
Fue a través del acto realizado frente al monumento ecuestre y Arco del Federalismo.
Concepción del Uruguay se evocó ayer por la mañana el 201° aniversario del trágico fallecimiento del general Francisco Ramírez durante una formación especial llevada adelante frente al monumento ecuestre y Arco del Federalismo, ubicados en la plazoleta del bulevar Montoneras en su intersección con 9 de Julio.
La ceremonia fue encabezada por el presidente municipal, Martín Oliva, acompañado por el viceintendente, Ricardo Vales, funcionarios del Ejecutivo, concejales, representantes de las fuerzas vivas y de seguridad como del Instituto Ramiriano de Estudios Históricos, invitados especiales y vecinos. También estuvieron los abanderados y escoltas de establecimientos educativos municipales y de la Jefatura Departamental de Policía.
En la oportunidad, y tras el depósito de la ofrenda floral, se escucharon los conceptos alusivos expresados por la coordinación de Intervención Territorial en Salud Mental y Adicciones, psicóloga Ana Laura Rodríguez. Este es el contenido de su mensaje:
«El General José Francisco Ramírez hace 201 años se convirtió en una víctima mas de un período de sangre y violencia que ha cubierto a la historia argentina con un velo de tragedia; fueron años de lucha exaltada, de ultrajes horrendos, de muertes que el paso del tiempo, registraría como magnicidios.
Murió Ramírez como han muerto la mayoría de los caudillos del interior; fue asesinado por un grupo de soldados que lo seguían luego de una batalla; allí entra en la historia. Pero quienes escriben la historia, por muchísimo tiempo, rescatarán solo el episodio de su muerte, que fue tratada como escena romántica que devino en un crimen, cuando fue el acto propio de un guerrero valiente en ayuda de quien era uno de sus mas fieles laderos, pero además la compañera en la que encontró momentos de sosiego y confidencia, en su tránsito terrenal tan intenso como breve.
En San Francisco Viejo del Río Seco, a escopetazos y sablazos el 13 de julio de 1821, se puso fin a una vida que tuvo la fugacidad de un relámpago. Apenas treinta y cinco años habían pasado desde que naciera en una villa fundada tres años atrás, y de la que fue designado alcalde con sólo 17 años, destacando una singularidad más de estos hombres que desde muy jóvenes comprendieron los problemas del momento, y se entregaron a ellos con fervor: San Martín a los 34 años era vencedor en San Lorenzo, a los 38 Libertador de Chile; y con 32 años Mariano Moreno era el secretario de la Primera Junta.
De Ramírez por mucho tiempo solo se recordó su muerte; no se podía reclamarles algo distinto quienes olvidaron su accionar, al cabo eran y son, quienes comulgaban con un centralismo exacerbado, con una hegemonía que el paso de los años no ha logrado revertir y que ha mostrado su eficacia para servir a un sector determinado y minoritario de la sociedad.
Por fortuna la historia es un testimonio vivo, en permanente construcción, es dinámica, cobra fuerza en la trasmisión de generación en generación; y muchas vidas hechas de luchas, coraje, pasión, y también pérdidas y dolor, pudieron salir en los últimos tiempos de la opacidad a la que fueron sometidos y escarnecidas por la historia oficial; quienes no solo guerrearon e hicieron del campo de combate un lugar de su mundo, sino que –además- mostraron que eran inteligentes, que tenían sabiduría, que eran organizados y que no eran desclasados. La generosidad con que se entregaban a una causa los convertía en líderes. Ramírez fue uno de ellos. Cayó luchando en defensa de un sistema federal de gobierno, en una lucha que libraba todo lo que hoy es el interior argentino. Su punto cúlmine, de máxima gloria, tal vez pueda ser ese 1° de Febrero de 1820, en la cañada de Cepeda, en “la batalla de un minuto”, que significó el triunfo sobre Buenos Aires y brindó la posibilidad de firmar el Tratado del Pilar, uno de “los tratados pre-existentes”, referidos en el texto constitucional “con el objeto de constituir la unión nacional, afianzar la justicia, consolidar la paz interior, proveer a la defensa común, promover el bienestar general, y asegurar los beneficios de la libertad, para nosotros, para nuestra posteridad, y para todos los hombres del mundo que quieran habitar el suelo argentino”.
En Pilar se deja establecido que el único sistema de gobierno que la Nación admite debe ser el federal, es decir Buenos Aires deberá organizarse como una provincia , en igualdad a todas las demás, comprometiéndose a la reunión de un Congreso en 60 días, invitando a todas las provincias a enviar representantes; el artículo 2° pone fin a las hostilidades y en el 3° no olvidan a la hermana hostigada, la Banda Oriental.
Sin abandonar sus convicciones federales, creó en septiembre de 1820 la República de Entre Ríos de la que formarán parte, además de nuestra provincia, Corrientes y Misiones. Podría decirse que es una integración regional en la que muestra su capacidad de organización y revela que los caudillos eran intelectualment
Su República de Entre Ríos, murió con él; el Supremo Entrerriano murió en combate; unos dicen por amor, pero también porque era un valiente y tenía convicciones.
El ultraje que sufrieron sus restos constituyen el testimonio tenebroso de una época fratricida, superada con el sacrificio de vidas valiosas, que seguramente hubieran aportado mucho mas a la causa por la que luchaban. Finalmente la organización nacional se logró, nuestra ciudad ha jugado un rol relevante que nos enorgullece y que le ha valido el título de Capital Histórica y Cuna de la Organización Nacional. Pero la organización y la unidad debe plasmarse en hechos y en espíritu; el federalismo que establece la Constitución es cada vez mas flácido, generando desigualdades irritantes y la unidad aparece como una utopía, si nos atenemos a los enunciados discriminatorios y cargados de odio hacia quienes piensan distinto.
Es tarea de todos y todas , recuperar la esperanza, volver a los sueños; porque tenía esperanza, porque tenía sueños, porque creía en la utopía, luchó y murió José Francisco Ramírez.»




