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Tales de Mileto, filósofo griego: «La prudencia es el más valioso de los bienes»

Una idea nacida en la antigua Grecia sigue ofreciendo una guía sorprendentemente actual sobre cómo tomar decisiones con calma.

Hablar de los orígenes de la filosofía es volver a un momento en el que algunos pensadores empezaron a observar el mundo con una mirada nueva, intentando explicarlo desde la razón y no desde el mito. En ese punto de partida aparece Tales de Mileto, considerado uno de los primeros filósofos de Occidente. Su figura ha llegado hasta hoy asociada tanto a sus teorías sobre la naturaleza como a una serie de frases breves que siguen funcionando como pequeñas guías para entender el comportamiento humano.

Tales de Mileto vivió entre los siglos VII y VI a. C. en la ciudad jonia de Mileto y es citado por autores clásicos como Aristóteles como uno de los pioneros en la búsqueda de explicaciones racionales sobre el origen de la realidad. No se conservan escritos directos suyos y su pensamiento se conoce a través de referencias de filósofos posteriores, algo habitual en el caso de los presocráticos.

Entre las ideas que se le atribuyen destaca una especialmente vigente: considerar la prudencia como uno de los bienes más valiosos. Más allá de la literalidad de la frase, el mensaje encaja con la tradición moral griega, que defendía la moderación y el juicio reflexivo como pilares de una vida equilibrada. No es casual que estas máximas hayan perdurado durante siglos: resumen de forma sencilla una forma de entender la conducta humana basada en pensar antes de actuar.

En la cultura griega antigua, la prudencia se relacionaba con la phronesis, una sabiduría práctica orientada a tomar decisiones sensatas en situaciones complejas. Esta idea, que más tarde desarrollarán Sócrates y Aristóteles, sitúa la reflexión en el centro de la vida ética. La sentencia vinculada a Tales anticipa precisamente esa preocupación por el equilibrio entre pensamiento y acción.

Vista desde el presente, la reivindicación de la prudencia mantiene una fuerza sorprendente. En una época marcada por la inmediatez y las reacciones impulsivas, detenerse a deliberar parece casi un gesto contracultural. La figura de Tales y las máximas asociadas a su nombre funcionan así como un recordatorio atemporal: algunas de las lecciones más antiguas de la filosofía siguen hablando directamente a los dilemas de hoy.

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