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SUCEDIÓ UN 28 DE MARZO DE 1814: COMBATE NAVAL DE ARROYO DE LA CHINA

combate del arroyo de la china 1

por Rodolfo Oscar Negri     –     

Antecedentes. 

A comienzos de 1814 se concentró el poder ejecutivo en el llamado Director Supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata, siendo electo Gervasio Antonio Posadas quien mantuvo el proyecto de la creación de una escuadra naval. La nueva escuadra estuvo lista con extraordinaria rapidez y fue puesta al mando de Guillermo Brown.

Por su parte, el 30 de enero de 1814 la Junta de Montevideo presidida por Gaspar Vigodet envió a Antonio Domingo Costa y al capitán de dragones Luis Larrobla para entrevistarse con Artigas y su segundo Fernando Otorgués respectivamente. Larrobla quedó en el campamento de Otorgués mientras Costa se dirigió a Belén para reunirse con Artigas. Las expectativas de Montevideo se centraban en el lugarteniente del caudillo: «Halagó las expectativas de la multitud el paso de Larrobla, pues se tenía confianza en la docilidad de Otorgués para convenir un arreglo». Los comisionados regresaron a Montevideo en el falucho Fama el 9 de marzo. Artigas había recibido con recelo a Costa pero Otorgués dio alas a las esperanzas de la ciudad sitiada e hizo a Larrobla manifestaciones de amistad expresando en un oficio dirigido al Cabildo: «Yo me interesaré cuanto soy para dar a esta obra su más perfecto equilibrio, pero toca a V.E. suministrar los materiales que han de llevarla a su última perfección.»

Ante el riesgo de perder el dominio de la estratégica isla Martín García, y con el objetivo de tener una base de ataque a Colonia del Sacramento, ocupada por los revolucionarios, a principios de 1814 Jacinto de Romarate fortificó la isla y estacionó una flota de 9 embarcaciones artilladas con piezas de 18 y 24. Alarmados por las noticias de la formación de la nueva flota porteña, se había también propuesto en Montevideo atacar en Buenos Aires antes de que estuviera en operaciones, pero la rapidez en su formación y puesta en batalla tornó inviable el plan.

El 6 de marzo habían arribado a Montevideo el Paloma y el Queche de la escuadra de Romarate con objeto de solicitar refuerzos de hombres y buques. A esos fines se dieron órdenes de alistar el Paraná, el Mercurio, el Invencible, el Cisne y el mercante Neptuno. Pero los preparativos no se terminarían a tiempo de auxiliar a Romarate.

Combate de Martín García, 10 y 15 de marzo

Entre el 10 y el 15 de marzo se produjo el Combate de Martín García. En la primera jornada las fuerzas navales al mando de Romarate se impusieron ante la varadura de la fragata Hércules que resultó tan severamente dañada que el comando realista consideró el triunfo como definitivo.

En efecto, en su parte del día 11 al Comandante del Apostadero de Montevideo, Miguel de la Sierra, juzgaba que dadas las pérdidas sufridas, apenas estuviera en condiciones la flota patriota pondría rumbo a Buenos Aires, por lo que solicitó a su comandancia, aparte de pólvora y munición de todos los calibres, urgentes refuerzos para aniquilarla antes de que se refugiaran en puerto, suponiendo ya estarían movilizadas las fuerzas de Montevideo:

«Si V.S. ha echado fuera de ese puerto, como creo, a la Mercurio, Paloma, queche Hiena y Cisne, y se hallan sobre Islas de Hornos o Valizas, son perdidas las fuerzas de Buenos Aires, y sino, será muy dolorosa su falta en esta ocasión tan crítica.» (Parte de Romarate).

No obstante, Brown reparó rápidamente su capitana y volvió al ataque realizando el día 15 un sorpresivo y exitoso desembarco que le permitió ocupar la isla. La escuadra realista, fondeada en el canal del Infierno, no pudiendo acudir en defensa de la guarnición de la isla, embarcó a los sobrevivientes y se retiró aguas arriba en espera de refuerzos, ya anteriormente solicitados con insistencia. El combate sería decisivo para definir la lucha en el frente oriental: tras la victoria en el Combate de Martín García y la recuperación de la isla, se cerró a los realistas el acceso al litoral del Río de la Plata y de los ríos Uruguay y Paraná, posibilitando a los patriotas cerrar el cerco sobre Montevideo y hacer finalmente capitular la plaza.

Río Uruguay, 16 al 28 de marzo

Mientras tanto Romarate seguía al norte hasta Soriano donde desembarcó el Alférez del Regimiento del Fijo José Benito de Azcuénaga como parlamentario solicitando de las fuerzas que obedecían a Artigas auxilios y víveres: «Habiendo llegado en retirada nuestra escuadrilla a Soriano, desembarcó Azcuénaga bajo parlamente, solicitando de los artiguistas auxilio de víveres. El jefe de aquel punto se excusó de hacerlo ostensiblemente por temor de las partidas argentinas que por allí andaban; pero con reserva les franqueó carne y verduras en abundancia.»

Continuó a Landa desde donde el 21 de marzo envió al falucho Sebeiro a Montevideo con noticias de su situación y desembarcó la gente que había recogido en Martín García. En Landa fue amablemente acogido por las autoridades al extremo de pasar el comandante militar del puesto a bordo para comer con Romarate, manifestando proceder de acuerdo a las instrucciones del coronel Fernando Otorgués, segundo de José Gervasio Artigas.

La escuadra continuó al norte, llegando a la boca del Arroyo de la China en las proximidades de Concepción del Uruguay en la mañana del 28. Río arriba ya no era factible continuar mientras que por otra parte contaba con la protección de Otorgués y la entrada del Arroyo de la China que facilitaba la defensa de la posición. «Romarate había trabado relaciones amistosas con Otorgués, y este le servía tanto para proporcionarle víveres, como para conducir sus comunicaciones a la Plaza de Montevideo, y a él las que de esta se le dirigían.»

Combate del Arroyo de la China, 28 de marzo

Al mediodía un cañonazo del Belén dio la primera advertencia y Romarate que se hallaba en tierra recibió el aviso de que muy cerca de sus buques «por encima de las Islas se veían cinco velas al parecer enemigas navegando a vuelta de la división«. Romarate volvió a la formación y vio que el comandante del Belén había ya dispuesto la línea acoderados a la misma boca del arroyo, amarrados los buques al bosque.

Fuerzas intervinientes

La escuadra realista, sin mayores cambios de la que actuó en Martín García, estaba compuesta por los bergantines Belén (capitana), al mando del teniente de fragata Ignacio Reguera, Nuestra Señora de AránzazuGálvez, comandado por el teniente de fragata Pascual de Cañizo, las balandras Americana (alférez de fragata Ignacio Flores) y Murciana, las cañoneras PerlaLima (José Ignacio de Sierra) y San Ramón y el lanchón Luisa, a los que se sumaron cuatro embarcaciones menores de apoyo.

La fuerza patriota estaba compuesta de la sumaca Santísima Trinidad al mando del comandante de la expedición el capitán Tomás Nother, la goleta Fortuna, al mando del subteniente Pablo Zufriategui, la balandra Nuestra Señora del Carmen, alias Sapo (Brown la llamaba la cañonera o «balandra del griego»), comandada por el subteniente Pedro Samuel Spiro, la cañonera América o Americana, al mando del subteniente Francisco José Seguí y los faluchos San Luis (sargento mayor John Handel), y San Martín (subteniente Santiago Hernández).

En total, la escuadra realista consistía en una división de 9 buques de guerra portando 731 toneladas, 30 cañones en su mayor parte pesados (5×18, 18×12, 7×6) y 353 hombres aproximadamente, acoderada en fuerte línea defensiva (y por ende con las mejores condiciones de precisión y sin las dificultades inherentes a maniobrar bajo fuego y con escaso calado), con apoyo de tierra y un excelente comando superior.

Al frente, la escuadra patriota de 6 navíos, portando 432 toneladas, 28 cañones en su mayoría ligeros (2×24, 2×18, 2×8, 11×6 y 11×4) y 264 hombres, avanzando a la vela, sin viento a favor y con escaso calado, sin inteligencia previa y con un comando sin experiencia en el mando de una división en batalla.

La disparidad era tan grande que la única explicación del impetuoso asalto de Nother puede buscarse, dejando de lado cuestiones de carácter del comandante, en la suposición de que Romarate carecería de pólvora y se vería precisado a rendirse. El mismo comandante realista comenta en su parte «han tenido la osadía de atacarme en este punto, sin duda porque me creían absolutamente sin municiones para defenderme».

El combate

Romarate se incorporó a su escuadra a tiempo. Con brisa del sur y a la vela la escuadra patriota se lanzó sobre la línea realista con la cañonera América en vanguardia, que fue la primera en abrir fuego, generalizándose pronto el combate a quemarropa por lo que como el mismo comandante realista reconocía los cañones de 18 «jugaban con la mayor ventaja y velocidad», amén de la mayor precisión, consecuencia de operar la flota asaltante a vela mientras la realista hacía fuego acoderada.

Tal como relata Seguí, «el combate fue sostenido por la Trinidad, la Carmen, el América y los dos faluchos, porque la Fortuna se separó de la acción aguas arriba». La Fortuna era la segunda nave de la escuadrilla, por lo que los patriotas perdían así diez cañones, más de un tercio de su ya escasa potencia de fuego.

En el intercambio de fuego las bajas patriotas fueron numerosas, el comandante Nother entre las primeras, quien murió con el costado atravesado por una metralla de 4 onzas. Habiendo muerto también el teniente David Smith, el segundo de la Trinidad, se hizo cargo del comando Bartolomé Ceretti hasta que siendo herido lo asumió el subteniente Nicolás Jorge.

Tras más de tres horas de fuego, al virar por redondo, la Carmen quedó varada y a merced del fuego enemigo. La América y la Trinidad, ya casi sin arboladura, se ubicaron para impedir que el enemigo la abordara con sus lanchas. En ese momento, Seguí relata que «prontos ya para mandarles los botes a auxiliarla de la varadura vimos con asombro volar el buque en fragmentos».

Romarate relata en su parte que «El fuego duró hasta las 15:30 en que la balandra llamada del Sapo por un cañonazo de a 18 del Belén voló y desapareció en el humo».

El combate continuó «como si nada hubiese sucedido», hasta que a las 18 horas la Trinidad, que ya era un casco sin aparejos y el América que también había sufrido graves destrozos, se retiraron río arriba seguidos de los faluchos.

Pedro Samuel Spiro

Durante la lucha el Teniente Pedro Samuel Spiro, comandante de la balandra «Carmen», que había varado, hizo explotar su nave para que no cayese en poder del enemigo y se inmoló en esa acción.

Spiro hizo bajar a toda la tripulación y él mismo detonó la Santa Barbara. Un acto valiente como pocos, realizado por un héroe.

Martín Jacobo Thompson diría de él que:«De los extranjeros que han estado a sueldo del estado, Pedro Samuel Espiro es de los que más se han distinguido. La toma del falucho de guerra San Martín sobre Islas de Hornos al abordaje con el bote N°2 con pérdida de trece hombres y el oficial Bañuelos comandante de dicho falucho, eternamente le harán honor: él estuvo al costado de la Hércules haciendo fuego todo el tiempo que este buques estuvo varado en el canal de Martín García, sufriendo el fuego de los enemigos, él finalmente subió el río en conformidad de las órdenes para un segundo ataque con los enemigos, que tuvo lugar delante del Arroyo de la China, donde murió.»

Algunos ven como anecdótico o curioso el origen griego de Pedro Samuel Spiro y su inmolación. Para quienes somos amantes de la historia griega y estudiosos de los hombres que, desde allí, iluminaron el pensamiento durante siglos, no. ¿Por qué? Porque no hizo mas que hacer honor a la historia de los héroes que se pintan en aquellas historias y que vivían y luchaban buscando una muerte gloriosa y a través de ella la inmortalidad. El comandante Spiro, haciendo honor a esa tradición, una vez mas lo demostró.

placa del combate del arroyo de la china

(fuente: Archivo Entre Rios – Wikipedia)

(este artículo fue publicado originalmente en La Ciudad el 28/3/18)