La actividad industrial sufrió una caída del 5% mensual en julio, la más fuerte en 16 meses y la segunda más abultada de la serie histórica, sin contar el parate pandémico. La baja del mercado interno con más importación, claves.
La actividad industrial se derrumbó un 5% mensual desestacionalizado en julio, la segunda peor caída en toda la serie histórica, sin contar el inicio de la pandemia. La clave volvió a ser la escasa tracción del mercado interno, tanto desde el consumo como desde los otros sectores de la economía, con la construcción a la cabeza, que se desplomó un 4,6% mensual en julio. Eso, en un contexto de más competencia importada. La industria consolidó una dinámica con forma de serrucho y notoria tendencia a la baja: en lo que va del año, es decir comparando contra diciembre, cayó un 3,4% respecto a diciembre y ya perdió 9,1% desde la llegada del Gobierno.
Si algo convierte a la industria en un sector clave para la economía local es su incidencia en el empleo de calidad. De hecho, siendo detrás del comercio el segundo sector con más incidencia sobre el total, representó el 18,1% de los puestos de trabajo asalariados registrados del sector privado en mayo, último dato disponible. De ahí que también su mal desempeño impacte negativamente sobre la propia actividad, por su efecto negativo sobre la masa salarial y el consumo interno.
En la fuerte caída que sufrió la actividad industrial durante julio fue clave, justamente, la demanda interna, con el consumo en primer lugar, aunque también con impacto desde la menor tracción de la construcción, un sector que no para de caer y del que diversas fábricas son proveedoras. Lo mostró el informe del Índice de Producción Industrial Manufacturera (IPI) del Indec, que, además de registrar una contracción del 5% mensual y otra del 4,9% interanual, dio detalles en esa dirección.
Se vio en el ejemplo del sector prendas de vestir, cuero y calzado, que cayó un 15,9% interanual, debido a que «los fabricantes nacionales enfrentan una menor demanda interna de sus productos», lo que se dio en conjunto con «una mayor competencia de productos importados», tal como detalló el IPI del Indec. Los vehículos automotores, por su parte, cayeron un 5,4% interanual, lo que estuvo explicado, según datos que el Indec obtuvo de Adefa, por «una disminución interanual de 48,8% en las ventas a concesionarios de automóviles y utilitarios nacionales», en contraste con una mejora del 28,3% en la exportación, especialmente a Brasil.
Los ejemplos siguen. Los alimentos y bebidas mostraron una caída del 0,5% anual, en parte explicada por la baja de despachos de vino al mercado interno del 1,4%, aunque ahí también se registró una contracción de las exportaciones. Además, los productos minerales no metálicos sufrieron una baja del 12,6% interanual, en buena parte influenciada por la menor demanda desde la construcción. Los productos de arcilla y cerámica no refractaria, por caso, cedieron 41,3% por el menor nivel de elaboración de ladrillos; el cemento cayó 6,9% anual por el menor consumo interno de cemento portland, que cayó 8,1% anual; y los artículos de cemento y de yeso cayeron 6,1% anual por una menor demanda interna de hormigón elaborado.
La consultora I+D, del ex director de la UIA, Diego Coatz, sintetizó: «Los datos confirman el estancamiento estructural con tendencia a la baja del sector industrial desde hace más de un año. La economía sigue mostrando un ‘serrucho’ que no se transforma en recuperación sino que sigue con tendencia a la baja». Desde LCG redoblaron: «No vemos drivers que empujen la recuperación. En el caso de la industria, los crecientes ratios de mora del sector, la demanda interna deprimida, la competencia de las importaciones y la inflación en dólares son todas cuestiones que actúan como lastres».
La construcción no encuentra piso
La actividad de la construcción siguió consolidando su dinámica a la baja en julio y continuó mostrándose como uno de los grandes sectores perdedores del modelo económico enfocado en exportaciones primarias. La baja fue del 4,6% mensual desestacionalizado y del 4,5% interanual. Eso implicó que, en comparación con los niveles de fines del año pasado, ya redondeó una contracción del 3,6%. En cambio, desde la llegada del Gobierno, ya acumuló un derrumbe del 24,4%. Para los empresarios del sector la principal explicación del mal desempeño es la baja de la actividad económica. La de julio fue la segunda baja consecutiva y, en lo que va del año, hubo caída en cinco de siete meses.
En ese sentido, desde la consultora LCG remarcaron: «Las expectativas de mayores obras están bastante acotadas y el programa de préstamos hipotecarios a UVA +7% que recientemente ofreció el Gobierno no moverán la aguja. En este escenario de baja actividad, se incrementó a 75% (desde 71%) el porcentaje de empresas constructoras que esperan un estancamiento de las obras en el sector privado para los próximos meses. La principal causa a la caída sectorial que ven los empresarios encuestados es la baja de la actividad económica (33%) seguido de los altos costos de la construcción (24%)».
(fuente: https://www.baenegocios.com/)