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Aumentaron las muertes por casi todas las causas en mayores de 65

Es lo que surge de un análisis realizado por el físico Jorge Aliaga sobre datos oficiales del Ministerio de Salud de la Nación 

Un análisis de los fallecidos en la Argentina en los años 2020 a 2024 arroja nuevamente un dato preocupante: aumentó la mortalidad por casi todas las causas en mayores de 65, pero en especial en los mayores de 70. Algunos de esos aumentos son particularmente llamativos. Por ejemplo, las muertes por ciertas enfermedades infecciosas y parasitarias crecieron un 48% en los de 70 a 79, y un 34% entre los de 80 y más. Las originadas por “causas externas” (accidentes de transporte terrestre, aéreo y marítimo, ahogamiento, envenenamiento accidental, quemaduras, exceso de esfuerzo, exposición a fuerzas de la naturaleza, lesiones autoinfligidas, entre otras) aumentaron un 21% en el primer grupo y un 65% en el segundo; enfermedad de Alzheimer,  31% y 20% respectivamente.

Análisis de datos y gráficos: Jorge Aliaga, Unahur

“La suba se ve comparando los de 2020-2024 con lo que se venía dando entre 2015 y 2019 –aclara Aliaga, al que estos saltos le dejan más preguntas que respuestas–. ¿Por qué aumentan en adultos las muertes por enfermedades respiratorias y circulatorias? ¿Es Covid no diagnosticado? ¿Es consecuencia del Covid? ¿Es por resistencia a los antibióticos? No lo sé. Por otro lado, se ve una baja en la mortalidad por tumores en mayores de 60. Podría ser porque hubo personas que se murieron durante la pandemia (entre 2020 y 2022) antes que de cáncer, pero es una suposición. Los que saben podrán decir si es por falta de acceso a la atención, por ejemplo. Otra duda: ¿Por qué bajan las muertes por trastornos mentales y del comportamiento (no son muchas en valor absoluto, pero si relativo)?”.

Su trabajo (disponible en (https://jorgealiaga.com.ar/wp-content/uploads/2026/04/Informe_Muertos_2024_2026_v.pdf), analiza de forma detallada los datos oficiales del Ministerio de Salud de la Nación para los años 2020 a 2024, teniendo en consideración que los años 2020, 2021 y 2022 ocurrieron en contexto de la pandemia de COVID-19. Desagrega las variaciones según causa de muerte, rangos etarios, evolución mensual y género. Son las cifras con las que se elaboran los anuarios de Estadísticas Vitales.

Para la doctora Alejandra Sánchez Cabezas, presidenta de la Asociación Argentina de Salud Pública, «lo primero que proponen los datos de mortalidad en el país entre 2020 y 2024 es una pregunta abierta, incómoda y todavía sin respuesta clara: qué está pasando con las muertes en las personas mayores. Durante la pandemia, el patrón fue esperable: el exceso de mortalidad se concentró en edades avanzadas, con un pico muy marcado en 2021. Lo que resulta menos claro es lo que ocurre después. En 2023, los números bajan. En 2024, vuelven a subir. No al nivel del pico pandémico, pero lo suficiente como para romper con la idea de un retorno simple a la situación previa. Lo que pareciera que no es un dato aislado, sino un cambio de tendencia».

Según la especialista, el primer cuidado que hay que tener es metodológico. «En la Argentina hay cada vez más personas mayores –explica–. Eso significa que, aun si el riesgo de morir se mantuviera estable, el número absoluto de muertes podría aumentar. Por eso, una parte del incremento en mayores de 70 podría ser demográfico [aunque Aliaga calculó las tasas y el aumento se sostiene]. Pero esa explicación no alcanza, porque lo que cambia no es solo la cantidad, sino el perfil de las causas de muerte. Durante la pandemia, las muertes en personas mayores estuvieron fuertemente asociadas a infecciones, en particular COVID-19. Sin embargo, en 2024, ese protagonismo se diluye y aparece otra configuración: aumentan las enfermedades circulatorias, reaparecen con fuerza las respiratorias, crecen las infecciones no COVID, incluyendo septicemias y aumentan las causas mal definidas. Al mismo tiempo, en los años de pandemia se registra una caída en las muertes por tumores. Leídas en conjunto, estas variaciones no permiten una interpretación lineal. Pero sí habilitan algunas hipótesis. Una posibilidad es que estemos viendo efectos acumulados de la pandemia en personas mayores: interrupciones en controles, retrasos en diagnósticos, trayectorias de cuidado fragmentadas. Otra es que exista un proceso de fragilización en quienes sobrevivieron a la pandemia: personas con mayor vulnerabilidad biológica, más expuestas a infecciones o eventos cardiovasculares. Es plausible un desplazamiento en las causas de muerte: personas que, en otro contexto, hubieran fallecido más adelante por enfermedades crónicas, mueren antes por causas agudas. Ninguna de estas hipótesis puede confirmarse con este informe. Pero todas son consistentes con el patrón observado. Y todas ellas deberían estudiarse para pensar intervenciones potenciales».

Y más adelante agrega: «Hay un indicador que complejiza, y quizás oriente algunas otras hipótesis: el aumento de las muertes por causas mal definidas o desconocidas, que en 2024 crecen más de un 35% respecto del período previo. En personas mayores, y sobre todo en contextos como los actuales con una baja significativa de los ingresos jubilatorios, la retirada del Estado nacional y el desfinanciamiento de la salud, esto es particularmente relevante porque puede estar señalando dificultades en el diagnóstico, menor acceso a estudios o problemas en la certificación de la causa de muerte. Pero también introduce una incertidumbre estructural: cuando no sabemos bien de qué mueren las personas, se vuelve más difícil interpretar por qué mueren. En la misma línea, algunas de las causas que aumentan en 2024 —infecciones, septicemias, enfermedades respiratorias— son sensibles no solo a la enfermedad en sí, sino, sobre todo, a la oportunidad y calidad de la atención, en las que intervienen otros factores, como las condiciones de vida, las redes de cuidado y el acceso efectivo al sistema de salud. El informe no permite analizar estas dimensiones [porque el Ministerio de Salud no da esa información en la base de datos]. Pero el tipo de causas que crecen sugiere que no se trata solo de procesos biológicos. Desde un punto de vista demográfico, el análisis es nacional y no distingue por territorio, nivel socioeconómico o cobertura de salud. Sin esa información, surge otra pregunta muy relevante para los tiempos que corren: ¿el aumento en personas mayores es homogéneo o está concentrado en ciertos grupos? Ya que la evidencia sugiere que estos fenómenos suelen distribuirse de manera desigual. Aunque este estudio no permita confirmarlo».

Martín Silberman, director del Instituto de Ciencias de la Salud de la Universidad Arturo Jauretche, observa que las causas de exceso se concentran en enfermedades del sistema circulatorio y del sistema respiratorio. «Las hipótesis preliminares pueden relacionarlas con una disminución del seguimiento y control de enfermedades crónicas no transmisibles, que derivan en problemas metabólicos y circulatorios –afirma–. Hay aumento de muertes por enfermedades del sistema circulatorio en 2023 y 2024. Yo estimo que es por falta de diagnóstico temprano y controles«.

Diferentes entidades hacen foco en este último punto de vista y destacan que el caldo de cultivo para el aumento en la mortalidad se encuentra en la grave crisis sanitaria que enfrentan los adultos mayores en la Argentina debido a la desregulación económica y la retirada del Estado que llevó a encarecimiento de la medicina privada, pérdida de cobertura de medicamentos y deterioro en la calidad de vida, marcado por la inseguridad alimentaria y el aislamiento social.

El informe sobre el primer semestre de 2024 “Salud en agonía”, del CELS, destaca que la  profundización de la pobreza genera un escenario crítico en materia de salud tanto para los  sectores históricamente vulnerados como para las clases medias con una larga tradición de consumo y acceso a servicios de medicina prepaga con prestaciones en materia de medicamentos y tratamientos, que se fueron convirtiendo en bienes privativos. “En los primeros tres meses de 2024, de los dos millones de afiliados voluntarios a prepagas, aproximadamente un 10% de titulares dieron de baja su cobertura, lo que en números reales representa a cerca de 200.000 titulares. (…) Esto ocurre mientras que el sector público ya no tiene capacidad para atender más población de la que está atendiendo y que representa un 33% [del total]”. Si a esto se suman las decisiones oficiales de debilitar la red de hospitales que dependen de la Nación, disolver programas o transferírselos a las provincias sin los recursos correspondientes, entre tantas otras medidas como modificar las condiciones para que las personas afiliadas a PAMI puedan acceder a la cobertura del 100% en medicamentos y la discontinuación del programa Remediar, se podría estar gestando una «tormenta perfecta».

De hecho, la primera entrega de los Estudios Especiales de ANSES, “Mortalidad en mayores de 65 años según sexo e ingreso previsional. Estimaciones para Argentina, de 2015 a 2023”, destaca que el nivel de ingresos no solo define la calidad de vida, sino que funciona como un predictor de la mortalidad, ya que “cada vez que se duplica el haber mínimo previsional, aumenta casi un año la esperanza de vida”.

Por su parte, el Tercer Informe sobre la Calidad de Vida de Personas Adultas Mayores en la Argentina, elaborado por el Observatorio Humanitario de la Cruz Roja y que reúne datos recabados a partir del Índice de Bienestar de los Adultos Mayores (IBAM), encuestó a 1.164 mayores de 60 años residentes en todo el país y, en una escala donde 1 es bajo bienestar y 10 es alto, el IBAM de 2024 fue de 4.9 puntos, 0.8 puntos por debajo de 2022. En relación con la salud percibida, el 9,1% calificó su estado como “muy bueno”, el 34,9% lo consideró “regular” y un 5,7% lo definió como “muy malo”El 65% afirmó que carece de acceso a salud mental, lo cual genera mayor ansiedad, estrés y soledad.

Sin embargo, otros especialistas, como Adrián Santoro, investigador del Centro de Implementación e Innovación en Políticas de Salud (IECS), que integra el grupo asesor de la OMS sobre vigilancia de la mortalidad, relativizan este punto de vista. «En términos personales, no me caben dudas de que los recortes que estamos experimentando en el sector salud, la retirada del Estado (via adjudicación de responsabilidades crecientes de financiamiento a las jurisdicciones) y la crisis del PAMI van a impactar en los adultos mayores –comenta–. Entiendo que para mejorar la salud de la población, el reto es avanzar en la mejora de la calidad y acceso a los servicios de salud públicos para atacar el principal problema en la Argentina que es, a mi criterio, la inequidad. La desfinanciación del sistema público, el debilitamiento de las obras sociales y la desregulación del sistema privado encarnan el camino opuesto y, seguramente, arrojarán peores resultados que los que nos acostumbramos a observar. En ese marco, este análisis muestra algunas alertas, pero para mí, no permite confirmar lo que suponemos en relación con la degradación de los adultos mayores, al menos hasta el momento. De la misma manera en que los aumentos de la tasa de mortalidad infantil y la razón de mortalidad materna observada con los datos de 2024 constituyen alarmasalgunos indicadores del mismo año podrían representar alertas sobre la población del otro extremo de la pirámide poblacional. Pero hay que analizarlos con cautela. Si bien los datos marcan algunos indicios de ruptura de tendencias a la baja en la mortalidad (por ejemplo, en la mortalidad general, por enfermedades infecciosas y por causas externas), no son concluyentes. Los datos abiertos disponibles no permiten mayor apertura de causas y grupos de edad. La última información disponible de estadísticas vitales corresponde a 2024 y, dado que 2025 es el de profundización del ajuste, estos indicios deberán ser reevaluados cuando esté disponible la información de este último período«.

(fuente: https://www.eldestapeweb.com/)

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