por Julián Guarino –
Probablemente el 2021 haya sido un año tan singular como el que le precedió. Por distintas razones, el ciclo que llega en los próximos días podría continuar con esta impronta. Si la expectativa está puesta en la reactivación económica como motor que impulse el desarrollo con inclusión social, entonces la salida a la enorme tragedia que significa la pandemia debería ser igualmente singular y osada. No hay recetas tradicionales para los enormes desafíos impares que trajo al mundo entero la crisis sanitaria y social.
La clave en todo esto es que mediante el incremento de la actividad económica, el incremento de las exportaciones y del superávit y, sobre todo, la recuperación del mercado de trabajo (donde son relevantes los acuerdos paritarios), el mayor consumo traiga un incremento de la recaudación impositiva y así contar con más recursos para volcar al presupuesto.
El principal problema
Si bien el cuadro de situación es mucho más complejo, es menester integrar en esta columna otro elemento fundamental que va de la mano con la recuperación económica. Uno de los rasgos fundamentales que dejó la pandemia (y las políticas regresivas) ha sido la profundización de la desigualdad. Esto ha traído aparejados fenómenos difíciles de tolerar como, por ejemplo, que un trabajador registrado termine siendo considerado pobre por el Indec a partir de la línea que separa un segmento del otro. Por ende, existe la necesidad de incorporar una política impositiva que haga las veces de un mecanismo para la redistribución y así mitigar la terrible concentración de riqueza en la que se encuentra el mundo y también la Argentina. El aumento de la pobreza y la indigencia (ahora con leves caídas) debe llevar a pensar herramientas de corto y largo plazo. El precio de los alimentos, el ciclo de inflación en el mundo, el aumento de los fletes internacionales y el petróleo parecen ser factores que perdurarán durante varios años. Será relevante que las políticas públicas puedan intervenir sobre estos desequilibrios, muchos de ellos impulsados por la megaemisión de fondos realizada por los Estados Unidos y las bajas tasas de interés. Habrá que tomarse el trabajo de volver compatible nuestra posición de país productor de alimentos que demanda el mundo y la posibilidad de los argentinos de tener en su mesa esos mismos productos a precios acordes con los niveles salariales domésticos. Carne, maíz, soja, trigo y el resto de los alimentos que se cuentan en la cadena de producción para fabricar otros alimentos deben ser estudiados. La carne de pollo, vaca y cerdo debería contar con insumos acordes.
La desvinculación de los precios internacionales de los internos debe ser prioridad porque será necesario incrementar la balanza comercial para hacerse de las divisas imprescindibles para dar el salto tecnológico y ampliar la producción industrial y así generar más empleo. Sin trabajo no habrá verdadera inclusión y sin ella tampoco la posibilidad de integrar a todos los argentinos al sistema.
(fuente: ambito.com)