Ser culto no es el que acumula conocimientos. “Eso lo hace una computadora”, nos dice el escritor uruguayo. Tener cultura es algo mucho más humano, que va enlazado en el respeto y la atención al otro.
Ser culto no es el que acumula conocimientos. “Eso lo hace una computadora”, nos dice el escritor uruguayo. Tener cultura es algo mucho más humano, que va enlazado en el respeto y la atención al otro.
La cultura no se basa en acumular títulos, lecturas y datos para hablar y deslumbrar en una reunión a quienes te rodean. La cultura puede consistir básicamente en escuchar.
Que lo diga yo no va a tener mucho valor. Lo importante es que lo diga una persona verdaderamente culta y reverenciada por diversas generaciones de todo el mundo. Esa persona es el escritor y periodista uruguayo Eduardo Galeano.
La mirada sabia del otro
Galeano es un referente para mi generación. Fue excelente periodista y excelente escritor. Esa doble condición se nota en su manera de mirar, de aprender. Vivió con la curiosidad del reportero y la sensibilidad del narrador.
Una vida que estuvo en el exilio en buena parte. Estuvo por Argentina y España hasta que pudo regresar a Montevideo, al final de la dictadura, en 1985, de donde ya no se movió hasta su muerte, en 2015, a los 75 años.
Su obra es en gran medida análisis político y social de su tierra y su tiempo. Intentó contar la historia y las heridas de Sudamérica. En todo se nota un interés por la gente, por acudir a esas pequeñas vidas para explicar las grandes. Se convirtió en la voz de los más pobres, de esos nadie del mundo.
Qué entiendes por educación
Hay que tener muy presente su forma de ser y de entender la sociedad para dar más sentido a lo que explicaba. En concreto, quiero recuperar una entrevista que concedió a la televisión argentina que es de lo más lúcido que he oído en mi vida.
Hablaba sobre educación. Cuál es la manera más adecuada de educar. Galeano era muy crítico con los postulados ultraliberales y elitistas que ya por entonces pregonaban que la lectura y la riqueza marcan la verdadera cultura.
Que un escritor te diga que la lectura no determina la cultura ya es todo un cambio. “Cuando me hablan de educación tiemblo -explicaba Galeano-. En general, la educación lo que ha hecho es imponer una escala de valores, una concepción del mundo, un orden moral a gente que tenían otros valores, otras concepciones, otras órdenes.”
En contra de la cultura impuesta
Él se oponía a esta concepción de la educación, esta idea de “yo voy a imponer la educación, a imponer la cultura, voy a civilizar”.
Esa mera idea de la imposición era la que tanto le chirriaba. No es menor que acababa de escapar de una dictadura, del ordeno y mando. A eso Galeano deja claro que “lo más importante es escuchar y respetar lo que se escucha, saber ver y respetar lo que se ve”.
Parte de la idea de que el otro siempre tiene algo que decir que vale la pena (“todos tenemos algo que decir que vale la pena”, subraya). Porque no hay certezas absolutas. Nadie puede transmitir “la verdad”. Como decía el filósofo Ludwig Wittgenstein, la verdad no existe.
Cuál es la verdadera verdad
“La verdad es el resultado de una cantidad de verdades contradictorias, que son tan contradictorias como lo somos nosotros mismos”, añade. Por eso, lo primero es el respeto. Respetar a los demás.
En este punto podemos hacer un matiz a partir de otro gran pensador contemporáneo como es el filósofo Antonio Marina. Marina coincidiría con Galeano en que hay que respetar a la otra persona, pero no así sus opiniones. “No todas las opiniones son respetables”, objetaba.
En este sentido, Galeano mostraba una actitud más ácrata. No se atreve a poner etiquetas. Esa frontera que separa a los civilizados de los bárbaros, a los cultos de los incultos, a los éticos y a los no ético es, a su entender, una frontera falsa. No tiene nada que ver con la vida.
Lectores incultos e iletrados cultos
Para Galeano, culto es aquel capaz de escuchar las voces de la naturaleza de la que forma parte.
Esa es una filosofía de vida que tiene larga tradición y que niega que la lectura traiga la civilización. Puede haber gente muy culta entre iletrados. Y al contrario, gente muy leída y muy inculta.
“Yo conozco una cantidad de personas con doctorados que son de una incultura tenebrosa”, explicaba Galeano en esa entrevista.
“En cambio, conozco gente profundamente culta que no sabe leer ni escribir o que escribe y lee de mala manera, porque culto es aquel que es capaz de escuchar al otro, culto es aquel capaz de escuchar las voces de la naturaleza de la que forma parte.”
Ese es el culto para Galeano. “No el que acumula conocimientos, más conocimientos acumula la computadora”, se burla.
Otra forma de educar en la lectura
Un “vecino” de Galeano, el pedagogo brasileño Paulo Freire defendía estas mismas ideas al proponer un aprendizaje que no sea algo que A deposita en B, sino un proceso con el otro, basado en el diálogo.
La filosofía de Simone Weil va en la misma línea y se basa en la atención. Esa atención plena hacia el otro, como una forma radical de generosidad.
No me gustaría que de este fragmento que hemos extraído de Galeano te quede la idea de que despreciaba los libros. Por supuesto, no es eso.
Lo que nos dice es que el conocimiento, si no va acompañado del respeto y la relación con el otro, se vuelve estéril. Puedes leerte media biblioteca y seguir sin enterarte de la persona que tienes delante.
(fuente: https://www.cuerpomente.com/)
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