Por Juan Martín Garay. –
Cada 7 de junio, la Argentina celebra el Día del Periodista. La fecha recuerda la aparición de la Gazeta de Buenos Ayres en 1810, pero también invita a reflexionar sobre el rol que cumple el periodismo en una sociedad democrática.
En tiempos atravesados por la velocidad de las redes sociales, la sobreabundancia de información, la inteligencia artificial y la fragmentación de las audiencias, el oficio periodístico enfrenta desafíos inéditos. Nunca hubo tantas herramientas para comunicar y, sin embargo, nunca fue tan difícil construir certezas compartidas. La información circula de manera instantánea, pero la comprensión de los hechos requiere cada vez más trabajo, más profesionalismo y más responsabilidad.
El periodismo no existe para agradar al poder ni para confirmar prejuicios. Su función es otra: observar, preguntar, verificar y contar. Su tarea consiste en acercar a la ciudadanía elementos de juicio que permitan comprender la realidad y participar conscientemente de la vida pública.
Por eso, defender al periodismo no significa defender a periodistas particulares, medios determinados o posiciones ideológicas específicas. Significa defender un principio fundamental de toda democracia: el derecho de la sociedad a estar informada.
Las sociedades libres necesitan una prensa libre. Necesitan voces diversas, capacidad crítica y espacios donde los hechos puedan ser investigados y expuestos sin condicionamientos. Cuando la información se debilita, cuando la verdad pierde valor o cuando la discusión pública se reemplaza por la descalificación permanente, se deteriora también la calidad de la democracia.
La labor periodística no está exenta de errores. Como toda actividad humana, es imperfecta. Pero su fortaleza radica precisamente en la búsqueda permanente de la verdad, en el contraste de fuentes, en la verificación de datos y en el compromiso ético con los hechos.
Hoy, además, el desafío es doble. No alcanza con informar; también es necesario ayudar a comprender. No alcanza con transmitir acontecimientos; es indispensable aportar contexto, explicación y sentido. En una época donde abundan las opiniones, el valor diferencial del periodismo sigue siendo el mismo de siempre: ofrecer información confiable para que cada ciudadano pueda formar su propio criterio.
La democracia necesita instituciones sólidas, ciudadanos comprometidos y dirigentes responsables. Pero también necesita periodistas capaces de ejercer su tarea con independencia, honestidad intelectual y vocación de servicio.
En este Día del Periodista, el reconocimiento es para quienes todos los días asumen esa responsabilidad. Para quienes preguntan cuando otros callan. Para quienes investigan cuando resulta más cómodo repetir. Para quienes entienden que informar no es un privilegio, sino una función social indispensable.
Porque, en definitiva, cuando una sociedad protege al periodismo, no está defendiendo un oficio. Está defendiendo su derecho a conocer, a comprender y a decidir en libertad.
¡Feliz día!
Juan Martín Garay
Abogado y Concejal
C. del Uruguay