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Soy feminista y mi lucha no es contra los varones

Por Ana Paula Alegre    –   

Pareciera que todavía hay algo incómodo en que las mujeres salgan a la calle a defender sus derechos y ¿los varones qué hacen acá? ¿para qué se suman? ¿qué opinan? La mirada está puesta sobre ellos también. Es claro que hay una concepción errónea sobre los objetivos del movimiento de mujeres y mucho de ese recelo es alimentado por el desconocimiento, como cuando se visualiza al machismo y al feminismo como dos caras de la misma moneda.

Un pensamiento absurdo y bárbaro, pero real en nuestra ciudad. En su presentación del libro “lecturas feministas”, las periodistas Julia Mengolini  y Gabi Borrelli  dijeron algo así como que “si el feminismo es una lucha por la igualdad, ¿cómo podríamos pensar en lograr nuestra real y absoluta libertad sin incluir a la otra mitad del mundo? No podemos pensar en formar sólo un partido de conchas”.  Días atrás, en la marcha contra la justicia machista por el femicidio de Lucía Pérez varias compañeras tomaron el micrófono, les pidieron a los varones que se vayan de la manifestación y dijeron en voz alta: “Lucía Perez somos todas”. Me quedo con lo último, ese es el mensaje, todas. Ni todes, ni todos, porque la violencia machista mata a una mujer cada 32 horas en nuestro país. Ahora me pregunto: ¿estamos en lo correcto echando a los varones de las manifestaciones o los espacios de encuentro? ¿queremos armar sólo un partido de vaginas? ¿qué pasa con la otra mitad del mundo? ¿cómo se lucha por una democracia plena? ¿la pelea se reduce a mujeres sí, hombres no? ¿qué tipos de feminismos proponemos construir? ¿cómo concibo la ciudadanía? 

Hay muchos feminismos, los conceptos son amplios, hay de todos los colores, formas, números y digo más, es en la heterogeneidad, en los pensamientos revueltos y cruzados, abrazados y hermanados, donde las mujeres más asilo encontramos. Me voy a detener en “los varones” y su participación o no en los colectivos feministas. En la manifestación de la semana pasada por Lucía Pérez acompañaron muchos varones, mi hijo fue uno de ellos, nuestros compañeros, vi por ahí también a varios profesores de la universidad, colegas de la comunicación y amigos que la vida me regaló. Celebro las masculinidades sin patriarcado y en deconstrucción, festejo la escucha y la lucha, la apertura, la incorporación, el lenguaje, el conocimiento. No quería que se vayan, quiero que se queden, no para hacernos cargo de ellos y de sus pensamientos como propone el patriarcado, sino para abrirles un espacio donde deben involucrarse, repensarse y determinarse.

Una consigna circuló por varios días en las redes: “Ni machos, ni fachos, trabajando por masculinidades contra-hegemónicas” en el marco del séptimo Encuentro Latinoamericano de Varones Antipatriarcales (ELVA). La ola del feminismo se llevó puestas las masculinidades y las interpeló. Llegó a los hogares, a las charlas de bar, de café, a los recreos en el laburo, la sobremesa del domingo, la escuela, las unidades básicas, al club, el taller de pintura, a la plaza y al parque.

A la cultura patriarcal le sirve construir polos opuestos porque está basada en la dominación, donde unos mandan y otros obedecen favoreciendo la creación de polos opuestos, que ayudan a preservar el llamado “orden establecido”; por lo tanto, las personas somos deformadas por los patrones alienantes del patriarcado: “Hombre” y “adulto opresor” y en la vereda del frente “Mujer” e “infancia adulterada”. Con esto quiero decir que para llegar a una comunidad libre y de respeto mutuo tenemos que desatar el corsé del género.

“Lo personal es político”, decía el lema del feminismo en la década de los ’70, refiriéndose a que los verdaderos obstáculos para lograr nuestra plena libertad no eran personales, sino que políticos. Es decir, que la lucha por conquistar la anhelada y tan esquiva igualdad de género requería necesariamente de un poder político con decisión de cambiar una realidad de discriminación e injusticia. Es por estas consideraciones que me dificulta visualizar nuestra libertad real, sin incluir en esta lucha a hombres que logran visualizar las consecuencias de una cultura patriarcal, como algo ajeno.

Es necesario cuestionarnos el devenir de los hombres en el feminismo y el papel de la masculinidad. Comprender la encrucijada de las identidades de la masculinidad en un mundo cada vez más precario, con menos lugares de reconocimiento social mientras paralelamente se debilitan el empleo, el crédito-familia tan tradicional y otros lugares de dominio masculino. Necesitamos de varones que protagonicen el cuestionamiento de las masculinidades. Esta visión inclusiva del feminismo es un desafío importante para quienes buscamos que la ciudadanía comprenda correctamente nuestras ansias de justicia, y no que, a la primera de cambio nos tilde de “feminazis”. Una lucha que nos ha costado tantas vidas, no puede darse el lujo de excluir a la otra mitad del mundo.

(fuente: http://mirada360.com.ar)

 

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