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La generación cansada: trabajar, estudiar y aun así no llegar a fin de mes

Cada vez más jóvenes argentinos trabajan, estudian y realizan actividades extras para intentar sostener gastos básicos, pero aun así no logran llegar a fin de mes. El fenómeno, que atraviesa a estudiantes, trabajadores formales, freelancers y empleados de aplicaciones, comenzó a consolidarse como una de las principales expresiones de la crisis económica y social que atraviesa el país.

El deterioro salarial, la suba sostenida del costo de vida y la dificultad para acceder a un alquiler o sostener consumos cotidianos modificaron por completo la rutina de una generación que combina jornadas extensas de trabajo con cursadas, emprendimientos o changas para completar ingresos.

Fuentes consultadas por AIM señalaron que el pluriempleo dejó de ser una excepción y pasó a convertirse en una estrategia habitual de supervivencia económica. En muchos casos, jóvenes profesionales o estudiantes universitarios suman trabajos remotos, ventas online, servicios independientes o tareas vinculadas a plataformas digitales para complementar salarios que ya no alcanzan.

A la par, especialistas indicaron a AIM que crece el agotamiento físico y mental asociado a la sobrecarga laboral y a la sensación permanente de inestabilidad económica. La imposibilidad de ahorrar, planificar viajes, independizarse o proyectar a largo plazo genera frustración y desgaste emocional en amplios sectores de la población joven.

La situación se profundiza en un contexto de caída del empleo formal y expansión de modalidades laborales más precarias o informales. En distintos sectores económicos se registraron cierres de empresas, reducción de puestos de trabajo y retracción del consumo, impactando especialmente sobre pequeñas y medianas empresas y sobre empleos vinculados al comercio, servicios y construcción.

Supo AIM que muchos jóvenes atraviesan además una sensación de agotamiento constante, marcada por jornadas que comienzan temprano, terminan de noche y continúan incluso durante fines de semana. El descanso, el tiempo libre y las actividades recreativas comenzaron a convertirse en un lujo difícil de sostener para una parte importante de la población.

En paralelo, también cambió la manera de consumir y socializar. Salidas más cortas, reducción de gastos cotidianos, menor capacidad de ahorro y mayor dependencia de promociones o cuotas forman parte de hábitos que comenzaron a instalarse como respuesta a la crisis económica.

Indicaron a AIM especialistas en mercado laboral que uno de los fenómenos más preocupantes es que el trabajo dejó de garantizar estabilidad o progreso económico para gran parte de la población. Incluso personas con empleo registrado o formación profesional encuentran dificultades para sostener gastos básicos y mantener cierta previsibilidad financiera.

La combinación entre salarios deteriorados, inflación acumulada, aumento de servicios y precarización laboral comenzó a configurar el escenario de una generación atravesada por el cansancio, la incertidumbre y la necesidad permanente de producir más para sostener ingresos que cada vez rinden menos.

(fuente: https://www.aimdigital.com.ar/)