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Blas Jaime sobre su pueblo: “Los chanás castigaban con la muerte a violadores”

“Los chanás castigaban con la muerte a los violadores”, así lo aseguró a Elonce el último chaná parlante, Blas Jaime. El hombre, que este viernes cumplió 89 años, contó algunas de las costumbres del pueblo del que desciende e hizo especial hincapié en los sometimientos a los que subyugaban a los abusadores.

“Antes de que llegaran los blancos, el pueblo chaná vivía tranquilo, en paz, conservando las diferencias sociales, porque no se mezclaba la sangre de un linaje con el otro, por ejemplo, las mujeres superiores, no se podían poner en pareja con otros que no fueran de su clase”, explicó Blas en relación a las tradiciones del pueblo chaná.

Y continuó: “Vivíamos en un lugar de abundancia, con caza y pesca, en clanes familiares que no perjudicaban la naturaleza. Éramos un pueblo guerrero que vivía permanentemente atento y haciendo guardia en silencio, por eso nos llamaban los guerreros del silencio”.

“A los niños se les enseñaba desde muy pequeños a no llorar, lo que significa que yo todavía no he llorado en mis 89 años, tampoco he bailado ni me he arrodillado ante nadie, más que a Dios; con todas estas costumbres vivíamos tranquilo, en paz y haciéndonos respetar de los otros pueblos”, repasó.

Blas contó que “cada familia tenía su oficio, algunos trenzaban cueros, sembraban y otros hacían alfarería; cada linaje tenía su grupo y su oficio”. De hecho, mencionó que se acostumbraba a nombrar a la comunidad con el nombre del cacique, “por eso pareciera que hay muchos pueblos, pero la mayoría de la parte costera de Entre Ríos y de las islas son chaná”.

“Los chanás eran muy respetuosos del consejo de ancianos que lo gobernaba con un principio de igualdad y ellos también podían ser castigados si hacían algo malo. Las mujeres eran muy respetadas y ninguna podía ser golpeada; los niños tampoco”, aseguró Blas al confirmar que él nunca castigó ni ofendió a ningún de sus hijos.

“No se permitían la violación a los niños y adultos, y eran castigadas con la muerte con castigos muy crueles. A un violador, los guerreros lo perseguían hasta que lo traían de vuelta; le preguntaban cómo quería morir, si lo hacían picar con las víboras ponzoñosas que criaban ellos o lo colgaban hasta que reventaba o lo cortaban en sus partes púdicas y lo dejaban en el agua para que lo coman vivo las palometas”, indicó en relación a las formas de ajusticiamiento de los chanás. Pero al castigo más cruel prefirió no revelarlo para no herir susceptibilidades. (Elonce)

Fuente: elonce.com