Por Juan Martín Garay
La industria avícola no es un sector más para Concepción del Uruguay. Es parte de nuestra identidad productiva y una de las principales fuentes de empleo directo e indirecto de la ciudad. Por eso, cualquier decisión que la afecte tiene un impacto inmediato en la economía local y en la vida cotidiana de cientos de familias.
En este contexto, el reciente acuerdo sanitario y comercial firmado por la Argentina con Estados Unidos genera una preocupación legítima. Tal como advierten especialistas del sector, el convenio habilita la posible entrada al país de productos avícolas estadounidenses a precios muy bajos, mientras que la producción argentina no obtiene las mismas condiciones de acceso a ese mercado. En términos simples: se abre el mercado interno sin garantizar reglas de juego equilibradas.
Esto puede derivar en una competencia desigual para la industria entrerriana, que ya enfrenta altos costos, caída del consumo y dificultades para exportar. Cuando ingresan productos importados más baratos, la presión se traslada a toda la cadena productiva: menos producción, menos horas de trabajo y mayor incertidumbre laboral.
Para ciudades como Concepción del Uruguay, donde la avicultura sostiene empleo, comercio y servicios asociados, el impacto no es teórico ni lejano. Se traduce en menor actividad económica, mayor fragilidad social y un riesgo concreto para el entramado productivo local.
Defender la avicultura entrerriana no es una cuestión ideológica ni partidaria. Es defender el trabajo, la producción y el futuro de Concepción del Uruguay. Cuando están en juego los intereses de nuestra ciudad, no hay banderas que valgan más que la responsabilidad de cuidar lo nuestro.