En ocasión del festejo del 25 de Mayo, en la Plaza Francisco Ramírez, la concejala Mariana Bardisa pronunció el siguiente discurso que compartimos con los lectores de La Ciudad.
“Buenos días, señor Presidente Municipal Dr. José Eduardo Lauritto, señora Presidenta del Honorable Concejo Deliberante Ing. Rossana Sosa Zitto. Señora legisladora nacional, señores legisladores provinciales, funcionarios del gabinete municipal, concejales y concejalas. Autoridades educativas, judiciales, eclesiásticas y de las fuerzas de seguridad y a todos los vecinos y vecinas presentes.
Nos reunimos una vez más para conmemorar el 25 de Mayo. Pero sería injusto, recordarlo apenas como una fecha patria, como una escena congelada en los manuales escolares, como una postal antigua de cabildos y cintas celestes y blancas.
Mayo fue mucho más que eso. Mayo fue una decisión.
Una decisión tomada en medio de la incertidumbre, cuando el viejo orden se estaba quebrando y nadie podía garantizar qué vendría después. No hubo comodidad en aquel gesto. No hubo certezas absolutas. No hubo un camino perfectamente trazado. Hubo, más bien, una pregunta contundente, e inevitable: qué hacer cuando el poder que ordenaba la vida política deja de ofrecer respuestas.
Y frente a esa pregunta, hubo quienes eligieron actuar.
Eso es lo que hace a Mayo un hito fundacional de la historia Argentina. Su grandeza radica en que, aun en medio de esa fragilidad, un pueblo comenzó a imaginar que podía gobernarse a sí mismo. El nacimiento del «Sujeto Político» argentino.
La Revolución de Mayo no fue solamente el reemplazo de una autoridad política por otra.
Fue el inicio de una nueva forma de pensar la comunidad política. Fue el momento en que comenzó a abrirse paso a una idea poderosa: que la patria no podía ser propiedad de unos pocos, ni destino reservado para los de siempre. La patria debía ser una construcción común.
Por eso, recordar Mayo no es mirar hacia atrás con nostalgia desolada. Es mirar el presente con responsabilidad.
Porque cada generación tiene su propio 25 de Mayo. Cada generación enfrenta su propio dilema. Cada generación debe decidir si se resigna al orden existente o si se anima a construir algo más justo.
En 1810, la pregunta era qué hacer frente a un poder colonial debilitado. Hoy la pregunta es otra, pero no menos profunda: qué hacemos frente a la desigualdad, frente al abandono, frente a la fragmentación social.
Y esa pregunta no se responde con discursos grandilocuentes. Se responde con decisiones.Mariano Moreno lo comprendió con una lucidez que todavía incomoda. Entendió que no alcanza con proclamar libertad si esa libertad no llega a los sectores populares. Una revolución que cambia autoridades pero conserva privilegios es apenas una mudanza del poder. La verdadera transformación exige algo más difícil: tocar intereses, ampliar derechos, abrir oportunidades, discutir la distribución de la dignidad.
Manuel Belgrano también lo interpretó. No pensó la patria como un premio personal ni como una carrera de honores. La pensó como servicio. Por eso, cuando recibió una recompensa por sus acciones, eligió destinarlo a la educación para construir escuelas. Ese gesto sigue hablándonos hasta el dia de hoy. Nos recuerda que el poder público no se mide por lo que acumula, sino por lo que devuelve. Que gobernar no es administrar ventajas, sino construir condiciones para que otros puedan vivir mejor.
Mariano Moreno y Manuel Belgrano, dos de los principales protagonistas intelectuales y políticos de la Revolución de Mayo, fueron hombres atravesados por conflictos reales. Y por eso mismo nos sirven como referencia: porque no vivieron en tiempos simples.
Actuaron cuando todo era difícil.
También nuestra ciudad sabe de decisiones difíciles.
Concepción del Uruguay no fue espectadora pasiva de la historia nacional. Esta ciudad, nacida junto al río, organizada en torno a su cabildo, marcada por su ubicación estratégica y por su identidad política, supo asumir tempranamente un lugar en el proceso revolucionario. Mientras las noticias viajaban lentamente por caminos inciertos, por ríos, postas y distancias difíciles, aquí también se discutía qué hacer. Aquí también hubo dudas, lealtades en tensión, temores y esperanzas.
Pero hubo algo más importante: hubo voluntad de participar.
Esa, es una marca profunda de nuestra identidad uruguayense. No mirar la historia desde afuera. No esperar que otros decidan siempre por nosotros. No aceptar que el interior sea apenas receptor de decisiones tomadas desde lejos. Concepción del Uruguay aprendió temprano que la patria también se construye desde los cabildos, desde los pueblos, las ciudades, desde las instituciones locales, desde la organización concreta de la comunidad.
Por eso, esta ciudad fue y sigue siendo mucho más que un punto en el mapa. Fue tierra de debates, de organización, de federalismo, de educación, de vida pública. Fue parte de esa Argentina profunda que muchas veces no aparece en el centro de la escena, pero sin la cual la Nación no puede comprenderse.
Y esa historia nos impone una responsabilidad.
Porque si algo nos enseña Mayo es que los pueblos no se definen sólo por lo que recuerdan. Se definen por lo que hacen con esa memoria.La patria no se honra solamente con símbolos. Se honra con presencia. Se honra cuando una comunidad decide que nadie sobra. Cuando el Estado, aun con límites, no se retira del todo. Cuando la cercanía se convierte en política pública.
Ese, es el sentido profundo de gobernar cerca. Es saber dónde duele. Es conocer el nombre de los problemas. Es entender que detrás de cada demanda hay una historia, que exige honestidad, sensibilidad social y conciencia de que cada decisión influye en la posibilidad de mejorarle la vida a las personas.
Gobernar cerca, es cuidar lo nuestro. Es actuar con responsabilidad y compromiso hacia el bien común. Cuidar lo nuestro, significa defender la identidad nacional, valorar lo propio y trabajar para que el país crezca sin perder sus raíces, su memoria y su soberanía.
Por eso, sostener servicios, acompañar a las instituciones, fortalecer la educación, cuidar el espacio público, defender la salud comunitaria, promover oportunidades para los jóvenes, estar presentes en los barrios y trabajar junto a las organizaciones sociales no son tareas menores. Son formas concretas de continuar el mandato de Mayo.
Porque Mayo no fue solamente independencia política. Fue una promesa de igualdad todavía inconclusa.
Esa promesa sigue abierta. Sigue reclamando trabajo, decisión y coraje. Sigue preguntándonos si queremos una sociedad donde el lugar de nacimiento defina de antemano las posibilidades de una persona. Sigue preguntándonos si aceptamos una comunidad partida entre quienes pueden salvarse solos y quienes quedan librados a su suerte.
Mayo nos exige recuperar esa idea: la patria como tarea compartida.
No una patria declamada desde los balcones. No una patria usada como consigna vacía.
Una patria real, hecha de vínculos, de responsabilidades, de derechos, de trabajo, de educación, de memoria y de futuro.
La patria es esta plaza. Es esta ciudad. Es el río que nos da identidad. Son nuestras escuelas, nuestros barrios, nuestros trabajadores, nuestros estudiantes, nuestros adultos mayores, nuestras instituciones. Es cada persona que todos los días sostiene un pedazo de comunidad, aunque nadie la aplauda.
Por eso, celebrar el 25 de Mayo no puede ser un simple acto protocolar. Tiene que ser una renovación de compromiso.
Compromiso con una ciudad que no se resigna. Con una Entre Ríos que no quiere ser periferia de las decisiones nacionales. Con una Argentina donde el progreso no sea privilegio de pocos, sino horizonte compartido.El progreso verdadero no consiste en que algunos lleguen más alto mientras otros quedan tirados en el camino. El progreso verdadero existe cuando los hijos pueden aspirar a vivir mejor que sus padres; cuando el esfuerzo tiene sentido; cuando la educación abre puertas; cuando el trabajo organiza la vida; cuando el Estado pone igualdad allí donde la desigualdad amenaza con volverse destino.
Ese es el desafío de nuestro tiempo.
No tenemos que imitar mecánicamente a los hombres y mujeres de 1810. Tenemos que hacer algo más difícil: estar a la altura de su audacia en las condiciones de nuestro presente.
La historia no la escriben quienes se quedan mirando. La escriben quienes deciden.
Quienes se comprometen. Quienes aceptan que construir comunidad lleva tiempo, exige esfuerzo y muchas veces no ofrece aplausos inmediatos.
Hoy, desde Concepción del Uruguay, volvemos a decir que Mayo sigue vivo cuando una ciudad se organiza, cuando una comunidad no abandona a los suyos, cuando el Estado está cerca, cuando la política se pone al servicio de la dignidad.
Que este 25 de Mayo no sea sólo una conmemoración. Que sea una pregunta. Que sea una exigencia. Que sea una decisión renovada.
Cuando el futuro mire hacia este tiempo difícil, ojalá pueda decir que no fuimos indiferentes. Que no nos escondimos detrás de las excusas. Que no dejamos solos a quienes más necesitaban una respuesta.
Que hicimos lo que estaba a nuestro alcance, con los recursos disponibles, pero con una convicción irrenunciable: nadie se salva solo y ninguna comunidad se construye desde el abandono.
El 25 de mayo de 1810, como hecho histórico de trascendencia política, institucional y social, redefinió el concepto de gobernar, ya no solo como el ejercicio de la autoridad, sino como la toma de decisiones orientadas a proteger aquello que pertenece a todos. Este 25 Mayo, reafirmemos el compromiso de que Gobernar es cuidar lo nuestro, nuestra Patria, nuestra historia, nuestro pueblo, nuestros recursos, nuestra cultura, nuestros derechos, nuestros sueños.
Que viva, nuestra histórica Concepción del Uruguay
Que viva Entre Ríos Y
que viva La Patria
Muchas gracias”
Colaboración de Alfredo Guillermo Bevacqua