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Tan frágiles de memoria

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Por Sara Liponezky.     –

El 29 de septiembre de 2022 se estrenó en nuestro país la película “Argentina 1985”. Uno días s después estuvo disponible en la plataforma Amazon Prime. Sin subestimar algunos antecedentes que abordaron temas vinculados con la última dictadura cívico miliar, la obra tuvo un impacto fenomenal.
Para quienes vivimos aquella etapa, fue un disparador de emociones, recuerdos y dolores perdurables. Y aun con los debates que abrió sobre su rigor histórico, fue un testimonio contundente de aquel proceso devastador. Esa reacción era previsible. Pero lo más interesante y llamativo fue la afluencia masiva y entusiasta de adolescentes y jóvenes nacidos en democracia.

Compatriotas muy distantes de nuestras vivencias, que tienen naturalizado ese sistema de convivencia y gobierno. Para ellas y ellos no se trata de un valor a alcanzar y creo que tampoco el relato adulto contribuyo a que lo piensen. Hemos sido más enfáticos siempre en la visibililzacion del costo humano (tremendo y necesario destacar) que en el proceso histórico desencadenante. Dato muy relevante para identificar a las fuerzas políticas que tensionaron como el brutal despojo de nuestro patrimonio nacional que provocaron. . En todo caso, siendo muy legitimas la intención y el contenido de aquella predica, los mensajes reiterados y la renovada liturgia cada 24 de marzo, no alcanzaron a conmover – mucho menos involucrar- a las generaciones más jóvenes. En ese sentido la película tuvo una potencialidad formidable: la evidencia de los hechos a través de imágenes y testimonios descarnadamente reales. Un equilibrio de situaciones que se permitió hasta el humor en la tragedia y un desempeño actoral imponente.

Al decir de su guionista. Mariano Linas “No ofrece conclusiones ni verdades. En el mejor de los casos, hará pensar”, Y agrega:” …hay algo en la proyección de esta película y de la manera en que se relaciona con la sociedad, que para mí es nueva.

Claramente …ha trascendido el territorio de lo estrictamente cinematográfico” En la misma línea de pensamiento, esa adhesión del publico nos generó expectativas, quizás exageradas. Creímos que habiendo calado tan hondo, en la impresión y el sentimiento, podría despertar conciencias. Pero vivimos en un vértigo, un existencialismo feroz (sin pasado ni futuro) una volatilidad sin valores, parece que nada de lo ocurrido ayer tiene sentido hoy y la memoria colectiva es una pieza de museo Poco más de un año después, esa misma franja etaria opto mayoritariamente por una propuesta que niega todo lo expresado en la película y cuestiona la culpabilidad de los genocidas.

Es una observación sin condena, casi una interpelación a nuestra responsabilidad adulta, porque somos portadores de una historia y una Causa que exige vigencia. Quizás en los ámbitos educativos como en todas las políticas públicas sobre sustentabilidad democrática, equidad y derechos humanos, haya que apelar a nuevas estrategias de comunicación. Consultar otros efectores capaces de reencarnar y traer al presente con nitidez sin agobio, aquella página oscura de nuestro pasado. No es una abstracción, podemos señalar también en ese contexto, las “nuevas expresiones” que hoy encarnan las mismas ideas e intereses que forjaron el 24 de marzo de 1976.
También es cierto que los pueblos aspiran a avanzar “livianos de equipaje” no es alentador cargar mochilas eternamente. Pero si pretendemos fortalecer lo conquistado, recuperar nuestra identidad soberana y construir con firmeza hacia el futuro (sin repetir desaciertos) será necesario saber de dónde venimos y como estamos parados.