No es una paritaria. Es una ingeniería de recorte con firma, foto y relato.
El Gobierno sale a vender “15,8%” como recomposición. Pero cuando uno baja al detalle —la letra chica— aparece la verdad: no hay aumento estructural, hay sumas fijas y, para coronar el truco, no remunerativas y no bonificables, con piso y techo. Traducido: te tiran un salvavidas hoy, pero te hunden mañana por el método más silencioso: destruir el salario aportable y achicar la base jubilatoria.
Y ahí está el corazón del escándalo: el 82% móvil queda en terapia intensiva.
Porque el 82% (como principio de proporcionalidad y movilidad) se sostiene sobre una idea simple: la jubilación debe seguir al salario real del activo. Si una parte creciente del ingreso se paga “por afuera” (no remunerativo, no bonificable), entonces el salario real pasa a ser una ficción: el activo cobra una cosa; el sistema previsional registra otra; el jubilado queda atado a la versión más baja. No es un detalle técnico: es un método para licuar jubilaciones sin animarse a decirlo.
Y el “toque” más indecente: el techo. Si por cálculo te corresponde más, no te lo pagan. Te lo cortan. La Provincia inventa un “derecho salarial con tope”, como si el salario fuese un beneficio discrecional. El salario no es un cupón: es un derecho. Y si hay crisis, se discute con reglas claras, no con tijera escondida.
Acá entra la firma que completa el cuadro: Allende. El mismo Allende sobre el que hay crónicas periodísticas que afirman que firmó un juicio abreviado reconociendo un crecimiento patrimonial indebido superior a un millón de dólares y ofreció entregar inmuebles —incluida una mansión valuada en más de 700 mil dólares— en el marco de una causa por enriquecimiento ilícito; y también se publicó que un juez rechazó acuerdos de abreviado en instancias vinculadas a su situación judicial.
Con ese historial de “abreviados” y negociaciones, la firma sindical no tranquiliza: agrava. Porque cuando el garante del trabajador aparece pegado a expedientes de esta naturaleza, lo que se firma no es una paritaria: es una rendición con moño institucional.
La paritaria real es simple: básico, remunerativo, bonificable, sin trampas. Lo demás es maquillaje contable. Y el maquillaje tiene finalidad: desenganchar jubilaciones del salario real, licuar la movilidad, disciplinar el gasto previsional a costa del laburante.
Así que sí: con este acuerdo, chau al 82% móvil. No porque lo deroguen en una ley, sino porque lo matan con algo peor: una paritaria trucha que desarma el salario desde adentro.
(fuente: https://lacaldera.com.ar/)
Colaboración de Alfredo Guillermo Bevacqua