La sífilis sigue creciendo de manera acelerada en la Argentina y con ella reaparecen viejas formas de interpretar la enfermedad: la culpa, el estigma y la vigilancia sobre las conductas individuales. Mientras se desarman políticas de prevención, educación sexual, testeo y provisión de preservativos, la historia muestra que la salud pública no es un lujo ni una cuestión moral: es una herramienta concreta para evitar que las enfermedades avancen.