Igual que 53 años antes, cuando Buenos Aires le había puesto precio a la cabeza de José Gervasio Artigas.
Impaciente y nervioso por no poder dominar pronto y definitivamente a la segunda revolución jordanista, el presidente Domingo Faustino Sarmiento remite un proyecto a la Cámara de Diputados de la Nación, poniendo precio a la cabeza del general Ricardo López Jordán y a las de sus compañeros de lucha.
El artículo 1º del proyecto dice:
«La suma de 100.000 pesos fuertes será dada al que o a los que aprehendiesen y entregasen a las autoridades constituidas, excepto el caso de que cayese en poder del ejército, vencido y capturado como prisionero, a Ricardo López Jordán etc.».
El art. 2º ofrece 10 mil pesos fuertes por don Mariano Querencio, y por el art. 3º crea premios de mil pesos fuertes para quienes entregaran a autores de excesos cometidos durante la revolución. (NR: entre los que se encontraba José Hernandez).
Este proyecto tiene un solo antecedente en el país. Cuando Artigas, el 20 de enero de 1814, se retira del sitio de Montevideo, el director Gervasio Antonio de Posadas, dicta un decreto el 11 de febrero, aforando su cabeza: «Se recompensará con 6.000 pesos al que entregue la persona de don José Artigas, vivo o muerto».
Pasajes olvidables, por su miserabilidad; pero no olvidables, para saber quien era quien en la historia argentina.
Fuente: Archivo Entre Ríos
Esta nota fue publicada por la revista La Ciudad el 29/5/2020