De acuerdo un estudio desarrollado por UNFPA más del 50% de personas decide no tener hijxs por las dificultades económicas. Los otros factores que contribuyen al descenso.
El descenso en la tasa de natalidad fue un tema debatido en los últimos tiempos. Mientras el gobierno apunta solamente a los feminismos y a la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo, organizaciones de la sociedad civil se ocupan de analizar y problematizar esta baja que viene de hace tiempo y no es propio solamente de Argentina.
“Deseos reproductivos en la encrucijada. Motivaciones y barreras para decidir en un contexto de baja natalidad” es el título de la investigación realizada por el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) en Argentina junto con la consultora Voices!, que, basada en la primera encuesta nacional con intenciones reproductivas, aporta otra perspectiva sobre este fenómeno. No se trata solamente de que las personas decidan tener menos hijos, sino también de que muchas no encuentran las condiciones necesarias para concretar sus deseos reproductivos.
La tasa global de fecundidad tuvo una caída de 1,2 hijos por mujer, muy por debajo de los 2,1 necesarios para el reemplazo poblacional. En la encuesta se revela que la baja natalidad no responde solamente a una menor intención de tener hijos, sino también a obstáculos económicos, laborales y de cuidado.
La investigación que se presentó el miércoles 12 de agosto con la participación de Paula Narváez, directora regional de UNFPA para América Latina y el Caribe, muestra que el 57% de las personas de entre 18 y 45 años todavía no alcanzó la cantidad de hijos e hijas que desearía tener si no existieran limitaciones de ningún tipo.
“La caída de la natalidad no puede analizarse únicamente a partir de cuántos niños y niñas nacen. También debemos preguntarnos si las personas pueden decidir libremente si quieren tener hijos, cuántos y en qué momento. Los resultados muestran una distancia entre los proyectos reproductivos y las condiciones reales para concretarlos”, señaló Mariana Isasi, jefa de Oficina de UNFPA en Argentina. El desafío, señala el informe, no consiste en promover un determinado modelo de familia ni en inducir a las personas a tener más o menos hijos, sino en generar las condiciones necesarias para que puedan decidir de manera informada, autónoma y libre de desigualdades.
Un fenómeno de múltiples razones
Mariana Romero es directora ejecutiva del Centro de Estudios de Estado y Sociedad (Cedes). Explica que la baja en nacimientos ocurre hace tiempo pero que ahora se lo ve como un problema y, por lo tanto, es necesario contextualizar. “Las razones son múltiples. Si bien las personas, en el estudio, hablan de las dificultades económicas, las dificultades para sostener las estructuras de cuidado y la necesidad de la inserción en el mercado de trabajo para sostener a una familia. Lo concreto es que aún en países como Suecia, que no están atravesando una crisis económica como la de la Argentina, tienen las estructuras de cuidado, han dado incentivos económicos, y de todos modos la gente no está teniendo tantos hijos.”
Esto se debe a otros factores además del económico y la falta de acompañamiento del Estado. “Las mujeres accedemos al mercado de trabajo por necesidad y porque queremos. Y eso no nos hace ni más ni menos egoístas, nos hace partícipes de una ciudadanía que entendemos plena: estar en el mercado de trabajo, estudiar son avances sociales muy importantes. Quizá la pregunta para hacerse es cómo hacemos para que estos avances que reportan un montón a la sociedad tengan una carga en la distribución que sea más pareja.”
Otro de los factores tiene que ver con un modelo de cuidado centrado en las mujeres. “Cuidamos o se espera que cuidemos a la generación más joven y se espera que cuidemos a la generación más grande porque esa generación vive más. Y porque las mujeres que además están viviendo más, abandonaron ese rol tradicional de ‘a los nietos los crían las abuelas’. No, las abuelas están trabajando haciendo otras cosas son ciudadanas muy activas. Cómo hacer entonces para que esos ideales reproductivos que tenemos no estén tan condicionados por la coyuntura y nos ayuden a distribuir mejor las tareas de cuidado.” Y agrega, “pareciera que seguimos creyendo que los varones no se involucran en la crianza y sí se involucra más que antes. Que eso alcance o no es otra cosa. Me parece que hay que mirar todo eso.”
“Y también me parece que hay otros. Las generaciones más jóvenes están preocupadas por el medioambiente, porque las perspectivas de sostenimiento global son muy inciertas, porque de nuevo hay fenómenos bélicos y la amenaza de fenómenos bélicos todo el tiempo. También hay que preguntarse si esos factores no están influyendo en la expectativa, más allá de los resultados del estudio.”
Una cuestión global
Que el salario no alcance para cubrir las necesidades básicas o las necesidades que una persona tiene en la planificación de su vida se plantea como un motivo central, y eso, dice Romero, sí está relacionado con este momento.
“Casi el 100% de los países europeos está por debajo de la tasa de reemplazo que es la cantidad de hijos que tendría que tener una mujer para reemplazar a su generación”, detalla Romero. En el caso de América latina, el descenso sucede en el 75% de los países y son Uruguay y Chile los países con tasas más bajas.
“Se vive más no es que de repente vamos a dejar de existir si no que lo más probable es que la población no crezca. Ahí hay que mirar estos fenómenos demográficos en su complejidad y obviamente prestar atención a la coyuntura.”
El descenso de natalidad en edades tempranas
El descenso de la natalidad se detectó también gracias al trabajo de prevención con politicas como la ESI o como el Plan Enia que logró bajar significativamente el embarazo adolescente.
“Lo virtuoso de eso es que están postergando la maternidad y no es que no van a tener hijos. El resultado es que las adolescentes que están insertas en el sistema escolar logran completar la escolaridad y eso es una buena noticia. Argentina no solo bajó la fecundidad en general sino que además logró bajar la fecundidad en las adolescentes y en las niñas. Eso es una excelente noticia no solo porque una niña o un adolescente que se embaraza tiene más riesgos físicos, sino que además hay una serie de riesgos emocionales y sociales acompañando ese embarazo. Muchas veces porque es no intencional y otras porque el nacimiento en general corta trayectorias educativa y coarta las posibilidades de ingresar al mercado de trabajo o las dificulta.”
Los desafíos
El estudio de UNFPA y Voices! expresa que 2 de cada 10 mujeres de entre 18 y 24 años manifiestan que no desean tener hijos. También que el conocimiento de los métodos anticonceptivos alcanza al 92%. A su vez, el 22% de las personas manifestó que alguna vez no pudo utilizar el método de su elección y que casi 4 de cada 10 mujeres señalaron que atravesaron dificultades para decirle “no” a su pareja ante relaciones sexuales no deseadas.
Desde sectores más conservadores se responsabiliza directamente a la mujer por el descenso de la natalidad. “El trasfondo de todo esto es un ejercicio de ciudadanía, de autonomía, y eso moviliza, a distintos sectores, particularmente quienes son más conservadores y quienes cualquier ejercicio de voluntades y de libertades los sacude. La mirada sobre las mujeres es una mirada parcial, al mismo tiempo, en general la reproducción ocurre en el cuerpo de las mujeres. Eso plantea un escenario propicio para reflotar toda la discusión acerca de la preservación de la vida. Nuestro rol es cuestionar qué vidas y en qué condiciones. Cuando digo qué vidas no me refiero a algo selectivo, me refiero a las vida de las personas que estamos, que decidimos, que trabajamos, que contribuimos, que tenemos hijos. Y después en qué condiciones, porque ese discurso, si no está acompañado de cuestiones relativas a la dignidad, a la ciudadanía plena, a la posibilidad de la garantía de derecho, de vivienda digna, de educación, de salud, es un discurso que está vacío.”
Del estudio también se visualiza que las condiciones económicas y de cuidado explican el 62% de los casos en los que las personas tuvieron menos hijos de los deseados. En ese sentido, es fundamental ver qué rol tiene el estado en este tema.
“Con todos estos factores no estoy negando la coyuntura. El Estado tiene una responsabilidad que es indelegable de protección, de cuidado, de provisión de la salud, de la educación y de dar un marco para la discusión. Porque esta discusión sin decisiones políticas detrás puede ser fantástica, pero necesitamos implementarlas. Esta es una región donde el Estado ha jugado un rol en esas decisiones, no es una sociedad que haya promovido tradicionalmente valores individuales como estrategia de salida. Es una sociedad que cree firmemente en valores colectivos. Lo que creo es que no hay una posibilidad de encuentro para esa conversación.
(fuente: https://www.tiempoar.com.ar/)