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Urbanidad y comunidad

Por Juan Martín Garay (*)    –   

Construir comunidad implica hablar de principios humanos de integración, la comunidad anhela la paz social y el bien común, en cambio la urbanidad se vincula con el concepto de sociedad que se apoya en una ideología del orden puramente. Se entiende que nadie puede realizarse en una comunidad que no se realiza, así como que nadie puede convivir en una sociedad que no se ordena.

Hablar de urbanidad implica ser respetuosos de nuestros semejantes pero teniendo presente para ello que existe en la vida en sociedad un marco normativo preestablecido que se encuentra conformado por todo un conjunto de normas escritas (que también incluye a la costumbre que rige de cierta manera y a los “buenos modales”) que fueron ideados con el único fin de querer convivir sanamente; nada mal por cierto.

Por otra parte comunidad es pensar en los demás, anteponiendo a las propias necesidades aquellas que tiene la mayoría. Esto se conjuga con el altruismo, procurando el bienestar general en forma desinteresada aún a costa del propio interés. Aunque esto parezcan renuncias personales, en realidad son ganancias para el conjunto y más aún cuando lo es con un marco de inclusión en cuestiones puramente comunes para todos, partiendo con “el otro”, es decir desde el compartir.

Contrato o altruismo

La urbanidad se relaciona con una visión contractualista de la sociedad, algo que se materializa con un acuerdo de voluntades, en cambio la comunidad lo hace desde la concepción altruista del compartir, cuyo “interés sin interés” es priorizar un objetivo superior y del conjunto por sobre el beneficio personal. Si bien ambos se relacionan por ser evidenciados en las diferentes formas que adoptan las sociedades o comunidades para desarrollarse, en realidad son formas un poco distintas una de la otra.

El problema mayor lo encontramos cuando para la visión contractualista de sociedad o para la construcción altruista de comunidad se privilegian los conflictos, es entonces que se generan acciones que dañan la unidad y con ello se truncan las buenas intenciones de avanzar sobre el abordaje de aquellos problemas que realmente le importan a la gente. Nadie quiere vivir mal y todos quieren vivir mejor, es algo humano, hasta necesario. Pero con conflicto no hay orden ni construcción de comunidad y como menciona el dicho popular “a río revuelto, ganancia de pescadores”. Esto dado así, genera una crisis tal que en realidad no es otra cosa que sufrir las consecuencias de poner trabas a las distintas capacidades u opciones de las personas y con ello sus esperanzas depositadas en el futuro, y ahí se complica todo un poco más porque sin esperanza claramente no hay futuro.

La ironía del destino común es que parece ser que estamos en un permanente estado de construcción de Nación, un estilo de país “keynesiano”, no por lo económico sino por la concepción de esta teoría pero aplicada a la República, que cuando todo indicaría que se termina de construir, se vuelve (o la vuelven) a destruir y acto seguido aparece un nuevo emergente para otra vez empezar a reconstruirla. Ya sea que se quiera construir sociedad o comunidad, la historia parece que se repite una y otra vez “primero como tragedia, luego como farsa” (haciendo una analogía del “18 Brumario de Luis Bonaparte”).

Diversidad reconciliada

El potencial de nuestra Nación está representado en una gran riqueza que no se basa en los recursos naturales o minerales, sino en el verdadero ser nacional que lo conforma su gente, una riqueza que surge de las propias relaciones con nuestros entornos naturales y fundamentalmente con nuestros semejantes.

Esto permite razonar que si se quisiera, se podría trabajar realmente a largo plazo sin que surja la tentación de querer resultados inmediatos. Por eso, como expresa Francisco “debemos preocuparnos realmente por que se generen procesos que construyan pueblo, más que por obtener resultados inmediatos que producen un rédito político fácil, rápido y efímero, pero que no construyen la plenitud humana”.

Ante los tiempos complejos que vivimos, pensemos en que es posible reconciliarnos en la diversidad y avancemos juntos en los procesos dinámicos que son necesarios para que, más allá de las aspiraciones de quienes quieran una urbanidad o una comunidad, emerjamos luego del temporal que nos aqueja en una “diversidad reconciliada” en el marco del diálogo y el encuentro.

(*) Secretario de Gobierno de la Municipalidad de Concepción del Uruguay desde el 2019. Presidente de Bloque Concejales del PJ 2017-2019. Presidente Comisión Hacienda y Presupuesto 2015-2019. Decano del Colegio Mayor Universitario de Santa Fe 2003-2004.

(fuente: Diario La Calle)

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