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Cuando la realidad desborda el relato

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Por Juan Martín Garay (*).         –

LA TIRANÍA DEL PROMEDIO: CUANDO LOS NÚMEROS ESCONDEN LA REALIDAD

Asistimos, en Entre Ríos, a una estrategia sistemática de municipalización cuasi fanática de la crisis. El mecanismo es siempre el mismo: la Nación y la Provincia se refugian en los números, los ordenan, los presentan y los convierten en un relato de gestión que dejan de explicar la realidad cotidiana. El debate por el Impuesto Inmobiliario Urbano es un ejemplo paradigmático de esta fractura entre el dato macro y la experiencia micro del vecino.

El gobierno provincial insiste en que la mayoría de las partidas aumentaron por debajo de la inflación. El dato puede ser cierto en un promedio estadístico. Pero la política no se mide en promedios: se sufre en términos concretos. Cuando una parte significativa de los contribuyentes recibe aumentos del 80%, del 100% o más, el promedio deja de ser una explicación válida y se convierte en un mecanismo para diluir el problema. Es la falacia del «enfermo promedio en un hospital»: la mitad está mejor, la mitad está peor, pero el relato oficial solo habla de la temperatura media de la sala. Y así, mientras el discurso nacional se vuelve local, la realidad de los entrerrianos queda desbordada por un relato que ya nadie cree.

LA PROMESA TRAICIONADA Y LA RUPTURA DE LA PREVISIBILIDAD

El caso del Impuesto Automotor refuerza esta lógica. Se anunció un tope del 30%. Ese fue el mensaje político, el titular, la promesa. Pero la implementación posterior —vía resoluciones y decretos provinciales— generó aumentos reales de hasta el 120%. Aquí no hay margen para la ambigüedad: se comunicó un límite y luego se lo desarmó por vías indirectas. No se afecta solo la economía de los contribuyentes: se rompe la previsibilidad y se vulnera la confianza. Se instala una lógica peligrosa: la de decir una cosa y hacer otra. Ese es el verdadero núcleo del problema de consistencia política.

LA LUZ COMO SÍNTOMA DE UN MODELO DE DESCARGA VERTICAL

La energía eléctrica expone con mayor crudeza el fondo de la cuestión. La factura dejó de ser el reflejo del consumo para transformarse en una estructura compleja donde se acumulan decisiones nacionales y provinciales: quita de subsidios, actualización de costos, recomposición del sistema y financiamiento de infraestructura a largo plazo, como la decisión provincial de incorporar el nuevo canon de la Estación Transformadora Gran Paraná que todos deberemos pagar en la factura de la luz hasta 2044. Mucho relato, pero el costo lo pagamos todos los entrerrianos ahora.

El resultado es evidente: incrementos en la factura de la luz que superan el 500% en estos dos años. Pero aquí no termina el análisis. Este aumento tarifario no es un ajuste aislado: es la manifestación más clara de un fenómeno político más profundo: la crisis se «tira para abajo». El Estado nacional define el ajuste, la provincia aplica la norma y el municipio —nosotros— queda en la primera línea de fuego, recibiendo la bronca de un conflicto que no generó y sobre el cual tiene nula capacidad de decisión.

LA TRIPLE PRESIÓN Y EL DESIERTO: CUANDO EL MUNICIPIO LO PAGA TODO

A este escenario se suma una ecuación crítica que explica porque el impacto es aún más profundo: la caída simultánea de los recursos mientras aumentan las demandas. No es un solo factor. Es una triple presión:

• Baja de la coparticipación nacional: la Nación se concentra recursos y no cumple con la coparticipación.
• Reducción de los recursos provinciales coparticipables: la provincia, además, ajusta hacia abajo lo que envía a los municipios.
• Caída de la recaudación local: en un contexto de recesión, los municipios recaudan menos por tasas, pero enfrentan mayores demandas sociales, de salud y de servicios que ni la Nación ni la provincia atienden.

El resultado es una ecuación perversa: al ciudadano se le cobra más (por impuestos provinciales y tarifas nacionales) aunque se les dice que van a pagar menos, pero al municipio no le llega más, todo lo contrario, cada vez menos. La coparticipación nacional bajó un 25% y la coparticipación provincial un 15%. Gobernar localmente hoy es estar en el desierto con un paquete de sal, no con un vaso de agua.

LA CONTRADICCIÓN MAYOR: EL PACTO FISCAL SOÑADO VS. EL AJUSTE REAL

En este marco, las recientes declaraciones del Gobernador Frigerio en el encuentro de la AmCham(Cámara de Comercio de los Estados Unidos en la República Argentina) —proponiendo un nuevo pacto fiscal con menor presión tributaria— no son solo una contradicción menor: son el síntoma de una esquizofrenia política. Mientras se promete alivio fiscal al empresariado concentrado en un foro de alto nivel, en el territorio entrerriano se consolidan aumentos impositivos del 120%, se recalibran bases imponibles y se trasladan costos crecientes a los contribuyentes.

Esto no es un matiz. Es un problema de coherencia intertemporal: no se puede construir credibilidad futura si las decisiones presentes erosionan sistemáticamente la confianza. No hay relato que resista cuando la experiencia concreta lo desmiente a diario.

EL NÚCLEO DURO: LA MUNICIPALIZACIÓN CUASI FANÁTICA DE LA CRISIS

Llegamos al corazón del asunto. Esto es lo que ocurre en Concepción del Uruguay con una intensidad casi fanáticapor parte de quienes no han aportado nada en este tiempo a la ciudad, la que por cierto es la Ciudad de todos.

La lógica del gobierno nacional y provincial es idéntica y complementaria:

• La Nación se concentra los recursos y se desentiende de las funciones básicas, dejando un vacío que cae «para abajo, a la cercanía», es decir, al municipio.
• La provincia replica el mecanismo: anuncia alivio, pero aplica aumentos. Recibe menos de Nación y, en lugar de apretar el gasto político propio, traslada la presión a los municipios, erosionando aún más nuestra base de recursos.

El resultado es una «municipalización fanática» de la crisis, que se caracteriza por una centralización fiscal con descentralización del sufrimiento. Nación y provincia acumulan poder de gasto, pero ninguno de los dos quiere hacerse cargo del costo político del ajuste. Ese costo se deposita en municipios como el nuestro, donde hay vecinos que nos reclaman con sobrada razón, por ejemplo, una factura de luz que no podemos modificar, pero que padecemos juntos.

Ahí entra la paradoja del héroe local. Se nos exige que actuemos como bomberos de un incendio que nosotros no provocamos. Debemos atender salud, educación, problemas sociales, cuidar el empleo que hay (y que se está perdiendo) y, encima, generar más empleo. Todo con menos recursos y con las manos atadas por decisiones que se toman en Buenos Aires o Paraná.

Hay una ruptura del federalismo real. El discurso oficial pregona autonomía municipal, pero la práctica cotidiana nos convierte en meros administradores de la miseria ajena, en el último eslabón de una cadena de lo que ni Nación ni provincia quieren hacerse cargo.

LO QUE REALMENTE ESTÁ EN JUEGO

Nadie desconoce la complejidad del contexto. Gobernar implica decisiones difíciles. Pero hay una diferencia sustancial entre administrar una crisis y construir un relato que la niega mientras se la traslada al eslabón más débil.

Cuando los aumentos superan lo anunciado, cuando las tarifas incorporan costos que no se explican, cuando los recursos que llegan a las ciudades se reducen drásticamente y cuando el Estado nacional se jacta de hacer «solo tres funciones» pero se queda con toda la plata, el problema deja de ser técnico. Pasa a ser político y moral.

Porque lo que está en juego no es solo cuánto se paga de impuestos. Es si la sociedad puede confiar en sus instituciones. Es si el federalismo es una promesa o una farsa. Es si los vecinos de Concepción del Uruguay y de toda la provincia seguirán creyendo que alguien, en algún nivel del Estado, los representa.

En el Concejo Deliberante local, desde el bloque «Juntos por Uruguay» del PJ, nuestra respuesta es clara: no aceptaremos esta lógica. Exigiremos con las herramientas legales y administrativas a nuestro alcance explicaciones, información desagregada y mecanismos de compensación para nuestros vecinos. Porque cuando la realidad desborda el relato, y la crisis se municipaliza con fanatismo, tenemos claro que lo nuestro siempre es la gente. Y los uruguayenses ya no se creen más el cuento de que el ajuste es solo macro y que no duele en el bolsillo de cada entrerriano. Mucho menos en nuestra ciudad.

(*) Abogado y Concejal. Vicepresidente 1° del HCD de Concepción del Uruguay. Presidente del Bloque “Juntos por Uruguay” – P J.

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