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“Renuncio a los honores, pero no a la lucha”

Por Sara Liponezky.         –

En la génesis de los Movimientos nacionales existen hechos, personas e ideas portadoras de una potencialidad que hace perdurable su esencia. Con su carga mítica, épica y emocional, aunque los procesos históricos marquen mutaciones Es lo que expresa la presidenta de Méjico con sus apelaciones permanentes a la historia patria, a sus elementos identitarios, a las mujeres y hombres icónicos de ese maravilloso país. Aun cuando MORENA – su partido- sea una construcción política relativamente nueva. Y en Argentina podemos decir que persiste en el Peronismo, a pesar de las defecciones, zigzagueos, manipulaciones o interpretaciones extrañas, una liturgia que reaviva emociones e ideas (atemporales) cada vez que recordamos la gesta y sus protagonistas. Precisamente el 31 de agosto es una hecha significativa.
En aquel mes de 1951, el día el 22 la CGT organizo un formidable y multitudinario acto para transmitirle a Eva Perón lo que ya era un clamor popular y un secreto a voces. Nadie – hombre ni mujer- ostentaba mayor legitimidad social para acompañar a Perón en un nuevo periodo presidencial. Y por eso allí hicieron su propuesta: la candidatura a vicepresidenta. Evitar lo sabía, como también que entonces no daría su respuesta. Si bien las crónicas sobre su vida y su quehacer destacan el mensaje radial del día 31 de agosto con su renunciamiento explicito, vale traer a la memoria algunos párrafos expresados ante aquella entusiasta, nutrida y resistente convocatoria. Las imágenes y audios registrados denotan su emoción y a la vez su inquietud ante una demanda tan contundente como de compleja resolución.
Luego de agradecer al pueblo y a los trabajadores en particular, exaltando como siempre el liderazgo del General Perón dice Evita:“…todos estos años de mi vida he dedicado las noches y los días a atender a los humildes de la patria sin importarme ni los días ni las noches ni los sacrificios y mientras ellos, los entreguistas, los mediocres y los cobardes, de noche tramaban la intriga y la infamia del día siguiente, yo una humilde mujer, no pensaba en nada ni en nadie sino en los dolores que tenía que mitigar y consolar…Yo no renuncio a mi puesto de lucha, renuncio a los honores. . .
Compañeros, ¿ustedes creen que si el puesto de vicepresidenta fuera una carga y si yo fuera una solución no habría ya contestado que sí? Es que, estando el general Perón en el gobierno, el puesto de vicepresidenta no es más que un honor y yo aspiro solamente al honor de estar en el corazón de mí patria.”
“… se lanzó por el mundo el que Evita era una mujer egoísta y ambiciosa, ustedes saben que no es así. Pero ustedes también saben que todo lo que hice no lo hice nunca para tener una posición política en mi país…y yo no quiero que mañana, un trabajador de mi patria se quede sin argumentos, cuando los resentidos, los mediocres, que no me comprendieron ni me comprenden, creyendo que todo lo que hago lo hago por intereses mezquinos.
por el cariño que nos une, yo les pido, por favor, no me hagan hacer lo que no quiero hacer… […] “

Ocho días después, el 31 de agosto por mensaje radial Evita informa a la población su decisión de no aceptar. Toda la secuencia y su desenlace conmueven . Ese dialogo tan directo con los trabajadores en una situación difícil, su palabra genuina y sin eufemismos, propio de un vínculo sólidamente construido a partir de realizaciones muy concretas y sentidas. Con una consigna irrenunciable: actuar para el bien común, practicar la Justicia social, rompiendo todas las barreras sin investidura ni cargos. Con la certeza de no necesitarlos.Al correo del tiempo, su renunciamiento cobra una dimensión excepcional, aunque los eternos exegetas y las interpretaciones posteriores le asignen diferentes razones. En todo caso, cualquiera de las hipótesis tejidas, si lo hizo para evitar conflictos que impactarían al interior del gobierno (a pedido de Perón) o por su estado de salud, confirman su compromiso prioritario con la Causa. Algo que hoy nos golpea como interpelación. Cuando predomina la exhibición de candidaturas antes que la construcción de legitimidad, los nombres antes que un proyecto colectivo. Resulta imperioso oxigenar la política, recrearla y nutrirla de representación social. Hacernos cargo de aquel legado poderoso que nos moviliza siempre y cada 31 de agosto.

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