobrante del lino y el cáñamo a la Isla de Francia y a Brasil.
Pero toda la producción debe acompañarse con la formación de una flota mercante virreinal, tras lo cual se conseguiría la rebaja de los fletes y alcanzar precios competitivos, sumado a la posibilidad de establecer una Compañía para la exportación de los frutos.
Insiste en la necesidad que los agricultores, los comerciantes, los hacendados deben marchar unidos
“Ayudándose mutuamente, consultando respectivamente sus intereses y conciliándolos discurrirán los medios más eficaces de contribuir a su bienestar.”
En la Memoria de 1802 enfatiza la necesidad de curtir los cueros en el orden local, pero mejorar las técnicas para competir con las curtiembres europeas. Aconseja traer seis maestros curtidores de Irlanda que posean conocimiento de los adelantos de la química y la botánica para que enseñen el arte de la curtiembre a los criollos o enviar seis u ocho jóvenes becados por el Consulado para aprender en Europa teórica y prácticamente el curtido de los cueros. La otra posibilidad era traer de las fábricas de Vizcaya hábiles zurradores.
Educación
Al seguir su derrotero ideológico, es posible construir una imagen de un Belgrano que se enfrenta al poder despótico, que cuestiona las graves injusticias sociales y como remedio principal ve en la educación una respuesta que posibilita mejorar las condiciones miserables, en las cuales está sumergida la mayoría de la población, pero enfocado en los más débiles y en las mujeres. Plantea entonces, que dentro de los fines del Estado se encuentra la educación popular, para lo cual propone la creación de “escuelas gratuitas” donde se instruyan buenas máximas y amor al trabajo. Se deben crear Escuelas de Comercio donde se enseñe aritmética, contabilidad y reglas de navegación mercantil y de seguros, de correspondencia mercantil y geografía económica. De todas estas propuestas mientras ocupó el cargo de secretario, el Consulado funda los primeros Institutos de enseñanza técnica y artística dentro de los cuales merece una mención especial la Escuela de Náutica y Dibujo.
Siguiendo el criterio de Campomanes (Discurso sobre el fomento de la industria popular) hace extensiva las escuelas gratuitas a las niñas, para que aprendan doctrina cristiana, leer, escribir, coser y bordar. Acá es preciso hacer un paréntesis, para entender que el aprendizaje de esos oficios favorecía a la mujer pues le facilitaba la posibilidad de desarrollar habilidades, para obtener un trabajo digno, en un mundo laboral con pocas ofertas para las mujeres. La comprensión de estas problemáticas en su época, le hace definir a las mujeres describiéndolas de la siguiente manera:
“Sexo en este país, desgraciado , expuesto a la miseria y desnudez, a los horrores del hambre y estragos por las enfermedades que de ella se originan, expuesta a la prostitución de donde resultan tantos males a la sociedad.”
¿Qué pasó con los proyectos de Belgrano?
La guerra de la Independencia cruzada con enfrentamientos internos, atravesó largamente esas primeras décadas del siglo XIX. La paz en los finales de ese mismo siglo, lograda al precio del genocidio a los pueblos originarios y la sangrienta represión a toda oposición al modelo hegemónico, dictado por el Puerto de Buenos Aires, significó un duro silencio a los diversos intentos de desarrollos regionales con el artiguismo como un primero y fugaz intento.
El modelo combatido por Belgrano, de intercambiar materia prima por materia manufacturada, se entronizó con fuerza en los gobiernos, a lo largo de estos 200 años. El modelo de una economía primaria, con base en el endeudamiento externo fue el eje de todas las dictaduras militares, que usufructuaron el gobierno en buena parte del siglo XX en Argentina, en especial la instaurada en 1976.
Es doloroso reconocer que ese mismo modelo, se aplicó en administraciones democráticas, como las encabezadas por Menen, De La Rua y Macri. Todo esto con el agravante que defendiendo un modelo neoliberal, sustituyeron la producción como base de la riqueza, por el juego financiero que acapara y esconde la riqueza, excluyendo las mayorías populares, “los miserables” como los llamaba Belgrano.
Sin embargo entre los resquicios que dejaba el poder hegemónico, surgieron gobiernos populares que defendieron la soberanía del país e impulsaron un modelo productivo que se enfocaba en la felicidad del pueblo. No fueron perfectos, tuvieron claudicaciones, como las tienen hasta las más altas revoluciones.
Así debió esperar Belgrano hasta la llegada de Irigoyen para verla formación de una flota mercante nacional, un cambio en las condiciones de trabajo de los arrendatarios, con mejoras en los contratos y el gran paso como fue la creación de YPF, en julio de 1922 con Mosconi delineando la política petrolera.
El peronismo retomará los sueños de Belgrano, resignificará sus ideas adecuándolas al siglo XX e implementará un modelo industrial, que producirá aviones a reacción como el Pulqui, rastrojeros para el trabajo del campo, y armará locomotoras y vagones, sustituyendo importaciones que promovieron una economía independiente de las países centrales. En tanto una Marina Mercante Nacional trasladaba la riqueza que producían los argentines, garantizando costos competitivos en referencia a otros países, al obtener menor costo en los fletes. A “los miserables” les reconoció derechos que se estamparon en la constitución de 1949 y a la mujer la hizo partícipe de las decisiones políticas promulgando tras largas luchas, el derecho al voto.
Raúl Alfonsín peleó por la democracia construyendo una Justicia que estableció pena para los “tiranos” integrantes de la junta de los militares, involucrados en el genocidio al pueblo argentino.
Ya en el nuevo siglo XXI, los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner recuperan ese adormecido sueño de la Patria Grande que Belgrano pensó junto a San Martín, Bolívar, Artigas, Felipe Varela y tantos otros, para construir con grandeza, el bienestar del Continente. El modelo de desarrollo industrial otra vez guiaba la economía con la premisa de mejorar las condiciones de vida del conjunto. En tanto, se vio surcar en el cielo, satélites construidos con tecnología argentina y a las escuelas públicas poblarse de libros y computadoras, además de impulsar una sociedad más igualitaria, con respeto a la diversidad sexual.
Hoy a 200 años de la muerte de Belgrano, permanecen vigentes e inconclusos muchos de sus anhelos y sus luchas. Repensar sus pensamientos, para darles realidad en cada uno de los ámbitos donde trabajamos, posibilitaría que sus últimas palabras “Ay Patria mía” no sean presente, sino pura Historia.
[1] Memoria primera. Medios generales de fomentar la agricultura, animar la industria y proteger el comercio en un país agricultor.
[2] Belgrano, Manuel. Autobiografías
[3] Belgrano será secretario del Consulado desde 1794 hasta 1810. Castelli es secretario interino entre 1796 y 1806.
Esta nota fue publicada por la revista La Ciudad el 20/6/2020
