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La Marina alemana designa a párroco uruguayense

El sacerdote Diego Elola navega a bordo de navíos de la Unidad de Regimientos de la Armada de Alemania. Oriundo de esta ciudad y ordenando en 2017, fue nombrado capellán castrense en el país europeo donde reside desde 2010.

El sacerdote entrerriano Diego Elola fue designado párroco castrense de la Marina alemana. Nacido en Concepción del Uruguay, se formó en el Seminario María Madre de la Iglesia, de Gualeguaychú y fue ordenado el 30 de noviembre de 2007 en la Basílica Inmaculada Concepción por el entonces obispo del sur entrerriano, monseñor Jorge Lozano.

Según se destacó desde Entre Ríos Ahora, desde 2010, ejerce el sacerdocio en la Arquidiócesis de Friburgo de Brisgovia, en el suroeste alemán, en la sede parroquial y diocesana ubicada en Mannheim, unos 70 kilómetros al sur de Frankfurt. El propio Elola se encargó de dar la novedad de su nuevo destino a través de un video que distribuyó el Obispado de Gualeguaychú. “En este momento, y desde marzo, como párroco de la Marina de Alemania. Esto es un proyecto muy ambicioso y tengo que estar muy agradecido a monseñor (Héctor) Zordán, el nuevo obispo de la Diócesis de Gualeguaychú, que me ha acompañado con su autorización para poder acompañar estos barcos tremendamente grandes, que surcan los mares del norte, Mar Mediterráneo, las costas de África, en las diferentes maniobras que el Gobierno alemán, a través de la Marina acompaña aquí, en Europa”, explicó. Luego, se explayó sobre su tarea pastoral. “¿Cuál va a ser mi tarea? Acompañar a los soldados varios meses en el mar desde la vida sacramental. También aprender junto a ellos todo tipo de maniobras militares y un montón de cosas más que comprenden a la Marina”, se explayó. En 2013, cuando Jorge Bergoglio fue convertido en papa Francisco, Elola viajó desde Alemania a Roma para asistir a la primera misa del Pontífice.

El texto que sigue fue publicado originalmente en El Diario, de Paraná, y escrito por el uruguayense Elola: “Son las 3:15 en Roma y no puedo ya pegar un ojo. He llegado a medianoche. Se comenta que la plaza San Pedro estará desbordada y yo tengo en la mente la caótica y hermosa experiencia de la ya vivida beatificación de Juan Pablo II, cuando estuvo colapsada por casi dos millones de personas. No quería vivir lo mismo para poder llegar a la Plaza, así que me di una ducha y salí apurado hacia San Pedro. Como era un viaje relámpago de dos días no había llevado mi mate, así que estaba desesperado. Encima, a esa hora ni los cafés habían abierto. Me esperaba Mariano Etcheverry, que vive en la misma ciudad de Alemania que yo (Mannheim) y con quien viajamos juntos hasta Roma.

“Caminando hacia San Pedro al inicio de la Vía de la Conciliación, vi, imponente, una gran tribuna repleta de cámaras y micrófonos, aunque a esa hora no andaba demasiada gente. El acceso a la Plaza ya estaba cortado a la altura de la Embajada de Argentina, que está sobre esta vía, a mitad de camino, y allí ya desde tan temprano ondeaban banderas argentinas, y ponchos salteños, una gran bandera de San Lorenzo con la imagen del Papa y se escuchaba el característico acento argentino. “Mi amigo Mariano dormitaba con su mochila, así que lo desperté y comenzamos a charlar mientras esperábamos la hora de apertura, a las 6:30.

A las 6:00 ya empezaba a llegar gente de modo masivo y éramos aplastados por monjas y laicos que buscaban estar bien cerca de la entrada, y todos tan impacientes que, de pronto, se vino al piso un vallado, y todos salimos corriendo. Yo, con mi mástil, en el que había colgado dos banderas: la argentina y la alemana. Junto con Mariano emprendimos nuestra divertida maratón en dirección a San Pedro. Nos frenaron a todos en la entrada de la Plaza. Ya alumbraba el sol y el ánimo no podía ser mejor: la gente cantaba, se abrazaba, hacía bromas y repartían la estampa oficial del Vaticano del Santo Padre.

A las 7:30 la Plaza estaba casi llena. Pasadas las 8:00, suenan trompetas y en eso aparece el Papamóvil y la blanca figura de Francisco: la Plaza estalla en aplausos y agitación de banderas. Francisco baja y camina entre la gente. En mi interior se arremolinaban pensamientos y emociones. Soy consciente de la capacidad del Papa para generar cambios y, como argentino, sé que es un gran llamado de Dios para todos nosotros a encaminarnos hacia la santidad como pueblo. La misa comenzó puntualmente con la bajada de Francisco a la tumba de San Pedro. Nos emocionaron mucho las palabras durante la homilía sobre el servicio y la nueva simplicidad en la liturgia vaticana. Al finalizar la ceremonia, nos quedamos con Mariano saludando gente en la plaza que empezaba a descongestionarse y dando notas a diferentes medios internacionales que nos preguntaban por qué teníamos la bandera argentina y alemana juntas.

“Recibimos llamados desde Alemania, desde donde nuestros conocidos nos pedían ver a través de la web cam de la plaza San Pedro. Aprovechamos para charlar también con muchos argentinos, que habían viajado para la misa y otros que viven en Roma. A la tarde, quise dar gracias a Dios por todo lo vivido. Mariano fue a reunirse con un sobrino del Papa y yo a cenar con un sacerdote argentino que está estudiando en la Academia Eclesiástica de Roma para el servicio diplomático, Nicolás Guidi, compañero de seminario. Hicimos un paseo por Piazza Navona y comentamos todo lo vivido. También visité a mi amigo el rector del Seminario Griego de Roma. Aun nos faltaba el mate, pero el corazón latía al ritmo de la alegría que sabemos que late en Argentina”.

Fuente: La Calle

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