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SER URUGUAYO

Por Tabaré Oddone   –  

Ser uruguayo no es nada fácil. Aunque sí reconfortante. Nada fácil porque como país pequeño que es, tiene muy pocas posibilidades de estar dentro de los primeros del ranking mundial de cualquier cosa que esté en juego. Y eso invariablemente te rompe todos los esquemas económicos que te has armado para el futuro  inmediato y a largo plazo de tu vida.

Sin embargo hay cosas que Uruguay, tiene  prendido como garrapata en su pueblo y es: ese ser uruguayo. Es algo que no se deja de ser  por ningún motivo y en ningún momento de la vida.

Pero increíblemente hay algunos uruguayos que reniegan de su patria o más bien de su ser uruguayos. Aquellos que niegan sus raíces, generalmente  humildes y que hoy por hoy han dejado  de lado. Les ha ido bien fuera de fronteras y han abandonado en el recuerdo a ese Paisito que los vio nacer. Al menos eso intentan hacer: olvidar. Aunque no sea  tan sencillo  hacerlo. Pues en definitiva es como negar a tu madre. Para que se entienda, si naciste en el Uruguay, eres uruguayo mi viejo, mal que te pese. Y orgulloso deberías estar de serlo. Porque si bien existe pobreza, es digna. Si bien existen pocas posibilidades de trabajo o de lograr  metas económicas interesantes, las hay.

Y si la suerte te fue esquiva o tus aspiraciones apuntan más arriba, no está mal que  las busques en otros horizontes pero eso no quiere decir que dejes de ser uruguayo.

Los chivitos y el candombe son patrimonio uruguayo y de los uruguayos hermano mío es el Chajá y Gardel. Cuando los pocos negros de Barrio Sur suenan, cuando te sientes uruguayo te suenan hasta las tripas. Son algunas pocas decenas y parecen miles. Y suenan con el orgullo de la sangre negra, pero fundamentalmente por ser uruguayos. Los negros que viven en nuestro país al compás del tamboril, nunca negaron el ser uruguayos.

De hecho el candombe es un legado de sus ancestros,  que nos supieron transmitir  y meter en nuestras venas y hacerlo nuestro. El candombe uruguayo, suele escucharse en algunas bocas ajenas. Esa mezcla de dos sabores la llevan orgullosos cuando sienten que les quema las manos en el repiqueteo y le tiembla el corazón al sentir que sus ancestros se han ligado con este pedacito de tierra perdido en el mundo, pero que late con la fuerza de un huracán.

Se de idas. Se de la necesidad de buscar mejores horizontes. Conozco la dureza de las faltas de oportunidades desde adentro. El auto-exilio es jodido. Tal vez más jodido que el otro. El que te empujaron a hacerlo porque defendiste un ideal de País. No se, digo, tal vez exagero. Tal vez me voy de boca porque soy un auto-exiliado por necesidad. Sí, seguramente exagero, porque  en todo caso, yo podía volver cuando quería, las veces que quería en cambio aquellos de “tierras tan lejanas”, fueron forzados a irse. Porque  o los metían tras las rejas y sufrían tortura tras tortura o  simplemente desaparecían. Sí, el exilio empujado es peor, no cabe dudas. Sino basta con lo que te digo pregúntale a “Eduardo”, que se tuvo que ir para  Argentina para que no lo metieran preso y de la Argentina para Europa para que no lo mataran. Y cuando pudo volver y sentir ese airecito fresco de mar montevideano y ver un partido de fútbol de domingo, volvió para quedarse. Pero le costo cara la decisión. De  tantas emociones encontradas cuando se tuvo que despedir de aquellos españoles que habían sido sus hermanos sustitutos, le dio un infarto y casi se muere.

Y como él tantos otros poetas, cantantes e intelectuales que se tuvieron que ir. Ellos no negaron el ser uruguayos. Y eso que les costó caro. Carísimo  mas bien.

No es bueno negar tus raíces ni es bueno negarse ante la realidad, aunque te queme por dentro. Creo que deberías pensarte un poco. Pensarte tranquilamente en una de esas largas noches de inviernos, junto al hogar prendido, tomándote un Chivas. Ahora que puedes tomarte un doce años y disfrutarlo, deberías pensarte, si. Porque tus hijos hoy de tu sangre uruguaya, pero nacidos en otras tierras, si les enseñaste ese concepto tan frío y doloroso que me has contado allá a lo lejos y como al descuido, mañana te lo devolverán doblemente. Negarán su tierra, y tal vez hasta sus raíces y vos que te pensabas seguro, distante, ya no serás el mismo. No sabrás de donde eres. Ni adonde verdaderamente pertenece tu alma Y será doblemente tormentoso haber dejado de ser uruguayo.

 

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