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En Argentina, es rentable la “inversión” en educación

 

El último informe realizado por el Observatorio de Argentinos por la Educación afirma que por cada año de educación superior que se agrega, el salario, en promedio, se incrementa alrededor del 10%. Dicho de otra manera, los beneficios económicos resultan mayores al costo estimado por cursar la universidad.

En Argentina, ahora la educación parece tener “retornos positivos”. Alcanzar un mayor nivel educativo permite obtener mayores ingresos, es la conclusión que arrojó el último informe del Observatorio de Argentinos por la Educación, denominado “Retornos de la educación: ¿Vale la pena estudiar?”, autoría de Cecilia Adrogué (CEDH-UdeSA-Conicet), Gabriela Catri, Martín Nistal y Víctor Volman (Observatorio de Argentinos por la Educación). El trabajo refleja una mirada acaso más alentadora y que, de algún modo, contrarresta los datos y las cifras que surgen de las últimas evaluaciones educativas, tanto del país como la región.

Si bien la ecuación “a más estudios, mejores ingresos” puede parecer una verdad de Perogrullo, es importante destacar que no siempre fue así. Los memoriosos recordarán que durante los años 90’ se hicieron tristemente conocidas las estampas de arquitectos e ingenieras manejando taxis, a falta de mejores oportunidades laborales. La paradoja -de tanto tiempo, esfuerzo y costo invertido en una profesión, y la imposibilidad de aspirar a una movilidad social ascendente- fue mayúscula y se sostuvo durante las décadas que siguieron. Como se sabe, esas imágenes sintetizan el escaso valor que las políticas de entonces le asignaron a la educación.

En tanto, si se observa en retrospectiva, la reciente difusión del informe Retornos de la educación: ¿Vale la pena estudiar?, resulta una evidencia actualizada, precisamente sobre los retornos privados de la educación; es decir, sobre los beneficios económicos que obtienen quienes invierten más tiempo en su formación académica. Para eso, la investigación analiza los datos de ingresos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) realizada por el INDEC.

Los datos que se desprenden de la EPH muestran que aquellas personas con mayor educación reciben ingresos superiores, según se observa al comparar los salarios por hora en función de la edad y el máximo nivel educativo alcanzado. Por ejemplo, a los 22 años, el salario por hora de una persona con nivel universitario completo es de unos $236 (en pesos del tercer trimestre de 2021), mientras que para una persona con secundario completo la cifra es $184 (un 22,0% menos).

Según datos recientes, las personas con título universitario acceden a un salario más alto que aquellas que solo completaron la secundaria.

Oportunidades

Al estimar los ingresos a lo largo de la vida, también se observan otras cifras significativas. Por ejemplo, una persona que completó la universidad suma ingresos por $32,0 millones entre los 23 y los 65 años (millones de pesos equivalentes del tercer trimestre de 2021), mientras que quienes solo completaron el nivel secundario, suman $20,4 millones en ese período. Así mismo, quien solo completó la primaria recibe $14,2 millones.

Una de las coautoras del informe, Cecilia Adrogué, fue consultada al respecto. “La educación de nuestros niños y jóvenes es el camino para lograr el desarrollo humano al que aspiramos”, explicó, al indicar que “se trata de un proceso en el que cada día cuenta”. En ese sentido, apuntó que, “este 2022 presenta un gran desafío y una gran oportunidad: revincular a tantos niños y jóvenes que se han caído del sistema educativo con motivo de la pandemia, y fortalecer los aprendizajes de tantos otros que vieron truncada su educación por diversas carencias”.

 

Políticas

Ahora bien, las diferencias salariales, según explica el relevamiento, no se deben exclusivamente al nivel educativo alcanzado, ya que también influyen otros factores como el nivel socioeconómico de los padres, el capital cultural, la inteligencia innata, la región geográfica, la experiencia laboral y la edad, entre otros.

Sobre este asunto, el docente e investigador de la UBA, Juan Doberti, indicó que “más allá de las limitaciones de la información disponible, resulta claro que estudiar tiene un correlato económico positivo”. Fue antes de señalar que “contar con datos rigurosos que corroboren esta asociación entre estudios e ingresos resulta muy importante no solo para las decisiones individuales sino también para las políticas públicas, por los beneficios sociales de la inversión educativa para el crecimiento económico y, especialmente, para la movilidad social ascendente”. Para el catedrático este dato es relevante “sobre todo en sociedades como la argentina, muy estratificada en sectores relevantes como la salud, la vivienda, el trabajo, etcétera”.

 

Más rentabilidad

Los autores de la pesquisa estiman también la Tasa Interna de Retorno de la educación. Ese porcentaje arroja cuán rentable es la “inversión” de alcanzar un nivel educativo adicional. Tengamos en cuenta que una tasa mayor a 0 indica que la inversión es rentable. Utilizando este cálculo, el informe encuentra que la TIR es mayor para aquellas personas con nivel universitario completo (8%) y con nivel universitario incompleto (1%), en comparación con quienes solo han terminado el nivel secundario. Esto implicaría que los beneficios económicos de continuar estudiando son mayores al costo estimado por hacerlo.

Otro método utilizado en el informe para medir los “retornos” de la educación (conocido como la ecuación de Mincer) consiste en estimar cuánto aumenta porcentualmente el salario por cada año de educación que se agrega. Para el caso argentino, este valor es cercano al 10%: ante el agregado de un año de educación, los ingresos de la persona aumentan alrededor de un 10%.

Al respecto fue consultada Graciela Clotilde Riquelme, investigadora del CONICET. “Los certificados universitarios operan como señales en el mercado de trabajo, pero es necesario sumar interpretaciones para profundizar estos abordajes: uno es considerar la estructura social y su influencia para lograr avanzar en el sistema educativo, y el otro es la heterogeneidad del aparato productivo que implica que los ingresos dependen no tanto del certificado, sino de las ocupaciones obtenidas”, expuso. “Por ello, el origen de clase, la posición geográfica y la situación familiar marcan las posibilidades de acceder y desarrollarse en la educación, y allí los estudios de segmentación y segregación educativa muestran el avance de la desigualdad en las oportunidades de los ciudadanos”, completó.

Por su parte, el profesor de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de Córdoba, Héctor Gertel, opinó que “el trabajo nos presenta una actualización sencilla de los retornos a la educación en Argentina utilizando un promedio de datos capturados por el INDEC para los años 2019 y 2020”. Más tarde agregó que la investigación “confirma que el crecimiento de los ingresos alcanza su máximo alrededor de los 58 años de edad y luego se estabiliza o decrece, tal como lo propone la teoría del Capital Humano”. En ese sentido, aclaró que “el trabajo no compara estos resultados con datos de períodos de mayor normalidad para verificar si los mismos también presentaron abruptas disminuciones para el ingreso de los universitarios en la etapa final de su vida laboral”.

Un trabajo revela que la formación universitaria es clave para la movilidad social ascendente.

Identidades

Argentinos por la Educación es un movimiento que busca involucrar a toda la sociedad en la mejora de la enseñanza y el aprendizaje.

Así, a partir de datos, contribuyen a que la educación sea determinante en el debate público para evidenciar los desafíos que tiene; pues trabajan bajo la premisa de que lo que no se mide, no se mejora.

“Sabemos que con esto no alcanza. Por eso, a través del diálogo, generamos consensos para incidir en políticas públicas y así trabajar los problemas que enfrenta la educación. Buscamos generar una movilización, tenemos que ser cada vez más Argentinos por la Educación y para eso creamos campañas, para que las familias puedan alzar sus voces por la educación que todos queremos”, aseguran los hacedores de este espacio.

El esfuerzo de las familias y los estudiantes universitarios tiene su premio, según un estudio.

Fuente: El Diario

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