Por José Florentino Beorda –
Anterior: “No te apartes de allí”.
Se evapora el tiempo entre las hojas.
Mi descanso me permite, a solas, reverdecer en rama… del olivo.
No me ausento… Me separo.
No me alejo… Me descubro…
¿Cómo estará mi cielo. Mi cielo personal… Mi último refugio?
Donde no habita Caín… el desgarrado.
¿Se quebrará mi cielo al ritmo de noticias hirvientes y distantes… pero que caben aquí?
Hay que comprender, me digo. Asimilar… y adaptarse. Después vendrá “lo otro”… si lo deseado, existe: Endulzar lo amargo de saber que eres noble pero afrontas o debes… lo que no deseas. Lo que NO BUSCASTE.
Paradoja intra-polar del hombre. De la cabeza a los pies. De los pies a la cabeza.
¿Qué persigue? ¿Será acaso que busca lo que aún no sabe?
¿Destino o incongruencia?
¿Desfalco a sí mismo o intención de ser dios en alguna parte?… De algún modo es forma inconclusa de lo impenetrable.
Nada para la guerra hace que se le alabe… NO a las guerras… es lo que cabe.
Apenas si bosquejo sobre la sencilla arena de mi patio palabras dichas en dialecto humano… “No matarás”.
Aquí nomás, a mi costado, el caserito hornero ensaya conmigo… su llamada.
No sabe de este misterio de los hombres y procura entonces, lo que siente. Lo que sabe: llamar su compañera para que no muera con él su propia genética única y originaria… capaz de modelar trinos, aleteos y barro entre sus picos, sus patitas, sus hierbas y sus pausas…
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*Caserito: “El hornero”. Ave símbolo de Argentina que construye con barro pico y pajitas, el fuerte nido donde da refugio a su compañera inigualada.
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