Por Germán Bercovich –
Pocos personajes del mundo del cine de los últimos años son más repugnantes que Stephen, el traidor que Samuel Jackson (actor negro) representa en “Django unchained”, la película de Tarantino. Stephen es, básicamente, alguien que vende el alma. Haciendo el papel de una especie de capataz, maltrata a los esclavos de su amo. Es decir, es el brazo armado del blanco rico contra los de su propia raza.
Hay un caso similar, en el mundo real (hay muchos, pero este cobró fama en su momento), que fue el del ex sheriff de Milwaukee, David Clarke. Un afroamericano que con sus declaraciones y conductas (en la cárcel del condado que debía supervisar, por ejemplo, murió un interno bipolar deshidratado luego de 6 días sin ingerir agua, a forma de castigo) tomó posición en contra de inmigrantes, vulnerables en general, y grupos de defensa de las minorías, incluso de la población negra, como el movimiento Black Lives Matter.
En estos días, mientras la clase media continúa su derrumbe, conocí a varios personajes parecidos a ellos dos. Es justo decir que no son iguales, sino similares. La diferencia radica en que patearon en contra de su clase sin ganar nada a cambio. Laburantes de 15 a 20 mil pesos por mes que votaron a este gobierno, algo absolutamente inaceptable si se contaba con algo de información. Un empleado de una estación de servicio, uno municipal, y uno de un barrio privado, me confesaron su desencanto contra el estado que han cobrado las cosas dentro de su microeconomía familiar. Yo creo que no cuentan, aún, con todos los datos que deberían respecto a cómo se fueron dando las medidas que los hundieron. Esto los hace peligrosos para su clase, porque pueden repetir el voto. Aun así, la esperanza radica en que el viejo Dios Bolsillo de los sectores medios los espabile, y les diga que algo anda realmente mal. Están, entonces, los que empiezan a dudar, o los que ya están seguros de que la mentada “campaña del miedo” era toda cierta. De pe a pa. Luego se encuentran aquellos que agradecen., desde el fondo del mar, que la calidad de vida les haya empeorado. Creen hacer patria poniendo su granito de arena para que el Estado equilibre sus cuentas, mientras el Presidente continúa con la baja de las retenciones al agro. En ningún lado sale publicado, además, que la madre de Macri, su tía, su tío, y su hermano son propietarios de 26.381 hectáreas en la provincia de Buenos Aires. Es decir, la familia de Macri es una de las principales terratenientes a nivel nacional. Con lo cual, al negarse a echar mano a las retenciones para generar ingresos al Estado, el Presidente favorece a las arcas de su prole.
En la conferencia de prensa, incalificable, que brindó la semana pasada, Macri dijo que “El único país del mundo que castigaba las exportaciones era la Argentina”. Esto es falso, por supuesto, como varios datos más que brindó. 38 países, entre ellos Brasil, México, Noruega, y Australia cobran impuestos a los bienes exportables. El peligro es que para averiguar esto hay que interesarse, buscar aunque sea mínimamente. No es tan fácil pensar que el Presidente que uno votó, en quien encarnaba un ideal de honestidad y buena voluntad, le está mintiendo en la cara. Estoy seguro que la enorme mayoría de los que escuchó la conferencia, o que leyó algo luego en los medios gráficos principales, se quedó con la idea de que, si esta medida era tan excepcional en el mundo, si éramos efectivamente el único país, entonces era una mala medida. Bueno, era mentira.
Clarke y Stephen vendieron el alma a cambio de algo. Para que en 2019 Macri no gane, hay que intentar que sus votantes de clase media entiendan que se están entregando a cambio de nada.