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Jaime Horacio Mir,  la memoria viva de hechos sociales y deportivos trascendentes

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poe Alfredo Guillermo Bevacqua      –    

La esquina de 3 de Febrero y 9 de Julio era el lugar elegido por Jaime Horacio Mir para contemplar con mirada de octogenario la vida que por allí pasa; algunos lo saludaban y seguían, muchos se detenían para iniciar una charla siempre amena y muy variada en temas,
predominando el turf, el fútbol, el boxeo, el automovilismo, en fin, todo… Pero inevitablemente en algún momento de esa charla aparecería el recuerdo de las décadas del ’70 y del ’80, cuando se desempeñó como vicedirector del diario La Calle.

Fue el enlace que desde el diario hizo que primeras figuras del deporte argentino y de la farándula artística visitaran la ciudad. Con nostalgiosa voz reviviría la visita a Concepción del Uruguay, én la que confluyeron un campeón del mundo y un subcampeón mundial de automovilismo; recordaría con precisión los días, el mes y el año, y lo que hicieron en un pueblo de elevadas pretensiones, Juan Manuel Fangio y José Froilán González. Fuimos testigos de ver caminar a ambos por la calle Rocamora, antes que fuera peatonal, como dos anónimos personajes conversando animadamente, mientras uruguayenses respetuosos observaban su paso. Tenían el privilegio de haber visto juntos a quien fue cinco veces campeón mundial, el máximo récord hasta que Schumacher y a Hamilton, se les ocurrió repartirse 14 títulos. A su lado, el “Cabezón” González, el que gozaría del cariño eterno de Enzo Ferrari, porque fue el
piloto que le dio el primer triunfo a la marca mas querida del automovilismo mundial.

Podía contar también su amistad con Irineo Leguisamo o hablar de la oportunidad en que fue uno de los tres comensales que compartió una cena con Pelé, con el que ingresó junto, al Sheraton en una cumbre de estrellas del deporte que reunió a figuras como Guillermo Vilas, Víctor Galíndez y Ubaldo Matildo Fillol, entre otros.

Su memoria era de “burrero”; esos que recuerdan el árbol genealógico del ganador del Nacional o el Pellegrini; pero además el recuerdo de la fecha con precisión exacta, de un reportaje importante o alguna nota destacada del diario.

Le gustaba reencontrarse con los conocidos de “antaño” porque eran con quienes podía “hablar de igual a igual”; el podía contar porque había sido testigo o había dialogado con figuras del Olimpo deportivo. Pero ya no se podrá escuchar su “carrada” de anécdotas.

Ayer murió. En Buenos Aires. A los 86 años.-

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