El burnout parental es un síndrome que afecta a padres y madres expuestos a altos niveles de estrés en relación a la crianza de los hijos.
La familia ha dejado de ser el único motor del armado de la personalidad del niño. La socialización cada vez más temprana de los chicos y el uso de las pantallas muestran que la influencia familiar coexiste con la de instituciones como la escuela o el club, la tecnología -en vertiginosa evolución- y el grupo de pares. La familia se muestra más permeable al medio ambiente y hoy existen múltiples vínculos en la vida de un niño o adolescente que pueden aportarle su especificidad y novedad, en sentidos tanto positivos como negativos.
El “miedo al adulto” y a sus castigos -muy frecuentes antaño- ha disminuido. Hoy están fuertemente sancionados y contraindicados. En ocasiones se invierte la situación: el grande le tiene miedo al chico. Padres y maestros se sienten desbordados por niños que a muy temprana edad presentan conductas que parecen “incontrolables”. Los padres tienden a sentirse inseguros en relación a la crianza. Recibimos consultas de chicos que insultan o pegan a los padres y padres que se asustan frente a los enojos de sus hijos y sienten que están obligados a acceder a sus reclamos. Ante esto los padres suelen padecer sentimientos de vergüenza o culpa. Se preguntan: ¿Qué hicimos mal? ¿En qué nos equivocamos?
Las brechas se han hecho tan amplias que los hijos -nativos digitales- son quienes con frecuencia manejan la tecnología mejor que sus padres y les enseñan, en lugar de ser al revés. La agenda social empieza muy tempranamente, en la guardería o en la sala de dos años. La infancia o adolescencia parece haberse convertido en un período de demostración de habilidades y conocimientos, con exigencia de logros inmediatos. Los niños tienen doble escolaridad y actividades extra escolares que les dejan pocos espacios libres y a menudo se quejan de estar “estresados”. Predomina la idea de que los niños -al igual que los adultos- deben hacer cosas productivas. El tiempo para el ocio y el jugar no es considerado valioso.
Comprobamos que el mundo adolescente con sus modas y giros lingüísticos se ha constituido en un referente muy importante para los adultos, que se impregnan con facilidad de sus formas de ver la vida, de vestirse, de manejarse en los vínculos, en lugar de ser al revés, como era antes. Cada época tiene lo suyo. No son tiempos mejores ni peores…son diferentes. Hoy se trata de poder mirar el mundo desde los ojos de los niños o adolescentes sin que se diluyan las diferencias generacionales. Y de construir una relación mutua de respeto, nunca a través de la venganza o la violencia.
Psicoanalista. Miembro de la Asociación Psicoanalítica Argentina. Especialista en parejas y familias. Especialista en niños y adolescentes. Autora del libro “La familia y la ley. Conflictos-Transformaciones”.
Fuente: Ámbito
