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El principio supremo de las cosas

Por: Eduardo Gradizuela          –              

Hay fechas que marcan.

Hace 50 años, Defensores de Talita elevaba la copa de campeón del fútbol zonal, luego de una gran campaña que sepultaba doce años de sequía.

La recordación, una evocación muy doméstica, del recorte halagador que “Tónico” estampara en los “Saldos y Retazos”. Elevado género de color del tradicional matutino, que descansa en la repisa de los buenos momentos.

Raúl y Derlis Francoú dos emblemas, por legitimidad de origen y atributos técnicos, lucen en el retrato, junto a “Don Renato”, cumplido de algún ocurrente dedicado al agropecuario entrenador, que “El Marqués” popularizara en el “Panorama” de los lunes (de rebosante audiencia)

No se trata de nostalgia.

La gloria de “Los Cardenales del Tala” dispara la evocación de un fútbol que ejercía idolatrías, de admiración por aquellos muchachos, de rostros reconocibles e identitaria representación.

No pasó únicamente en el Zonal. Era un fenómeno expresado en cada pueblo, donde rodara una pelota.

Roberto Montañana, de bermudas a lo Gatti o el “Lechuga” Chamot (que legara la herencia del Flaco, en la “albiceleste”, nada menos), en Los Gorilas; “Totón” Alba, de zurdazo furibundo (doy fe de aterrorizados arqueros), en San Martín de Herrera; la elegante gambeta del “Pinino” Latour, en Juventud de Caseros, o los ágiles desplazamientos de “Catalo” Cardozo, encabezando los eléctricos ataques de “los reyes del toque” del DEPRO.

Algún memorioso extendería la lista. Sería un estricto acto de justicia.

Casi inadvertido pasaría por la calle el nueve goleador del clásico del último domingo, por más méritos que se lo reconozcan. Realidad de una sociedad fragmentada.

Por supuesto que aquella fue una etapa de la historia desprovista de los adictivos estímulos actuales. Cuando los domingos de fútbol asumían el valor de la esperada recompensa para los rutinarios quehaceres semanales.

1976 representó el quiebre de esa sociedad integrada, de amplia clase media (con expectativas) que nos enorgullecía y de una ruralidad que aún contenía a muchas familias esperanzadas en el precio de la próxima cosecha.

La entrada de los equipos a la cancha o la algarabía de un gol resonaba en las bocinas estridentes de las chatas. Y la celebración de un título se prolongada hasta bien entrada la noche (soy testigo de la improvisada ranchera con relaciones, bailada en la penumbrosa escenografía de un galpón de pollos)

La cancha del DEPRO fue bautizada con el nombre de su gran goleador, Delio Esteban Cardozo, y en Cirilo Vereda, el Atlético Colonia Elía rinde homenaje a la emblemática figura del jugador, hincha y dirigente.

Gestos de gratitud y respeto a la esencia.

Principio supremo de las cosas.

 – Octubre de 2026

Colaboración de Alfredo Guillermo Bevacqua

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