por Pablo Stein –
El primer presidente constitucional (electo por los votos de 97 electores), el entrerriano Justo José de Urquiza, es protagonista en una época en la que el “machismo” era impuesto en toda la sociedad, pero ¿Se puede además agregar el término de misoginia a comportamientos que efectuaron algunos de los protagonistas principales de nuestros primeros años como independientes?
Para ello, hemos elegido analizar las conductas de dos notables que ostentaron el cargo de presidentes, Urquiza de la Confederación y Sarmiento del pais.
Las mujeres de Sarmiento
El panegirista de Sarmiento, Adrián Pignatelli dio a conocer el contenido de una carta que con consejos le envió Sarmiento a su sobrino Domingo en 1843:” No creo en la duración del amor que se apaga con la posesión”
No le importaban al gran maestro lo que pudieran sentir las mujeres y así actuó con ellas durante toda su vida.
A María del Canto, que tenía solo 17 años, la uso y cuando dio a luz a Ana Faustina, hija desconocida por los biógrafos del sanjuanino, llevo la niña a doña Paulina para que la criara porque no había sido más que “Una calavereada de muchacho”.
A la viuda Benita Martínez Pastoriza, le reconoció, pero como hijo adoptivo a Domingo Fidel (Dominguito) y luego la abandono.
Mary Mann, era la esposa de Horace cuando se convirtió en amante de Sarmiento en Boston, Estados Unidos, pero tampoco duraron sus relaciones con ella.
Parecía que los gustos por las mujeres casadas despertaran los deseos de posesión de don Faustino, ya que Ida Wictersan, 30 años menor y también casada paso a engrosar la lista de sus conquistas y finalmente, otra mujer casada y a la que había conocido de niña, Aurelia Vélez Sarsfield y cuando ya era presidente de los argentinos. termino siendo la amante que lo acompaño hasta su muerte en Paraguay en 1888.
Pobres maestras
Inspirado en el pensamiento del “GRAN MAESTRO” El Consejo nacional de Educación, diseño un contrato en el que se detallaban las exigencias que debían cumplir las damas en 1923 (Gobierno Radical) para acceder a un cargo de maestra en una escuela del Estado.
Todo prohibido
No podían casarse, ni andar en compañía de hombres, salvo su padre o hermanos.
No podían viajar sin estar autorizadas por la autoridad escolar, ni fumar. Menos aún usar cosméticos, teñirse el pelo, transitar solas por el centro, ingerir bebidas alcohólicas, usar vestidos con ruedo no más de 5 centímetros arriba de los tobillos y dos enaguas debajo del mismo. Ridículo pero real.
Las mujeres de Urquiza
Es aquí donde hay una clara diferenciación en el tratamiento del género femenino por parte de Urquiza ya que diferencia claramente a aquellas perteneciente a las familias de menores recursos en una sociedad dividida en clases y al respecto tomamos las palabras de Juan Coronado, autor de “Misterios de San José” y que fuera secretario del caudillo: “Cuando algún capataz o peón del general Urquiza necesitaba proveerse de mujer en amancebamiento forzoso no tenía más que pedirle a S:E. En San José había un depósito de mujeres presas, y los capataces del general tenían el privilegio de elegir. Ese es uno de los medios de terminar las causas, dándose por compurgado el delito de la acusada”
Las victimas ilustres
Lo fueron aquellas mujeres que perteneciendo a clases más acomodadas el único reconocimiento que tuvieron fue el de Urquiza reconoció la paternidad de sus hijos
Con Encarnación Díaz tuvieron en 1820 a Concepción.
Le siguió Segunda Calvento que entre 1823 y 1829 le dio 4 hijos: (Pedro, Diógenes, Waldino y José). A segunda Calvento la cambió por la madrina de Waldino y a la vez cuñada de su hermano Cipriano; Cruz López Jordán, madre de Ana Urquiza la más conocida de las hijas del general.
Nada importaba al general y de pronto paso a festejar a Doraliza Ferreira, pero la que quedo embarazada fue su hermana menor, Juanita y Doraliza termino siendo tía de Carmelo y Juanita.
El año 1846 nacieron tres hijas del general: Clodomira, Norberta y Medarda hijas de Transito Mercado, María Romero y Cándida Cardoso.
La Sultana favorita
Sarmiento llamaba con ese apelativo a Dolores Costa que siendo casi 30 años menor que Urquiza termino convirtiéndose en su esposa luego de dos casamientos, ya que el primero había sido rechazado por la iglesia.
Tuvo Dolores que soportar que cuando Urquiza la llevo a su residencia de San José, también llevara a Cruz que a esas alturas era suegra de su secretario favorito Benjamín Victorica casado con Ana.
Conclusiones
Cabe preguntarse por qué los panegiristas de Sarmiento o Urquiza nada dicen de tantas mujeres que fueron usadas para complacer a estos hombres para luego ser abandonadas, no solo las que pertenecían a la sociedad pudiente, sino las que pertenecían a un pueblo segregado por los sectores del privilegio.
Bibliografía consultada:
Vicente Catulo; “Nuevo diccionario biográfico argentino” Centro Editor de América Latina; Buenos Aires; 1984.