Si bien la pandemia nos ha obligado a trabajar desde nuestras casas, esta crisis sanitaria ha dado un giro inesperado al teletrabajo, donde de alguna manera, se da una conciliación entre la vida laboral y la personal.
Es cierto que tiene buenos beneficios como una mayor flexibilidad en cuanto al tiempo de cada empleado; el ahorro de dinero, tanto de viáticos y comidas en el caso de los colaboradores, como en las empresas que cuentan con oficinas más reducidas y mejor optimizadas, teniendo en cuenta las medidas de seguridad que surgen del cuidado de la salud y bienestar de los empleados. Y finalmente, beneficios asociados a un menor índice de ausencias, ya que se reducen significativamente los accidentes, enfermedades y bajas, generando menos estrés por llegar a cumplir con todas las obligaciones.
¿A qué llamamos talento colectivo? A la suma total del talento y la capacidad de todos los participantes de relacionar conceptos como trabajo en equipo, comunidad, co-creación y aprendizaje organizacional. El objetivo final es que este pensamiento sistémico aplicado en las organizaciones, genere una sinergia tal que muestre la capacidad de los equipos y organizaciones de aprender y mejorar constantemente.
Entonces, el talento colectivo es muy importante porque se trabajan emociones, se genera el compromiso, el sentido de pertenencia, el saber que somos los protagonistas y nos ayudan a motivarnos y a realizar una auto-reflexión para el bienestar tanto del equipo como de la organización. Por todo esto, el trabajo sobre el talento colectivo, puede estar enfocado en el impulso de acciones concretas que incluyan que los empleados cuenten con un espacio de confianza, donde la interacción sea real, y en el que puedan expresar no solo sus emociones sino aquellas ideas o puntos de vistas que enriquezcan a todos. Un lugar donde se sientan motivados a dar su mejor versión, a escuchar a sus pares y líderes, unidos con el mismo objetivo, y salir fortalecidos como equipo y empresa en un año tan complejo y difícil.
Una organización que no trabaje fuertemente sobre el talento colectivo, perderá el alma, el espíritu de su empresa, su ADN y el recurso más valioso, su capital humano. En este año hemos aprendido que debemos humanizar a las empresas, haciendo el esfuerzo y generando el espacio para que la lección aprendida sea que, a pesar de la distancia, pueden estar juntos.
Fuente: Ámbito