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¿Inmortalidad? No, gracias: los argentinos prefieren vivir 90 años con salud plena antes que 150 con limitaciones físicas

Según una encuesta de la UBA, el 89% cree factible que la ciencia logre aumentar significativamente la esperanza de vida en los próximos 30 años. La amenaza y el temor de una longevidad en soledad.

“El envejecimiento humano es un problema muy fácil de resolver”, postuló el trillonario Elon Musk en el último Foro de Davos. Otro tecnomagnte, el ya famoso Peter Thiel, está obsesionado con vivir más de 120 años e invierte millonadas en desarrollos biotecnológicos que persiguen esa meta. Fuera de ese universo de seres distópicos y acaudalados, la longevidad no resulta tan tentadora. Al menos así lo reflejó una encuesta realizada en Argentina: el 83% prefiere vivir 90 años con salud plena antes que 150 con limitaciones físicas.

Los datos se desprenden de la encuesta realizada por el Observatorio de Psicología Social Aplicada (OPSA) de la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires, sobre una muestra de 1.851 casos.

“Frente a toda una industria del anti-age podríamos decir que la gente no elige lo estético como el factor de rejuvenecimiento clásico, tal como nos lo quieren vender, sino en términos generales la lucidez mental, la fortaleza física. Entre los dos grupos de más edad –de 50 para arriba- aparece el equilibrio mental mucho mejor posicionado que en las edades más jóvenes. Como elementos que hacen que verdaderamente valga la pena la vida con esas condiciones”, señala Ricardo Iacub, profesor titular de Psicología de la Tercera Edad y Vejez y vocero del trabajo. “Lo que queda claro es que la gente no quiere la eternidad porque sí”, destaca.

Nada en soledad

La noción de una vida indefinida no convence. La idea genera un 43% de rechazo, sobre un 27% de aceptación. Con un alto porcentaje de incertidumbre: el 30% no sabe. Lo que está claro es el peso de lo vincular. La inmortalidad como posibilidad solo se negocia en familia; para un 54% sería aceptada únicamente si también estuviera garantizada para sus personas amadas. Un pobre 9% la tomaría para sí solo.

“Vivir para siempre, en soledad, no es leído como una promesa: es leído como una amenaza”, resume el trabajo. La respuesta más homogénea de todo el relevamiento muestra que el 70% teme –ante un escenario de longevidad- ver morir a quienes quiere. “Lo que pesa de una vida larga no es el mundo que cambia (10%) ni tener que reinventarse una y otra vez (10%): es quedarse. La longevidad se teme como soledad, y esa es una condición que ningún avance biomédico resuelve por sí solo”. Por más millones que gasten Musk y Thiel.

La encuesta se basó en 12 bloques temáticos con preguntas sobre longevidad, rejuvenecimiento, vida indefinida e inteligencia artificial. Una amplia mayoría (89%) cree factible que la ciencia logre aumentar significativamente la esperanza de vida en los próximos 30 años. Pero muchos menos planean subirse a esa ola: el 52% aceptaría un tratamiento seguro de rejuvenecimiento, el 27% una terapia que permitiera vivir indefinidamente y sólo 15% una continuidad digital basada en la conservación de sus recuerdos y su forma de pensar, algo propio de Black Mirror.

Más vida, pero finita 

“Cuando se pregunta sobre el término de la vida, en líneas generales todos apuestan a 90 años. Es muy curioso, porque hace diez años hubo una investigación sobre esto en Estados Unidos y dio la misma edad. Es un promedio que nuestra época imagina, quizás dentro de algunas décadas sea distinto”, analiza Iacub en diálogo con Tiempo. Esa aspiración promedio implica una década más que la esperanza de vida actual: “No se sueña con la eternidad, se pide una prórroga y con salud”.

¿Cuán factible se percibe la posibilidad de correr ese horizonte? El estudio muestra que la mitad de la población consultada (49%) reconoce que “hay ciencia, pero se exagera”, un 26% lo reduce a promesas de marketing y solo un 18% lo toma como ciencia consolidada.

“Vivir hasta una edad determinada es preferido por dos de cada tres (67%). Mientras que vivir sin límite de tiempo, solo por el 17%. Se quiere más vida, pero con final”, es una de las conclusiones del Observatorio.

Debates bioéticos

Ante la consulta sobre qué cuestiones preocupan en torno al avance de tratamientos para el rejuvenecimiento, la inquietud dominante se reparte en los efectos a largo plazo todavía desconocidos (23%), que solo pudieran acceder los ricos (23%) y la alteración del curso natural de la vida (22%). “Ciencia incierta, desigualdad y naturaleza: los tres frentes clásicos del debate bioético, presentes de manera espontánea”, señalan los autores.

“Es un estudio que pone en juego cómo está la sociedad frente a una realidad que se avecina”, analiza Iacub. La encuesta incluye preguntas sobre un futuro incierto, en un contexto en que se corren cada vez más los límites de lo verosímil. Pero las respuestas ofrecen algunas certezas: “El dilema del trabajo desnuda el precio que no se quiere pagar: vivir 200 años trabajando hasta los 150 es rechazado por el 60% y aceptado por el 26%. Ni siquiera los más jóvenes compran esa idea (57% de ‘no’ entre los menores de 30). Una lectura posible: el tiempo extra pierde atractivo cuando se lo imagina ocupado por la obligación laboral”. ¿Vivir para trabajar? No, gracias.

(fuente: https://www.tiempoar.com.ar/)