
Por Alfredo Guillermo Bevacqua –
Es inevitable el lugar común: el fútbol está de duelo. Murió un auténtico grande: Amadeo Carrizo. Es probable que solo Ubaldo Matildo Fillol sea el único capaz de discutirle el primer lugar en el podio, porque Hugo Gatti, fue un discípulo que no superó al maestro.
Amadeo Raúl Carrizo fue el arquero de River durante la última parte de la década del ´40, toda la década del ´50 y casi todos los años ´60. Toda una vida en River; un figura símbolo que River ha respetado.
Fue un arquero de todos los tiempos. Dominaba el área, iniciaba el juego, jugaba con los pies, y además atajaba mejor que todos.
Tenía pinta de galán de cine. Si hasta lo invitaban para presentar ropa masculina en los desfiles de modelos.
En su larga trayectoria -24 años bajo los palos de River- (antes los arcos no eran de caños, eran postes y largueros de madera), fue también arquero de la selección, allí supo de las dos caras del fútbol: el mundial de Suecia y los 6 goles de Checoslovaquia parecieron punto final a su carrera, pero el fútbol da revanchas, y en 1964, fue protagonista en la Copa de las Naciones, que tuvo igual destino que el Mundial del ´50, o que el Mundial del 2014: Brasil no ganará nunca esos mundiales. La Copa de las Naciones la organizó Brasil, bicampeón del mundo, con sus títulos de Suecia y Chile, para festejar y ganar ante su pueblo; en el ´50, MarAcaná fue silencio y llanto; en el 64 fue el Pacaembú, Argentina le ganó 3 a 0 a Brasil, Pelé le destrozó el tabique nasal a Messiano, su reemplazante la “Oveja” Telch, marcó dos goles y Carrizo, contuvo un penal inventado por el 10 que abdicó en el ´86 ante un pibe de Fiorito.
En 1966 nuevamente cargó con una derrota; cuando la Libertadores se definía con tercer partido, River enfrentó a Peñarol, luego de ganar cada uno su partido como local. Al término del primer tiempo, River ganaba 2-0; en el segundo tiempo, y cuando River gAnaba 2-1, Carrizo paró con el pecho un cabezazo del peruano Joya. Los hombres de Peñarol protestaron porque estimaron que Carrizo, los estaba “sobrando”; el empate de Peñarol llevó a un alargue. River dominó, pero Peñarol fue contundente en el contragolpe y terminó ganando 4 a 2. Unos espectadores tiraron un gallina al campo de juego. Desde entonces el mote aviar que identifica al millonario. Otro karma, fue Paulo Valentín, el 9 de Boca que le hizo 10 goles a River, 8 a Carrizo, 2 a Rogelio Domínguez. Un verano del 78, “el Tito” Goncalvez –el 5 de Peñarol- desmintió que esa jugada los hubiera motivado o agrandado; simplemente, fueron a buscar un empate, que en un alargue los beneficiaba por diferencia de gol (habían ganado 2-0) en la ida.
Y esa estatua viviente, un día jugó para Almagro; si, nuestro Almagro. En 1969. En la cancha de la Liga, que dio su nombre al barrio actual. Atajó unos 60 minutos; estaba disconforme con el terreno sin césped y duro como un cemento de las áreas; hizo señas al banco, entró “Pocho” Vergara y el saltó por el alambrado del arco norte de la cancha. Ya era una leyenda. Nadie supuso ver una gran atajada, solo querían ver esa estatua viviente de un fútbol, por entonces, lejano, inalcanzable. Ayer murió. Tenía 93 años.—