Hallan en La Plata una valiosa obra del autor de Martín Fierro.
Es la mayor colección de diarios con su trabajo como periodista. La encontraron investigadores de la UNLP que preparan una edición de sus obras completas.
En busca de artículos de José Hernández, investigadores de la Universidad Nacional de La Plata dieron en la Hemeroteca de la Plaza Rocha con lo que se cree que sería la mayor colección de textos periodísticos del autor, un legado de enorme valor histórico que nadie sabía que estaba ahí.
“Fue un regalo inesperado. Queríamos ver qué había y nos encontramos con la mayoría de los diarios en los que Hernández escribió”, cuenta la doctora Celina Ortale, coordinadora del equipo de investigación responsable del hallazgo, al mencionar que éste abre ahora un gran interrogante: “quién se tomó el trabajo de reunir esa colección”.
Por la selección de material que posee (artículos publicados en una decena de pequeños periódicos entre 1859 y 1875) “es evidente que alguien se tomó el trabajo de reunirlos”, sostiene Celina Ortale, quien sospecha que esa persona pudo haber sido Joaquín González, el propio fundador de la UNLP.
“Creemos que pudo haber sido él porque era amigo de Rafael Hernández, el hermano menor de José, y que posiblemente reunió el material con la idea de hacer una biografía”, cuenta Ortale desde el Instituto, que integra el Instituto de Investigaciones en Humanidades y Ciencias Sociales (IdIHCS) y trabaja en un proyecto para editar las obras completas del autor.
A fines de la década de 1850, un cuarto de siglo antes de la publicación del Martín Fierro, José Hernández “se enoja con la sociedad porteña, que se oponía a la Confederación Argentina y abandona la ciudad de Buenos Aires para irse a vivir a Paraná. Es entonces que empieza a publicar textos políticos en diversos diarios del litoral como El Nacional y El Argentino, de Paraná; el Eco de Corrientes y La Capital de Rosario”, cuenta la investigadora.
Fueron precisamente esos textos los que aparecieron en la Hemeroteca de la Universidad junto a otros de una etapa posterior que encuentra a Hernández de nuevo en Buenos Aires: artículos publicados en periódicos como El Río de la Plata (que él mismo había fundado) y La Libertad, el último periódico en que escribió.
“En su mayoría son artículos muy politizados, muy orientados a acompañar la política de la Confederación. Su temática es muy diversa. Hernández escribió sobre el asesinato del Chacho Peñaloza, contra la Guerra del Paraguay y la soberanía argentina sobre Malvinas, pero también contra las figuras de sus principales enemigos políticos, Mitre y Sarmiento”, detalla Ortale.
Se trata de un trabajo que “viene a cubrir una deuda de años con la obra de Hernández, figura importantísima de nuestra cultura y nuestra historia”, afirma la doctora Gloria Chicote, directora del IdIHCS, para quien la obra periodística del autor del Martín Fierro es un material ineludible para pensar la historia de nuestro país.
José Hernández
Nacido el 10 de noviembre de 1834, en la chacra de Pueyrredón (hoy partido de San Martín) vivió sus años de infancia y adolescencia en el campo bonaerense. “Allí, en Camarones y Laguna de los Padres se hizo gaucho”, como diría su hermano Rafael, y tal vez allí, también, comenzó a formarse en su alma el magno poema nacional que daría a la imprenta en 1872. Pero antes y después de eso, su vida fue una lucha permanente, con la pluma y con la espada, en defensa de sus ideales de político revolucionario.
Sin embargo, la historia oficial ha dejado en el “olvido” al Hernández político. La razón radica en su militancia, de sostenida beligerancia contra Mitre y sus acólitos. Así pelea contra la oligarquía porteña, armas en la mano, en Cepeda (1859) y Pavón (1861).
En 1863, al producirse el asesinato del “Chacho” Peñaloza, publica, en el diario “El Argentino” de Paraná una vigorosa condena a los responsables y en general, al partido liberal mitrista, sus enemigos cosmopolitas y “civilizados” sostenedores de la estructura semicolonial del país. “Los salvajes unitarios están de fiesta” –dice en la encendida prosa de Vida del Chacho- “El partido federal tiene un nuevo mártir. El partido unitario tiene un crimen más que escribir en las páginas de sus horrendos crímenes”.
Ese partido federal por el que peleó Hernández toda su vida no debe, empero, confundirse con el partido rosista de Buenos Aires, más “criollo” que el unitario pero en definitiva tan localista como éste. Hernández fue federal, pero federal provinciano. Por eso militó en el urquicismo primero y en el jordanismo después. Por eso fue antirosista y, más aún, antimitrista y enemigo jurado de Sarmiento.
Acerca de la presidencia de Mitre, Hernández lanzó violentas críticas, considerándola una calamidad para el pueblo argentino. Entre esos enjuiciamientos, pueden reproducirse los siguientes párrafos: “La administración del general Mitre fue una administración de guerra. Sus hechos culminantes, las sangrientas batallas que enlutaron la patria. En vano es que busquemos en ese pasado luctuoso un rayo de luz, una iniciativa progresista, una idea feliz. La tarea encomendada a la administración pasada era una tarea de reorganización, y en vez de emprenderla, coadyuvó eficazmente a la obra siniestra de la disolución nacional (…) Así es que en vez de acometer las gloriosas empresas del trabajo y de la paz, agitóse en las tinieblas el genio del mal, preparando los elementos que debían envolver a la república en lutos y en ruinas. La tea del incendio alumbró con sus rojizos resplandores todos los ámbitos del territorio argentino (…) Los pueblos atropellados en sus derechos, en su seguridad, en su vida, se sublevaron movidos por el instinto de conservación, y los Procónsules del poder sofocando sus libertades, ahogaban en sangre aquellos movimientos de insurrección contra la arbitrariedad y el despotismo prepotentes. La ley marcial, si no decretada, regía de hecho aquellas poblaciones, abandonadas a la saña y el desbordamiento de autoridades tiránicas impuestas por la ley de la victoria”.
Durante la presidencia de Sarmiento, Hernández no sólo escribe el Martín Fierro, denunciando el drama social de los gauchos perseguidos y despojados por la política mitrista, sino que se suma a la montonera liderada por López Jordán. Derrotados, deben exiliarse (1871), pero dos años más tarde vuelven a ingresar en Entre Ríos convocando a derrocar al gobierno. La respuesta de Sarmiento consiste en un proyecto enviado al Congreso poniendo a precio la cabeza de los insurrectos; 100.000 pesos fuertes la de López Jordán, 1000 pesos para los demás jefes insurrectos, entre los cuales está Hernández.
Exiliado ahora en Montevideo, convierte al diario “La Patria” en una trinchera antimitrista, oponiéndose a la candidatura de Bartolomé Mitre, para las elecciones de 1874. De allí salen los artículos más violentos que se hayan escrito contra Don Bartolo en el marco de las luchas políticas: “… Un hombre que estaba destinado a ser tristemente célebre, apareció ejerciendo una influencia funesta en los destinos del país. Ese hombre era D. Bartolomé Mitre. Para la República Argentina, para la República Oriental, para el Paraguay, fue una especie de lotería fúnebre, una bolilla negra, que desde el día de su aparición en la escena ha venido presagiando desgracias y amasando su fortuna política con las lágrimas y con la sangre de millares de víctimas… Aquellos fueron tres años de devastación, de incendio, de sangre (1862-1865) (…) en que la República vio estremecida los más sangrientos horrores, los suplicios más crueles y las vejaciones más inauditas,… Al fin reinó en toda la República el silencio de las tumbas… El es el último de los grandes malvados (…) Mitre ha sido un cometa de sangre, un flagelo devastador, un elemento de corrupción, de desquicio y dan testimonio de su existencia los huérfanos, las viudas y los inválidos”.
Hernández regresa al país bajo el gobierno de Avellaneda y juega un rol importante cuando, en 1880, cristaliza la nacionalización de la Aduana de Buenos Aires núcleo central de nuestras guerras civiles durante el siglo XIX. Allí va a estar, defendiendo la federalización de la ciudad puerto en célebre debate parlamentario con Alem.
En los años posteriores, se liga al Partido Autonomista nacional y desempeña diversas funciones, entre otras, una diputación y una senaduría en la provincia de Buenos Aires.
Hernández fallece el 21 de octubre de 1886, a los 52 años, en Belgrano.
Es imposible explicar la historia personal de Hernández, enigma inescrutable para muchos, si no entendemos que la suya fue la parábola del federalismo provinciano desde la caída de Rosas hasta la federalización de Buenos Aires en el 80. Y más aún si desgajamos su obra escrita de su itinerario de político militante y comprometido que cuando vio cerrada la posibilidad de emprender la crítica de las armas, empuñó las armas de la crítica (y la poesía) y produjo, con “Martín Fierro”, el más genial alegato en defensa de la “barbarie” criolla frente a la “civilización” importada y enajenante de los adocenados intelectuales europeístas.
Sobre esta obra, que refleja el arquetipo gaucho ultimado por la burguesía comercial porteña, se han derramado una larga serie de infundios, hijos en su mayoría del odio político que habita con demasiada frecuencia en la “república platónica de las letras”. Una de esas falacias proviene de Lugones (redescubridor del poema para elite culta), quien crea, en 1913, el mito de un Hernández mediocre, creador inconsciente de una obra genial. Carlos Alberto Leumann, en sus documentados trabajos de “El poeta creador” demuestra que no se trató de la obra espontánea y repentista de un mero payador tocado momentáneamente por la gracia, sino labor de estudio y larga preparación.
Por su parte, en su injustamente célebre “Muerte y trasfiguración de Martín Fierro”, Ezequiel Martínez Estrada inaugura otra forma de detracción hernandiana: elogiar la Ida y criticar la Vuelta, expresión de rebeldía gaucha la primera y de oportunista acomodamiento a las circunstancias, la segunda. Si es que existe diferencia entre las dos partes del poema, asunto a debatir, ella está claramente explicada por las modificaciones profundas en la situación política y social: el ocaso de las luchas montoneras, la escalada inmigratoria, el boom agrícola y vacuno, a lo que debe sumarse que en 1880, con el advenimiento del general Roca y la federalización de Buenos Aires, se ponía fin a un siglo de guerra civil o como dirá Fray Mocho “se había extinguido la última chispa de aquel incendio que, comenzando en la Plaza de la Victoria, se propagó por toda la República”.
Finalmente, Jorge Luis Borges, siguiendo la línea de los anteriores, descontextualiza el drama social de Fierro definiéndolo como un mero personaje de ficción, un simple cuchillero de 1870. Abundan los escritos hernandianos, empero, que explican con lujo de detalles las peripecias de su personaje como síntesis poética de la tragedia de toda una clase social.
Por último, también a Borges se debe la calumnia de considerar a “Martín Fierro” –publicado en diciembre de 1872- un plagio de “Los tres gauchos orientales” que el uruguayo Antonio Lussich había dado a la imprenta en junio del mismo año. Sin embargo, el erudito cometió un pequeño desliz: comparar la primera edición de Fierro con una muy posterior –corregida- del poema de Lussich. Si hubiese confrontado las dos primeras ediciones de ambas obras, habría advertido que fue a la inversa. Lussich, confeso admirador de Hernández, tomó dichos y expresiones del Martín Fierro que agregó a ediciones posteriores de “Los tres gauchos orientales”.(J.C.Jara, Los Malditos, Vol. II, Pag. 191, Ed. Madres de Plaza de Mayo)
(Fuentes: InfoGEI y Pensamiento Discepoliano)
Esta nota fue publicada por la revista La Ciudad el 27/12/2017