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Paren el mundo, me quiero bajar

tormenta

El título recuerda el nombre de una vieja película que nunca fue tan actual como en estos tiempos. Nuestro planeta no está en un muy buen momento, por un lado los fenómenos naturales que azotan al Caribe y a México, la cuestión de los refugiados, el Brexit de Gran Bretaña  y fundamentalmente los peligros de una tercera guerra mundial por las fricciones entre dos líderes que parecen no tener todos los jugadores, Donald Trump y Kim Joung-un que parecen encaminar a Estados Unidos y Corea a un enfrentamiento que se puede saber cuando comienza pero no cuando y donde va terminar. Y si algo le faltaba a este mundo convulsionado ocurrió el domingo pasado en Alemania donde el partido nazi obtuvo un gran respaldo popular pese al triunfo de Angel Merkel.-

Cuatro años más para la era Merkel. El partido de la canciller alemana ha ganado las elecciones alemanas por cuarta vez consecutiva y por una holgada mayoría después de 12 años al frente de la primera economía europea, según los resultados de las primeras proyecciones publicados por la televisión pública ARD, pero queda muy debilitado. La Unión cristiano demócrata (CDU/CSU) habría obtenido un 33% de los votos (una asignación provisional de 246 escaños), seguida de la socialdemocracia (SPD) que habría sufrido una derrota histórica -peor resultado desde 1949- al obtener el 20,5% de los votos. «Esperábamos un resultado mejor», reconoció Merkel, quien también recordó que «somos el partido más fuerte y no puede haber coalición de Gobierno sin nosotros». El bloque conservador que lidera fue el que más apoyos ha perdido rozando también mínimos históricos. Hasta un millón de ellos migraron a la extrema derecha.

Un partido de extrema derecha al Parlamento

Los resultados provisionales confirman además la noticia temida desde hace semanas: un partido de extrema derecha entrará en el Parlamento por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial. Y lo hará como el tercer partido más votado, con una representación muy por encima del 5% necesario para acceder al Bundestag. Con un discurso xenófobo y contrario al euro, Alternativa por Alemania (AfD) habría logrado un 12,6% de los votos (94 escaños), según los sondeos.

La aritmética indica que la ultraderecha de AfD podría tener, según las cifras preliminares cerca de 90 escaños en el Parlamento, lo que supone un potencial para marcar la agenda política y el debate nacional sin precedentes. «Vamos a recuperar nuestro país y nuestro pueblo», dijo el colíder del partido, Alexander Gauland poco después de conocer los primeros resultados. El ministro de Exteriores, Sigmar Gabriel, consideró recientemente a AfD «verdaderos nazis».

Extremismos aparte, buen parte de los alemanes ha votado por el continuismo. Merkel representa aún para muchos ciudadanos la estabilidad, en un mundo convulso en el que habitan Trump, Erdogan y Kim Jong-un. Representa la asertividad y la firmeza necesarias para hacer frente a las amenazas internacionales. Es también para sus votantes, la artífice de un período económico, que a pesar de la lacerante desigualdad que recorre el país y los estragos proyectados en el exterior por su política comercial, ha reportado altas cotas de bienestar a millones de ciudadanos en Alemania. El domingo por la mañana, Volker Kraftczyk, un ingeniero aeronáutico de 47 años resumía bien ese sentimiento después de votar en un barrio del norte de Berlín. «Es una mujer fuerte que nos representa bien en el resto del mundo. Y aquí dentro. Alemania es uno de los países más ricos del mundo. No nos podemos quejar, ¿no?». Aún así, la caída de más de ocho puntos que ha sufrido el bloque conservador -el que más pierde y sobre todo en favor de la ultraderecha y en el Este-, indica que la crisis política nacida tras la llegada de 1,3 millones de refugiados al país sigue viva.

La dirección del SPD anunció que repetir una nueva gran coalición como la que han mantenido hasta ahora con el bloque conservador de Merkel no es una opción. Formar un Gobierno con Verdes y Liberales sería entonces la única opción viable para el partido de la canciller alemana, obligada a buscar un socio de coalición para alcanzar la mayoría.

El discurso del candidato del SPD, Martin Schulz, centrado en la justicia social, no ha acabado sin embargo de cuajar. Las cifras iniciales apuntan a una debacle socialdemócrata. El SPD habría obtenido su peor resultado de la historia de la Alemania moderna, un 20,5% (153 escaños). Por momentos, a principios de año, pareció que Schulz podría haber sido la esperanza blanca de la socialdemocracia alemana, pero hoy ha quedado meridiano que no es así. Aún así, Schulz aseguró ayer que cuenta «con el respaldo de la dirección para renovar el partido». Y consideró el desembarco de AfD «un punto de inflexión». A su juicio refleja hasta que punto, «la acogida de más de un millón de refugiados divide todavía a nuestro país. Lo que para unos ha sido un acto de humanidad y caridad, para otros es una amenaza. No hemos conseguido persuadir a todos nuestros votantes que Alemania es lo suficientemente fuerte como para no dejar a nadie atrás».

Si los dos grandes partidos han visto cómo sus apoyos se desplomaban, las formaciones pequeñas  se han visto sin embargo reforzados en esta elección. Die Linke, el partido de la extrema izquierda obtendría un 9,2% (69 escaños), Los Verdes un 8,9% (67 escaños) y 10,7% los liberales (80 escaños), que volverán a entrar en el Parlamento, después de cuatro años de ostracismo extraparlamentario. Su irrupción ha sido otra de las grandes novedades de estas elecciones. Vuelven con fuerza renovada de la mano de Christian Lindner, un candidato joven y dinámico que podría plantear muchos quebraderos de cabeza a Merkel. El FDP no ve con buenos ojos los planes de la canciller para reformar la eurozona y crear un presupuesto para la zona euro, además de nombrar un ministro de finanzas para la moneda única. (fuente El País)

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La Ciudad

Periodista Especializado en Tecnología.