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Capítulo VII: Una Batalla Decisiva

Por Pablo Stein     –

El 15 de febrero de 1811 Artigas se une a la Revolucion de mayo de 1810 y con el firme propósito de liberar la provincia oriental del yugo monárquico, acampa en Mercedes a los efectos de formar un ejército que le permita vencer a Francisco Javier de Elio proclamado por las Cortes de España como nuevo Virrey el 31 de agosto de 1810.

Quienes se van reuniendo en Mercedes muy poco conocen de las maniobras que se ejecutan en las alturas del poder político, pero si están plenamente convencidos que van a luchar por la noble causa de la libertad y la igualdad.

El llamamiento de Artigas logra reunir a gauchos desposeídos, pueblos originarios, esclavos y no pocos hacendados, aunque serán integrantes de esta clase privilegiada los que más tarde traicionaran a su patria en la búsqueda de mantener sus privilegios de casta y habrá contadas excepciones que permanecerán fieles a la causa.

El Ejército del Pueblo
El núcleo de ese ejército en formación eran los Blandengues que estaban divididos en companias de 100 hombres, todos bajo las órdenes directas de Artigas.

Los Dragones de la libertad, eran unos 650 efectivos comandados por Fernando Otorgues.

Infantería se componía de 370 efectivos al mando de Fructuoso Rivera, el mismo que más tarde se pasó al bando portugués. Rivera era hijo del acaudalado Pablo Hilarión Perefan de Rivera.

Batallón de Libertos Orientales formados primeramente por “Ansina” y que a partir de 1816 dirigirá Rufino Bauza, eran unos 370 soldados sin más armas que sus lanzas y su coraje.

Finalmente, Las Lanceras de Artigas posiblemente guiadas luego de la muerte de María Alviará por Melchora Cuenca, que además de impartir enseñanza, era muy hábil en el manejo de la lanza.

Rumbo a Montevideo
Hacia fines de ese agitado mes de abril de 1811, Artigas ordena abandonar el cuartel general instalado en Mercedes y a principios de mayo ya está acampado en San José a menos de 100 kms de Montevideo.

El mes de mayo se inició con fuertes lluvias que dificultaron el cruce de arroyos y en ese momento del caudaloso rio Santa Lucia, máxime que no se trataba del avance de un ejército regular, sino de más de 3000 personas que seguían a su líder con toda la impedimenta que significaban el traslado de familias enteras que dejaban absolutamente todo en la gesta patriótica.

Los errores del virrey
La soberbia y su insoportable racismo fueron sin dudas fundamentales causales de la derrota de las fuerzas de la monarquía.

De Elio se creía que pertenecía a una casta superior y miraba a todos desde arriba de una soberbia que rayaba con la idiotez y las acciones que ordenó ante el avance de los revolucionarios sobre Montevideo lo dejaron bien en claro.

Estando ya en su campamento de San José, Artigas es informado el 10 de mayo, que un delegado del virrey desea entrevistarlo.

El delegado era pariente del caudillo: Don Manuel Villagrán y traía una propuesta que solo puede ocurrir en la mente de alguien que cree que los seres humanos se movilizan únicamente cuando existen bienes materiales de por medio.

Ofrecía a Don Gervasio un ascenso militar, un salario acorde y los honores que se les brindan a quienes prestan fidelidad a la corona.

La reacción de Artigas fue ejemplar. Mando tomar prisionero a su pariente y que, portando la misiva del virrey fuese conducido al gobierno patrio en Buenos Aires.

El segundo error fatal de Elio fue nombrar al capitán de fragata José Posadas al frente de las tropas reales y este hombre de mar no tenía la menor idea de quienes habitaban el campo oriental y menos aún de su geografía.

Un tercer error increíble fue el de que sacó 135 hombres de la cárcel y los conminó a que pelearan a su favor o volvían a prisión. Los reclusos aceptaron la oferta y una vez en el campo de batalla se pasaron al bando Antigüista.

El papel de las lanceras
Guidai, la charrúa entrerriana iba a tener aquí su bautismo en combate.

Las fuerzas en conflicto estaban estacionadas a unas 2 leguas de distancia y como ocurre en estos casos siempre se mandan avanzadas para vigilar los movimientos del enemigo.

Posadas ordenó a su ayudante de campo Juan Rosales salir a descubierta para vigilar los movimientos rebeldes.

Del lado Artiguista se desplazaban dos columnas de Caballeria al mando de Juan León y Antonio Pérez respectivamente.

Un grupo reducido de lanceras acompañaba la columna de León, todas lanzas en ristre y a caballo se fueron acercando al enemigo.

Se produjo un breve tiroteo sin consecuencias entre los bandos y Rosales que tenía instrucciones de no provocar combate, comenzó maniobras de retirada.

Fue entonces que la ranquel Juana Bautista se lanzó al ataque acompañada por la charrúa Guidai, Soledad Cruz, Damiana Segovia y la cantora de cielitos Victoria.

La acción desconcertó a Rosales y su gente que terminaron huyendo para evitar el combate. Caló hondo en el ánimo de Rosales la decidida actitud de las mujeres y luego de meditarlo abandono el campamento realista y se sumó con sus hombres a las fuerzas de Artigas.

La Batalla
Finalmente, patriotas y Realistas se enfrentarían en Las Piedras, pequeña localidad a unos 30 kms de Montevideo, en una batalla que se inició en la mañana del 18 de mayo de 1811 y recién finalizo cuando ya se ocultaba el sol por la tarde.

Pese a la carencia de armas fue un notable triunfo patriota y podemos decir sin ánimos  de equivocarnos que ese triunfo significó la salvación del movimiento revolucionario.

Eusebio Valdenegro fue el segundo de Artigas y Antonio Pérez y Juan León comandaron las caballerías, mientras Venancio Benavidez y Manuel Francisco Artigas las fuerzas auxiliares que contribuyeron a la victoria.

También tuvieron su bautismo de fuego Los Libertos y Joaquín, el esclavo negro que había huido de los campos de Joseph Urquiza ocasiono al menos 2 bajas al enemigo.

Las bajas patriotas fueron de tan solo 11 muertos y 28 heridos, mientras que los monárquicos tuvieron 97 muertos, 61 heridos y cayeron prisioneros 482 hombres entre los que se encontraban 28 oficiales.

El propósito de Artigas era claro. Poner sitio a Montevideo y exigir su rendición.

Lamentablemente el 23 de septiembre asumiría la dirección de la revolución un triunvirato integrado por Feliciano Chiclana, Juan José Paso y Manuel Sarratea.

Los patriotas no podían saberlo, pero a espaldas de todo un pueblo, desde Buenos Aires ya se preparaba la traición.

 Bibliografía consultada

Jesualdo; “Artigas, del vasallaje a la revolución”; Editorial Losada; Bs. Aires; 1961

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