Por Ángel Harman. –
Algunos años después de que Tomás de Rocamora fundara la villa, fueron bautizados unos 41 individuos –recién nacidos, párvulos, adolescentes y adultos- de origen charrúa y unos pocos identificados como minuanos.
En nuestra investigación realizada en el Archivo Parroquial de la Inmaculada Concepción, el registro de charrúas y minuanos bautizados en dicha parroquia, comienza en 1794 y concluye en 1821.
El hecho de que entre los bautizados hubiera individuos que figuran como “hijo de charrúas infieles”, “traído de la gentilidad” o “habido de la infidelidad”, significa que sus familiares permanecían en alguna parte llevando la forma de vida ancestral. En el caso de quien figura como “recién nacido” significa que la madre -al menos- estaba en las proximidades de la villa. En tal caso, ¿ella y su familia estaban asentados en el lugar denominado “la toldería” o “el cerrito”? Esto según una tradición que recogió Lorenza Mallea, quien escribió:
“Es posible que cuando Don Tomás de Rocamora llegara a estas regiones como fundador de pueblos ya se encontraran afincados en los lugares llamados San Felipe y El Cerrito, cercanos al arroyo de La China, los indios que componían una tribu conocida como por “la toldería”, que subsistió hasta mediados del siglo XIX, más o menos 1858, según tradiciones familiares”. [De Lorenza Mallea y Coty Calivari, “Las Mallas del Viaje”, 1982]
Hasta el presente, sólo contamos con las escasas referencias mencionadas y con lo podría ser una tradición oral. Y esto resulta insuficiente para develar el destino de una etnia que había sido dada por extinguida hacia mediados del siglo XVIII. Quizás con nuevas investigaciones y el hallazgo de documentación confiable podamos responder a los interrogantes que nos hacemos desde hace mucho tiempo.
A. H.
Esta nota fue publicada por la revista La Ciudad el 25/9/2022