por Pablo Stein –
La provincia de Entre Ríos supo combatir con 3 enemigos a la vez: Los defensores de la monarquía española asentados en Montevideo, Los portugueses que invadían desde el Brasil y la propia Buenos Aires.
Un hombre nacido en la misma Buenos Aires y perteneciente en esos momentos a las filas del partido Autonomista, supo ver los males que acarrearía a la republica el poder concentrado en esa ciudad: Leandro Alem.
La ley de capitalización
Presentada durante la presidencia de Nicolás Avellaneda, la ley de capitalización de Buenos Aires fue finalmente promulgada el 6 de diciembre de 1880 por el nuevo presidente: Julio Argentino Roca.
Si bien desde 1863 las autoridades nacionales residían allí luego de disuelta la Confederación, aun no existía una ley que fijase en forma definitiva cual sería la ciudad capital y existían diversos proyectos porque lo que realmente estaba en discusión era el funcionamiento de la aduana.
Decide el Poder legislativo
El proyecto de Avellaneda fue finalmente tratado por el poder legislativo luego de nuevas elecciones en las que resultó electo Julio A. Roca como Presidente, pero era la provincia de Buenos Aires la que debía aceptar o rechazar el proyecto.
En el Senado no se registró oposición alguna pero cuando llego a la cámara de Diputados Leandro Alem que había querido ser diputado provincial, precisamente para oponerse a la ley, hizo oír su voz en sesiones que llevadas a cabo los días 12, 15, 17 y 24 de noviembre que lo mostraron como un defensor del federalismo y un demócrata convencido.
Contra su propio partido
Puntualizó en primer lugar la contradicción de su partido (Autonomista) que habiendo nacido a la vida pública por negarse a la federalización de Buenos Aires el 11 de septiembre de 1852, ahora era el que impulsaba la medida.
En ese acomodarse constante que vemos hoy en día, en el cual los opositores a una medida, de pronto estando en el poder, hacen exactamente lo contrario a lo que predicaban y todo por conveniencias personales, podemos retroceder a 1880 y decir que los nacionalistas de Mitre que en 1862 se jugaban por la federalización, ahora se oponían.
Las razones del privilegio
Por Alem nos enteramos también que uno de los argumentos que pesaban en el ánimo de los políticos para tomar la decisión, aunque el mismo no aparezca en sus discursos es que “si la capital de la Republica va a parar a Rosario, o a Zarate o a Paraná, nos dicen que ninguna persona de mediana posición, ningún hombre distinguido se ha de trasladar allí, y la Autoridad Nacional solo tendrá segundones de turno”
El fin de una República Federal
Pero lo más importante para los que habitamos en las provincias, es que Alem deja claro que la capitalización de Buenos Aires concluirá con el federalismo “Yo reconozco que ha sido la capital de la monarquía y del circulo unitario, cuyo jefe era el señor Rivadavia. Tampoco son un misterio las ideas monárquicas de esos señores…tal vez comprendían que, en un gobierno monárquico o aristocrático, ellos harían la clase privilegiada y siempre directa de los negocios públicos. Pero no obstante sus altas condiciones, sus ideas y sus tendencias fueron vencidas por siempre por las masas populares que procediendo al impulso del sentimiento de la libertad que se despertaba en su naturaleza vigorosa, salvaron el principio democrático y la revolución emancipadora, negándose a recibir un nuevo dueño.
La visión de Leandro Alem
Fue sin dudas la visión de un estadista y la de un hombre identificado con su pueblo. Con Buenos Aires como ciudad capital de la Republica, Alem preveía que: “Aquí vendrá todo lo que valga, se centrará la civilización y, ¿Saben los señores diputados lo que esto significa? El brillo, el lujo, la ilustración, la luz en un solo lugar, y la pobreza, la ignorancia, la oscuridad en todas partes. Y ya vendrán también aquellas odiosas e irritantes distinciones, con sus funestas consecuencias sociales”
Lo dijo y lo escribió en 1880. Contemplemos la Argentina de hoy y analicemos que significa Buenos Aires para nuestro presente.
Bibliografía consultada:
Alvaro Yunque; “Historia de los argentinos” Tomo V.; Ed. Ánfora; Bs. Aires; 1968
