por Ángel J. Harman –
A partir de las invasiones inglesas y durante las guerras de independencia y civiles, los esclavizados fueron incorporados a los ejércitos debido a la necesidad de renovar los contingentes: en ocasiones, los propietarios entregaban sus esclavos para evitar ser convocados ellos o sus hijos; en otras, se debía a órdenes emanadas por el gobierno, y en algunos casos, los esclavos se ofrecían de manera voluntaria por la posibilidad de obtener la manumisión.
En agosto de 1812, cuando las fuerzas bajo el mando de Manuel de Sarratea se aprestaba na pasar a la Banda Oriental para enfrentar a los realistas, en Paraná, el Acalde de Hermandad Andrés Pazos fue designado capitán del Cuerpo de Pardos.
Además de los esclavos, se sabe que el núcleo mayor de los ejércitos estaba formado por mulatos y mestizos, aunque esa evidencia muchas veces ha sido prácticamente dejada a un lado. El barón Eduardo Holmberg anotó en su “Diario de Marcha” que en febrero de 1814 le enviaron desde La Bajada [Paraná] a Pedro Lima, Alférez de la Compañía de Pardos de Punta Gorda.
También en Concepción del Uruguay los varones de origen africano fueron reclutados en el ejército y movilizados hacia los distintos escenarios en donde se combatía contra las fuerzas enviadas por el gobierno central.
Existen constancias de que en los primeros meses del año 1817 murieron cuatro soldados morenos de la guarnición local, cuyos nombres quedaron asentados en el Libro de Defunciones de la Parroquia:
Francisco Sosa, Capitán de Morenos; José Peña, soldado moreno del cuerpo de Artillería; Francisco Ginacio, pardo natural de Brasil; Antonio Manzana, soldado negro, natural de Guinea. Además, en Nogoyá fue sepultado en setiembre de ese año el moreno apodado Raya, de 25 años de edad, de la “Compañía de negros del Arroyo de la China”.
[Ángel J. Harman, Los rostros invisibles de nuestra historia, 2010]
Esta nota fue publicada por la revista La Ciudad el 23/6/2021