por Ana María González –
Hace tres años, mi hija me trajo un libro y me dijo:
-“Leélo, te va a gustar”.
Yo le pregunté
-“¿De que trata?”
Ella con sus 25 años me respondió:
-“Del poder de las mujeres cuando se conectan a la tierra”
Me encantó la tapa, donde una mujer parece una diosa india y me devoré el libro.
En el desarrollo se cuenta la historia de una chica de barrio del conurbano bonaerense, que vive sola con su hermano en un tiempo presente continuo, -sin proyectos ni ilusiones de cenicienta o de fama-, hay sordidez, como en la vida real y también solidaridad.
Los chicos abandonados por los padres por circunstancias distintas, sobreviven de changas, visten ropa sencilla, hablan y viven como la gente de la villa, resignados a la supervivencia. Abren la heladera y por lo general hay salchichas, hamburguesas y cerveza, en la alacena a veces galletas Paty, nada más.
Los jóvenes se pasan el tiempo libre en una especie de sopor, fumando, teniendo por lo general sexo ocasional, consumiendo alcohol, dándole duro a la cumbia.
Cometierra, la joven protagonista, tiene por azar o vaya saber qué bendición, el don de encontrar seres desaparecidos- que se despertó cuando perdió a su madre asesinada por el padre-.
Ella con sus visiones, es un salvavidas para desesperados, la busca la gente desahuciada por la policía, la política y la justicia, los que necesitan encontrar cuerpos de mujeres desaparecidas.
Para lograrlo la chica come tierra del fondo de su casa y tiene visiones, allí identifica lugares donde aparecen las mujeres buscadas.
Ella convive con ese don naturalmente, sin sobresaltos ni escándalos, sin la necesidad de montar un escenario sagrado y ver rituales de feligreses con obsequios haciendo cola como si fuera una santa, estrictamente le pasa eso y lo acepta.
Se hace de pareja con un joven policía, es raro en la villa pero él tiene los mismos problemas que ellos, (soledad, poca plata, desvalorización), la hermana desaparecida.
Se encarna entre ambos una relación amorosa estable, ella le ayuda a encontrar el cuerpo de su hermana, víctima de femicidio.
El poder de la tierra renace en ella como una flor silvestre, ella conecta con la fuerza y el dolor de todas las mujeres.
La Cometierra suele mirar por la ventana y contempla extasiada la maravilla de las pasionarias, también estas flores crecen entre enredaderas salvajes, son bellas, tienen estigmas de dolor y una cruz que protege.
(fuente: Muro de Facebook de Ana María Gonzalez)