Llegando a fin de año observamos que este 2021 fue un año de transición: luego de un 2020 signado por la pandemia, por las fuertes restricciones a la circulación, que derivó en una modificación total de las rutinas y los usos del tiempo, este año hubo un gran esfuerzo en retornar a las dinámicas previas de trabajo.
Por otro lado, hay una clara diferencia por género cuando observamos los patrones de las personas con hijos/as: se observa que las mujeres destinan más tiempo que los varones a: la limpieza del hogar (1,6 horas las mujeres, 1 hora los varones), al cuidado de hijos/as (4,8 horas las mujeres, 2,3 horas los varones), y al acompañamiento en sus tareas escolares (1,1 horas las mujeres, 0,6 horas los varones).
En total, las mujeres dedican a estas tareas de cuidado 7,5 horas diarias, frente a las 3,9 horas de los varones. La contraparte de esta desigual distribución del tiempo es que los varones duermen más que las mujeres (6,9 horas, contra 5,6), dedican más tiempo al trabajo remunerado (7,7 horas frente a 5,4), y pueden destinar más tiempo al ocio (1,7 frente a 1,2).
Es interesante que además se les consultó a las personas sobre la percepción que tienen en relación a la distribución de las tareas: mientras que el 45% de los varones siente que esas tareas se reparten por igual con la familia, solo el 25% de las mujeres siente lo mismo. Esto nos da una pista de que la naturalización en relación de división de las tareas según género aún sigue vigente, y aún queda un largo camino por recorrer.
Desde Grow aconsejamos a las organizaciones asumir su responsabilidad en la deconstrucción de los estereotipos vinculados al cuidado, y generar a su vez, políticas y programas que promuevan la corresponsabilidad en el cuidado, con el fin de lograr sociedades más justas. Esto implica, entre otras acciones posibles, otorgar licencias de paternidad extendidas, promover el derecho a la desconexión y generar conversaciones que deconstruyan modelos de masculinidades que no sostienen al cuidado como prioridad.
Fuente: Ámbito