por Susy Quinteros –
(a mis hijos)
De mi blanca ciudad les conte tanto
hice un mapa de ayer entre sus calles
les mostre las esquinas de inocencia
sus lugares de luz toda la espera,
los lleve por las rondas y los duendes
hasta la verja de una vieja escuela
y en sus trenzas muy largas descubrieron
una urgencia de pajaro y de lluvia.
En esa iglesia de las manos juntas
vivieron de nuevo los domingos
cuando el incienso seputalba el llanto
entre los pliegues de color celeste.
De mi blanca ciudad les conte tanto
conocienron la cara de muchacha
sin señales oscuras en la frente
se sentaron también en el pupitre
donde acaso vangado en la mañana
sin medir las honduras de los sueños
estaban las manos que vendrían
desde el alto secreto de la vida.
Era yo la esperanza sin saberlo
la verdad de luz que nunca alcanza
florecia en los cercos de mi alma
un rosal de palabras para siempre.
De mi blanca ciudad les conté tanto
recorrimos descalzos sus esquinas
buscando la sonrisa del verano
les di el dibujo de los sauces claros
sobre la arena del Pelay sin voces,
les regalé la Salamanca en fiesta
con el milagro de su cielo rojo
atardeceres de infinito cielo
con grandes ramos de espinillo al viento,
y en la hora de azules hacia el alba
entre las calles de silencio antiguo
escondimos la noche en los zaguanes.
De mi blanca ciudad les conté tanto
amarré los secretos de la infancia
al amor que le tuve a un barco viejo
y a una casa con risas donde estuvo
la mirada celeste de la abuela.
Hoy es otro el presente que la nombra
por los cielos del nortevan los sueños
con urgentes mandatos heredados.
En las manos que juegan con el rio
hunde octubre la luz que nos dejara
siempre habrá madreselvas en los muros
y un rosal en la plaza florecido.
Esta nota fue publicada por la revista La Ciudad el 25/6/2024