por Grabriel Morini –
De la condena de la CIDH al Estado argentino al remozado juicio en ausencia a Irán, tres décadas marcadas por la ausencia de certezas, múltiples juicios que desbarataron todo lo actuado, pruebas desatendidas y la verdad como víctima.
No es lo único viejo que se pretende hacer pasar por nuevo. Hace poco, voceros oficiosos buscar volver a reflotar la desclasificación del “Informe Toma”, un paper elaborado por la CIA con la supuesta conexión internacional con el atentado que fue recibido cuando Miguel Ángel Toma fungió como Secretario de Inteligencia en el interinato de Eduardo Duhalde, a principios de siglo.
En abril pasado, un oportuno pero vacuo fallo de la Cámara de Casación, en una causa conexa que no era la del atentado, dejó caer, en un párrafo de un voto, que se encontraba probado que la República Islámica de Irán fue responsable de los atentados en suelo argentino. Útil para una gacetilla de prensa y para repercusión mediática, pero sin capacidad de constituir prueba indubitable que apuntale una investigación que fue en círculos durante décadas.
La utilización por parte del Gobierno de ese textual para saludar esa declaración no esconde otro misterio que el alineamiento geopolítico que la administración Milei busca exhibir. Lo mismo que hacerse eco de amenazas iraníes transmitidas a través del Theran Times, una bravuconada clásica que se enmarca en la liviandad con la que el régimen esquiva citaciones judiciales por sus funcionarios apuntados y deja en ridículo a parte del sistema internacional al hacer que algunos acusados viajen por el mundo sin consecuencias por las mentadas circulares rojas en su contra.
En toda esa confusión, hace un mes, la Corte Interamericana de Derechos Humanos encontró al Estado argentino culpable de no haber adoptado las medidas razonables para prevenir el atentado, ocurrido dos años después de la voladura de la Embajada de Israel. LA CIDH dijo lo obvio: que el Estado incumplió su deber de investigar en un plazo razonable y su encubrimiento además de no haber garantizado el acceso real a la documentación existente sobre el hecho. ¿Cómo podría haberlo hecho si existe una sentencia en la justicia local que precisamente menciona que se intentó encubrir el atentado desviando la investigación casi desde el minuto cero? Sobre lo último, siguen cayendo a cuenta gotas retazos de informes, en su mayoría de inteligencia, que aportan todo lo conocido hasta ahora.
En septiembre de 2016, -22 años después del ataque- el Grupo Especial de Relevamiento y Análisis Documental (GERAD) de la UFI-AMIA detectó la existencia de un video del Cuerpo Médico Forense que documenta el análisis sobre las autopsias a las víctimas. Ese video jamás había sido agregado a la causa. Un balde abandonado en un freezer de la Policía Federal contenía bolsas con esquirlas metálicas supuestamente extraídas de los cuerpos en el primer análisis de los cuerpos. Tenía una sola etiqueta que lo identificaba, “DAIA”, y adentro una bolsa rotulada «MAT. REMANENTE PER 6730/94 (Esquirlas)». Del análisis de los restos de los vehículos que estaban estacionados en la calle Pasteur al momento de la explosión nada se supo. Mucho menos de aquel espía infiltrado de la Policía Federal Iosi Pérez que filtró planos de la AMIA a sus superiores durante una década de espionaje interno y que declaró e ingresó al programa de protección de testigos hasta, según informó el diario El País, diciembre pasado cuando decidió abandonarlo por temores respecto de las nuevas autoridades argentinas.
En un país circular, el flamante encargado del Servicio de Inteligencia Argentino (SIA, la nueva SIDE y en rigor encargado de exterior), el licenciado Alejandro Colombo tiene una historia que lo conecta cronológicamente con quien supo ser un testigo estrella del caso AMIA, el vidrioso brasileño Wilson Dos Santos, quien quince días antes del atentado, en 1994, recorrió embajadas y consulados en Milán alertando de que se iba a producir el atentado y luego se escapó hasta ser extraditado desde Suiza, ya en el gobierno de Fernando de la Rúa. Colombo era el delegado de la SIDE en Roma, para ese momento. Nadie, ni siquiera los servicios de inteligencia externos, le llevó el apunte. Colombo fue eyectado en 2006 de su destino como delegado en Madrid, luego recaló en el gobierno porteño y se recicló con Gustavo Arribas en la AFI. Ahora regresa.
(fuente: ambito.com/)
