por Pablo Stein –
Un hecho no muy conocido en Argentina fue la batalla de Paso Quinteros y que en el Uruguay también es conocido como el “Holocausto de Paso Quinteros” llevada a cabo en las márgenes del Rio Negro en el año 1858.
Presidentes
Justo José de Urquiza era desde 1854 el presidente de la Confederación Argentina estando Buenos Aires fuera de la misma.
Gabriel Pereyra electo desde 1856 presidente de la República Oriental del Uruguay.
Urquiza representaba al partido Federal, mientras que Pereyra de tendencia “Colorada” (Unitarios en el Uruguay) enfrentaba una interna con su propio partido liderada por los sectores más conservadores y cuya cabeza visible era Venancio Flores, gobernador de Montevideo, quien a la vez era apoyado por Bartolomé Mitre, el líder unitario porteño.
La rebelión conservadora
El general Cesar Díaz se declara en rebeldía contra el gobierno constitucional de Pereyra y exige su renuncia desembarcando en Montevideo en enero de 1858, pero fracasa en su intento de tomar la ciudad y es perseguido por el ejército al mando de un conocido del presidente argentino, don Anacleto Medina.
Porque interviene Urquiza.
Enterado del intento revolucionario Urquiza pese a no tener un acuerdo con el gobierno uruguayo decide intervenir en apoyo de Pereyra, que, si bien pertenecía al partido Colorado, representaba la versión más moderada del mismo. El triunfo de los rebeldes hubiera puesto entre dos fuegos su propio gobierno teniendo en cuenta que el Mitrismo porteño estaba de acuerdo con los Conservadores que respondían a su antiguo enemigo Fructuoso Rivera.
Los fusilamientos
A los rebeldes perseguidos por las fuerzas gubernamentales, el coronel Moreno les inflige una derrota en las márgenes del arroyo Cagancha y son finalmente sitiados por Anacleto Medina en Paso Quinteros sobre el Rio Negro y ya en el departamento de Paysandú.
Medina los obliga a rendirse garantizando durante la negociación la vida de los insurgentes. Urquiza mientras tanto esta acampado frente a Paysandú y una parte de sus fuerzas pasan el rio Uruguay al mando del coronel Isidro Quesada.
Medina no puede cumplir su promesa porque el ministro de guerra Andrés Gómez le ordena la inmediata ejecución de los prisioneros.
Así fueron fusilados el cabecilla del movimiento Cesar Díaz y su segundo Manuel Freire que era unos de los héroes de la expedición de los 33 orientales y numerosos coroneles, jefes y oficiales, hecho que causo gran consternación en la población.
Los oficiales que se salvaron de la matanza se refugiaron en Entre Ríos, pero si bien no se conoció nunca el número exacto se habló siempre de al menos 150 fusilados.
La carta de Urquiza a Pereyra
Urquiza que ya el día 3 de febrero sabia no solo del fracaso de los sublevados, sino que también habían sido pasados por las armas, regreso a su Palacio en San José que era desde donde dirigía los destinos de la Confederación.
El 7 de febrero llego una cañonera brasileña al puerto de C. del Uruguay y su comandante le ratifico a Urquiza los fusilamientos y este concibió una idea al menos siniestra que consistió en enviarle una carta al presidente uruguayo, la que fecho como redactada el día 4 y por la cual le solicitaba clemencia por los rebeldes y el perdón por los delitos cometidos: “Es sagrada la vida de los vencidos, cuando esos vencidos son nuestros hermanos” fue una de las frases empleadas por don Justo, pero recién el 9 de febrero fue enviada.
Uno de los secretarios de Urquiza, Juan Coronado se preguntaba ¿Qué razón ha tenido el general Urquiza para engañar tanto tiempo a propios y extraños, jugando de un modo inocuo con la sangre y los martirios de los condenados?
Foto: Gabriel Pereyra Presidente Republica del Uruguay
Bibliografía consultada:
Leonardo Borges; “Sangre y barro”; Ediciones de la Plaza; Montevideo; 2010.
Eduardo Acevedo Díaz; “Épocas militares en los países del Plata”; Ed. Nabu Press; 2014.
Juan Coronado; “Misterios de San José”; Ed. Palumba; Bs. Aires; 1911