por José Florentino «Pepe» Beorda –
Le llaman peregrino. Así le llaman. Vaga mundo… También el humano transeúnte es Vaga mundo. De vivencias. De sensaciones y emociones. De distancias… Vaga mundo Peregrino de la Vida.
Así las cosas. Delicado como es, se posó sobre mi extendido brazo en señal de apoyo y su agarre, cerrado y fuerte, daba por sentado el potencial intrépido del cazador sagaz.
-¿Qué te preocupa? Esbozó, casi en mi oído…
-Estar vivo… y consciente. Respondí cabalmente.
Es como que lo pensó antes de repreguntar:
-¿Qué es ser consciente?
Sonreí para mí. Sin atisbo de burla.
-Poder interpretar o comprender algunos códigos de cuanto se manifiesta en lo real.
-¿Por ejemplo? Amable, insistió.
Sin apresurar revisé el paisaje frente a ambos dos…
La piel de la tierra por debajo de nuestra atalaya física y argumental… se expresaba en verde. Verde de follaje. Verde de árbol verde. De sendas zigzagueantes e inquietud.
-Saber dónde está o estará mi alegría… Saber de dónde me vendrán los daños. El escozor.
Aquella vez, que recuerde, sólo esa vez, escuchó… nada dijo y echó a volar. En círculos… En círculos. Una y otra vez… Hasta desistir. Tal figura nunca más la vi. ¿Por qué así?
El sol, para entonces, irradiaba suave con el día y el día con él… Ya a mi lado, posó unos pasos más allá… y quedose como asentado en una roca, de algún modo circular.
-A veces me sorprendes… y ésta es una vez.
No hubo entre él y yo un momento igual. Se ahogaba en silencio y en quietud mi aprendizaje, cultivando ahora… el saber callar.
Luego… se confió:
-Siempre regresa a aquel lugar donde te sientas bien. Como lo hago hoy y aquí. Como lo haré después.
Seguí expectante los matices de su razón, no concluida aún.
-No sólo es el sol y la tierra perfilando el clima… una y otra y otra vez.
Es el lugar, el espacio y el tiempo que existen para ti. Es donde sabes que debes estar, siendo como eres, responsable sensible… articulando lo que representa o puede tu salud. Tu bienestar.
Sólo entonces, conmovido… recordé:
-Aunque peregrino… como se te conoce, ¿siempre regresas por sobre cerros, ventiscas, mareas y distancias, al mismo lugar?
-Donde anidara antes de impulsarme hasta aquí.
-¿Sabes lo difícil que es para el hombre humanidad?
La mañana a pleno nos acaloró y quise que la atalaya fuese el mirador. Daba fresco el aire allí… mientras algo de su plumaje cruzó frente a mí como despedida… no frágil. Sí sutil.
-Sí. Lo sé. Lo sé…
Y el centelleo del sol sobre sus alas, alejándose, hizo que creciera en respeto mi admiración por él.