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Fotografiar la muerte en Entre Rios

Por Pablo Stein   –     

Los hermanos Guillermo y Augusto Daniel Araoz, fueron quienes subrepticiamente fotografiaron el cadáver de Justo José de Urquiza. Es la imagen que se dio a conocer en forma de tarjeta, 500 de las cuales imprimieron y vendieron estos adolescentes tucumanos portadores de un apellido histórico ya que otro hermano de ellos, Benjamín Araoz fue gobernador de su provincia en 1894.

El arte de la fotografía funeraria
En el Museo de Pilar se encuentra la fotografía del cadáver del coronel Ramón Lista, de autor desconocido y fechada en 1855. Fue vestido con su uniforme militar y es de las primeras fotografías de este tipo tomadas en el pais ya que recién en 1845 se considera que Jhon Bennet obtuvo la primera imagen tomada al gobernador de Salta Miguel Otero e introdujo el arte fotográfico en el país. Claro está que no se trataba de un cadáver, sino de un gobernador en funciones.
10 años después (1865) otra fotografía funeraria que se encuentra en ese museo muestra a Víctor Gauna con los despojos mortales de su hijito recién nacido.
La fotografía post -morten más conocida de ese periodo es la que Manuel San Martin obtuvo el 11 de septiembre de 1888 de los despojos mortales de Domingo Faustino Sarmiento, fallecido en Asunción, Paraguay su último lugar de residencia.

Una moda que vino del reino Unido
Cuando la reina Victoria (1819-1901) enviudo en 1861 estableció un luto riguroso e inicio una costumbre que adoptarían los residentes británicos y los admiradores de la cultura inglesa en el mundo que consistía en fotografiar a los seres queridos fallecidos. Los fotógrafos radicados en Buenos Aires iniciaron recorridas por las provincias ofreciendo sus servicios que incluían el arte funerario en épocas en las que enfermedades como la tuberculosis, la difteria, el tifus, cólera, sarampión, viruela, etc. Producían efectos tremendos entre los niños y eran comunes avisos morbosos como el siguiente publicados en diarios y periódicos: “se retratan cadáveres a domicilio, a precios acomodados” los profesionales tenían nombre y apellido: Tomas Helsby, Bartola Luigi, Aldanondo Antonio, Francisco Rave, José María Aguilar, etc.
Así, la costumbre también fue adoptada en nuestra provincia y pese a que el precio era bastante oneroso, era el recuerdo que quedaba de aquellos niños que perdían la vida.
Si bien son numerosas las fotografías de “angelitos” que se conservan en los museos entrerrianos, preferimos la que consideramos menos morbosa para ilustrar la nota.
Claro está que fotografiar a quienes habían fallecido resultaba una tarea que requería de verdaderos profesionales que contemplaran los sentimientos de la familia afectada y además el equipo fotográfico y todos los accesorios que se necesitaban obligaban a que muchas veces el fotógrafo terminara su trabajo de impresión final en un estudio preparado al efecto.

Primeros fotógrafos de Entre Ríos
En el año 1848, se radica en Concordia Charles de Forest Fredriks
En Paraná en 1851 instalará su estudio Aristedes Stefani. En 1852 en Gualeguaychú se encontraba quien sería el fotógrafo del Acuerdo de San Nicolás de los Arroyos y luego registrara en Santa Fe a los representantes de las provincias que sancionaron la Constitución de 1853, Don Amadeo Grass.
También cumplirá el rol de fotógrafo en Entre Ríos otro personaje celebre, inmortalizado por Miguel Cané, en el clásico libro “Juvenilla” Don Amadeo Jacques que antes de ser el rector del Colegio Nacional de Buenos Aires residió en nuestra provincia.
En Paraná se conservan unos 850 negativos que pertenecieron a Amintthe Geoggroy, un francés que se estableció en la capital provincial.
Recientemente la prensa dio a conocer el hallazgo de más de mil negativos que fueron propiedad de Cirilo Amancay Pinto y que datan de 1889 y principios del siglo XX.
El censo llevado a cabo en 1895 comprobó la existencia de al menos 20 fotógrafos entre las 292.000 personas que residían en Entre Ríos.
Hasta bien entrado el siglo XX se siguió la costumbre de fotografiar a los seres queridos fallecidos ya que esta fue una forma de conservar su memoria y no debemos juzgar como morbosa esta conducta, sino comprender toda la inmensa humanidad con que se practicaba.

Bibliografía consultada:
“La fotografía en la historia argentina”, tomo 1, edición del diario Clarín; 2005

Juan Gómez; “La fotografía en la argentina, su historia y evolución en el siglo XIX”

 

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