Por Sara Liponezky. –
Luego de agradecer al pueblo y a los trabajadores en particular, exaltando como siempre el liderazgo del General Perón dice Evita:“…todos estos años de mi vida he dedicado las noches y los días a atender a los humildes de la patria sin importarme ni los días ni las noches ni los sacrificios y mientras ellos, los entreguistas, los mediocres y los cobardes, de noche tramaban la intriga y la infamia del día siguiente, yo una humilde mujer, no pensaba en nada ni en nadie sino en los dolores que tenía que mitigar y consolar…Yo no renuncio a mi puesto de lucha, renuncio a los honores. . .
Compañeros, ¿ustedes creen que si el puesto de vicepresidenta fuera una carga y si yo fuera una solución no habría ya contestado que sí? Es que, estando el general Perón en el gobierno, el puesto de vicepresidenta no es más que un honor y yo aspiro solamente al honor de estar en el corazón de mí patria.”
por el cariño que nos une, yo les pido, por favor, no me hagan hacer lo que no quiero hacer… […] “
Ocho días después, el 31 de agosto por mensaje radial Evita informa a la población su decisión de no aceptar. Toda la secuencia y su desenlace conmueven . Ese dialogo tan directo con los trabajadores en una situación difícil, su palabra genuina y sin eufemismos, propio de un vínculo sólidamente construido a partir de realizaciones muy concretas y sentidas. Con una consigna irrenunciable: actuar para el bien común, practicar la Justicia social, rompiendo todas las barreras sin investidura ni cargos. Con la certeza de no necesitarlos.Al correo del tiempo, su renunciamiento cobra una dimensión excepcional, aunque los eternos exegetas y las interpretaciones posteriores le asignen diferentes razones. En todo caso, cualquiera de las hipótesis tejidas, si lo hizo para evitar conflictos que impactarían al interior del gobierno (a pedido de Perón) o por su estado de salud, confirman su compromiso prioritario con la Causa. Algo que hoy nos golpea como interpelación. Cuando predomina la exhibición de candidaturas antes que la construcción de legitimidad, los nombres antes que un proyecto colectivo. Resulta imperioso oxigenar la política, recrearla y nutrirla de representación social. Hacernos cargo de aquel legado poderoso que nos moviliza siempre y cada 31 de agosto.