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La soledad en tiempos de soledad

Colaboración del Licenciado Roberto Guzmán, Psicólogo de la ciudad de Buenos Aires.

– Aparece en nuestra sociedad actual un malestar cada vez más recurrente: la soledad. Se presenta de diferentes maneras y en las más patológicas puede llegar a desencadenar consecuencias de extrema gravedad, incluso el suicidio.
– En un mundo de amplio desarrollo tecnológico de las comunicaciones sorprende la emergencia de este fenómeno que incluso se da en personas exitosas. Si analizamos más de cerca este hecho vemos que ese avance tecnológico desarrolla una mayor dependencia a la televisión, el teléfono o la computadora y menos a las relaciones con amigos, familiares o vecinos. La cultura del consumo globalizado, la necesidad del mercado destinado a la elección individual del objeto de consumo, sumado a condiciones laborales que no respetan los espacios sociales comunes de descanso, han deteriorado y a menudo eliminado la interacción social. Instituciones como el bar o el club de barrio, donde se establecían lazos de por vida, han dado lugar a relaciones circunstanciales  y temporarias. La familia tradicional por su parte, se encuentra inmersa en un profundo de mutación donde los roles sufren vertiginosas transformaciones, donde aparecen nuevas modalidades de vínculos de convivencia, no sólo por su relación de familiaridad sino por lazos más débiles y momentáneos. Una muestra actual son los “realityshows televisivos” que adelantan una posible forma de agrupamiento humano.
– Frente a tan fuertes determinaciones, la presión apunta al individualismo, la soledad y el aislamiento. Aceptar esa realidad condenaría a las personas a una situación pasiva y totalmente determinada. Desde la salud mental creemos en las posibilidades de cada individuo para asumir una actitud activa y protagonista de sus roles. El trabajo clínico muestra con frecuencia que se elige la soledad con el fin de evitar conflictos ya que todo vínculo humano es complejo y toda relación con el otro abre se abre a la confrontación con lo diferente, a historias singulares distintas a la propia donde se ponen en juego afectos, demandas, reconocimientos, frustraciones  y miedos. Un trabajo psicoterapeuta aportará un espacio para que cada paciente elabore los conflictos, angustias y malestares generados por la convivencia y le permita enriquecerse y crecer en los distintos tipos de lazos sociales que sostenga en su integración con los demás.
– A veces se elige la soledad por el temor a los conflictos que puedan generar los vínculos sociales-
– La salud mental apunta a las posibilidades que tienen las personas  de asumir una actitud activa y  protagonista de sus roles-

Aportes de dos especialistas locales
Alicia Paday  egresó de la Universidad Nacional de Córdoba en 1997 con el título de Licenciada en Psicología. En 1989 se recibió en el Instituto Carolina Tobar García de nuestra ciudad como Profesora de Educación Especial y desde el 2002 es además Psicoterapeuta de niños y jóvenes, especialización otorgada por el Centro Gestáltico de la ciudad de Montevideo, Uruguay.

Acerca del tema que hemos encarado en este número, expresó lo siguiente:
“¿Estamos en tiempos de soledad? ¿Existe un tiempo de soledad?Es la primer duda que se disparó en este fluir de ideas, frente a esta frase maravillosa, que necesariamente me lleva a reflexionar en dos direcciones de manera dialéctica, la construcción social de la idea de soledad, y al mismo tiempo la noción existencial del concepto de soledad.

La soledad es la condición básica del ser humano, y no es casual que el canal de parto y el ataúd estén preparados para una sola persona. El hombre siempre en definitiva esta perpetuamente solo, ya sea que esté aislado, ya sea que este enfermo, o vivencie la sensación de profunda ausencia frente a la muerte de un ser querido, o ante la punzante y ardiente sensación de un triunfo alcanzado. Es estos tiempo en que la soledad posee un transfondo peligroso para el mercado económico, casualmente existe una  lucha mayor por escapar de esta condición básica humana, hacemos enormes esfuerzos en nuestra vida cotidiana por escapar del dolor de nuestros sentimientos de soledad. Como adultos nos transformamos en expertos en desarrollar formas de ahogar nuestra soledad, por ejemplo conseguir varios empleos , trabajar nuestra formación profesional, el gimnasio, etc., una actividad incesante que nos aleja cada vez mas de nuestra verdadera esencia, de nuestro verdadero yo. La mayoría de nosotros en realidad no estamos totalmente conforme con el yo que somos y preferimos no conocerlo, encararlo, o mirarlo, estar con él, por lo que evitamos de manera frenética y de todos los modos posible encontrarnos con el. De esta manera el marcado laboral logra su cometido!!! Mas consumo, entiempos de soledad!

Cuando el hombre es arrancado de una verdad tan fundamental de la vida, cuando evita y niega exitosamente la terrible soledad de la existencia individual, se cierra a sí mismo la más importante oportunidad de crecimiento personal.”

La soledad es y siempre ha sido la experiencia central e inevitable de todo hombre.

La soledad es un buen lugar para encontrarse pero uno muy malo para quedarse.

La soledad no es un abismo, es un punto de reflexión importante de la vida.

Colaboración de Susy Quinteros