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A 50 años del golpe: en medio del negacionismo libertario, convocatorias para marchar en todo el país por Memoria, Verdad y Justicia

Organismos de derechos humanos, sindicatos, agrupaciones políticas y sociales convocan a movilizaciones en todo el país este 24 de marzo. En un contexto de tensiones y discursos negacionistas, la consigna vuelve a ser clara: nunca más.

A medio siglo del golpe cívico-militar de 1976, Argentina se prepara para una nueva jornada masiva de movilización en defensa de la memoria colectiva. Este 24 de marzo, miles de personas volverán a ocupar las calles en distintos puntos del país para reafirmar un consenso construido durante décadas: los crímenes del terrorismo de Estado no admiten relativizaciones.

La convocatoria central tendrá lugar en la Plaza de Mayo, donde organismos históricos como Madres de Plaza de Mayo y Abuelas de Plaza de Mayo encabezarán la movilización, acompañados por sindicatos, partidos políticos, organizaciones sociales y una amplia participación ciudadana.

En la Ciudad de Buenos Aires, la marcha principal se concentrará desde primeras horas de la tarde en distintos puntos del centro porteño para confluir en Plaza de Mayo. Se espera una convocatoria multitudinaria, atravesada no solo por la conmemoración histórica sino también por el rechazo a discursos que buscan relativizar el terrorismo de Estado. Además de la movilización central, habrá actividades culturales, intervenciones artísticas y lecturas de documentos consensuados entre los organismos.

CONVOCATORIAS EN TODO EL PAÍS

La jornada tendrá carácter federal, con marchas y actos en las principales ciudades:
– En Córdoba, la movilización partirá desde Colón y Cañada hacia el centro, con fuerte participación estudiantil y de organismos locales.
– En Rosario, la convocatoria será en la Plaza San Martín, con un acto central frente a la sede de Gobierno provincial.
– En La Plata, organizaciones marcharán hacia Plaza Moreno, en una ciudad marcada por la memoria de la represión.
– En Mendoza, la movilización recorrerá el centro con actividades culturales y señalizaciones de sitios de memoria.
– En Tucumán, la jornada incluirá marchas y actos en ex centros clandestinos, con fuerte presencia de organismos de derechos humanos.

También habrá actividades en ciudades más pequeñas, universidades y espacios culturales de todo el país, reforzando el carácter colectivo de la conmemoración.

«FLORECERÁN PAÑUELOS» EN ÉPOCAS DE NEGACIONISMO

Abuelas de Plaza de Mayo, junto a otros organismos de Derechos Humanos como CELS, Hijos y Nietes, invita a la sociedad, instituciones, sindicatos, comunidad educativa y organizaciones de la sociedad civil a sumarse a la campaña “Florecerán pañuelos”. De acuerdo a la información difundida en redes sociales, la propuesta consiste en hacer pañuelos blancos e intervenirlos con frases, nombres, símbolos, dibujos, flores, bordados, dibujados, pegados, para que florezcan historias en todos los rincones del país. “El 24 de marzo llenemos de pañuelos y de resistencias las plazas”, reza el comunicado difundido.

Y agrega: “A 50 años de la dictadura más cruel de Argentina, frente a un gobierno empecinado en negar o justificar el terrorismo de Estado, insistimos en hacer memoria de manera activa, colectiva y participativa, como lo han hecho las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo durante cinco décadas. Frente al silencio y ocultamiento, con creatividad, buscaron las formas de conocer la verdad acerca del destino de sus hijos e hijas y de sus nietas y nietos desaparecidos. También la manera de hacer memoria para recordar las historias de vida, lucha y militancia de una generación que buscaba la ampliación de derechos y la soberanía».

MÁS VIGENTE QUE NUNCA

Este nuevo aniversario se da en un contexto particular. A 50 años del golpe, distintos sectores advierten sobre el avance de discursos negacionistas y relativizadores del terrorismo de Estado. Frente a ese escenario, la movilización del 24 de marzo vuelve a adquirir un significado que trasciende la conmemoración: se trata de una reafirmación política y social de los consensos construidos en democracia. “Memoria, Verdad y Justicia” no es solo una consigna histórica. Es una política de Estado sostenida durante décadas que permitió juzgar a los responsables de crímenes de lesa humanidad y construir una memoria colectiva basada en hechos comprobados.

Es que a 50 años del golpe de Estado, no se trata solo de recordar una fecha. El 24 de marzo marca una línea divisoria en la historia argentina: el momento en que el poder económico, con apoyo militar, decidió imponer a sangre y fuego un modelo de país basado en la exclusión, la persecución y el disciplinamiento social. La dictadura no fue un desvío ni un exceso. Fue un proyecto. Y para llevarlo adelante necesitó desplegar un sistema de terror que incluyó secuestros, torturas, desapariciones y apropiación de niños. La cifra de 30.000 desaparecidos no es solo un número: es la dimensión de un plan sistemático que buscó borrar personas, historias y lazos sociales.

Ese entramado no se sostuvo únicamente con militares. Contó con complicidades civiles, eclesiásticas y mediáticas, y también con un clima social que, atravesado por el miedo, la desinformación y la estigmatización, habilitó frases como “algo habrán hecho”. Una fórmula que no solo justificó el horror, sino que aisló a las víctimas y quebró los vínculos más básicos de la vida en común.

LAS DESAPARICIONES Y LA HERIDA ABIERTA

El terrorismo de Estado introdujo una figura que aún hoy atraviesa a la sociedad argentina: la del desaparecido. No se trata solo de la muerte. Se trata de la ausencia sin respuesta, de la imposibilidad de saber qué pasó, dónde está, cómo terminó una vida. Esa incertidumbre radical bloquea algo esencial: la posibilidad de duelo. Sin duelo no hay cierre, no hay elaboración, no hay reparación posible. Por eso la desaparición fue, además de un crimen físico, una forma extrema de violencia psicológica y social.

El propio dictador Jorge Rafael Videla lo sintetizó con brutalidad cuando afirmó que el desaparecido “no está ni muerto ni vivo”. En esa definición no solo hay cinismo: hay una declaración de método. La desaparición como forma de borrar al otro incluso de su condición humana.

LAS MADRES Y LA MEMORIA

Frente a ese intento de aniquilación total, surgió una de las respuestas más potentes de la historia argentina: la de las Madres de Plaza de Mayo. Cuando el poder ordenaba callar, ellas ocuparon el espacio público. Cuando se imponía el miedo, insistieron con una pregunta simple y devastadora: ¿dónde están? Su ronda no fue solo un acto de resistencia. Fue también una forma de reconstruir lo que el terrorismo de Estado había intentado destruir: el lazo social, la palabra, la memoria. Como en las tragedias clásicas, su gesto marcó un límite. Hay algo que no puede ser negociado: el derecho a nombrar a los muertos, a saber qué pasó, a exigir justicia.

LA MEMORIA EN EL PRESENTE

A medio siglo del golpe, ese consenso no está completamente a salvo. En los últimos tiempos volvieron a circular discursos que relativizan el terrorismo de Estado, que buscan equiparar responsabilidades o incluso reivindicar a los responsables. No se trata de hechos aislados. Es una disputa por el sentido de la historia y, sobre todo, por el presente. Cuando desde espacios de poder se habla de “excesos” o se banalizan conceptos como “desaparecer”, no se está opinando sobre el pasado: se está corriendo un límite. Se habilita, aunque sea en el plano simbólico, una forma de violencia que la sociedad argentina decidió no tolerar más.

SE VUELVE A MARCHAR

Por eso el 24 de marzo no es solo una conmemoración. Es una intervención en el presente. Salir a la calle es una forma de sostener un acuerdo democrático básico: que el Estado no puede ejercer violencia ilegal sobre su población, que los crímenes de lesa humanidad no prescriben y que la memoria es una herramienta para evitar la repetición. Pero también es algo más íntimo: Es una manera de defender aquello que nos constituye como sociedad: la capacidad de reconocer al otro, de construir lazos, de no naturalizar la crueldad. A 50 años del golpe, lo que está en juego no es solo el recuerdo del pasado. Es el tipo de país que se elige ser. Y, una vez más, la respuesta vuelve a escribirse en las calles.

Las marchas del 24 de marzo, que se replican año tras año, funcionan como un recordatorio de ese camino, pero también como una advertencia frente a cualquier intento de retroceso. A 50 años del golpe, la pregunta ya no es solo qué pasó, sino qué sociedad se elige construir. Y, como cada año, miles de personas volverán a responder en las calles. Nunca más.

(fuente: Política Argentina)