Los panaderos cuentan que perdieron como clientes a los jubilados y muchos vecinos que antes iban a comprar, ahora van a pedir. Las tortas sólo se hacen a pedido. Muchos no harán ni huevos de Pascua este año.
Las panaderías argentinas sufren la caída de consumo. Los números son contundentes: cerraron 2.000 panaderías en todo el país en los últimos dos años y se perdieron 16.000 puestos de trabajo. Pero cuando se pone la lupa en el consumo de pan, facturas y tortas los datos impactan.
Martín Pinto es Secretario General de la Cámara de Industriales Panaderos de la Provincia de Buenos Aires, representa a 17.000 panaderías. Analiza cómo está el sector: «Venimos muy castigados, en los últimos dos años, tuvimos una caída en la venta de pan del 55%. Si miramos la venta de pastelería, facturas y tortas la baja es del 85% comparado con 2023. Si comparamos las ventas desde principio de año hasta ahora con las de 2025, la caída en el consumo de pan es del 45%, no incluimos facturas porque hacemos poco y nada», explicó a BAE Negocios.
De las 2.000 panaderías cerradas desde 2023 en Argentina, 530 son bonaerenses. Las provincias más afectadas en cuanto a cierres son Salta y Jujuy. El representante de los panaderos asegura que las zonas del conurbano donde más cerraron panaderías son Lanús, José C. Paz, Merlo y en San Miguel cerraron 18 panaderías en 3 meses«.
La fuerte caída en el consumo de pan, impacta en los industriales panaderos y se suma a los altos gastos mensuales. Pinto analizó la situación del sector: «Apenas asumió Javier Milei hizo una devaluación que fue un cachetazo muy duro para todos nosotros. Liberó servicios y alquileres y nos terminó de arruinar. En mi caso, pagaba $600.000 de alquiler en Merlo y hoy pago $1.800.000; pagaba $50.000 de luz y hoy pago $1.500.000 y de gas pagaba $80.000 y ahora abono $1.700.000. En noviembre de 2023 una bolsa de 25 kilos de harina costaba $2.300 hoy nos cuesta la misma marca y el mismo peso $25.000. Los costos de producción se nos fueron por las nubes y no pudimos acompañar los aumentos».
Cuando todo comienza a ir mal, lo primero que cae es la venta de tortas y facturas, luego le sigue la baja del consumo de pan. «Antes producíamos entre 20 y 30 docenas de factura por día de lunes a viernes y 100 docenas los fines de semana. Ahora con suerte hago 5 docenas de facturas de lunes a viernes y 15 o 20 docenas los fines de semana. Todo lo que sobra es pérdida. Los lunes no hago facturas, vendo las que me quedaron del domingo más baratas. Sí, antes los lunes cerrábamos y ahora tenemos que abrir porque los números no nos dan. Antes vendíamos entre 20 y 30 tortas por fin semana y 50 si había comuniones. Hoy sólo hago tortas y sándwiches triples por encargo, el pasado fin de semana largo no vendí ni una torta», señaló.
En su panadería del conurbano bonaerense, producían entre 300 y 400 kilos por día, porque tiene reparto. Con las bajas ventas, con hacer entre 180 y 200 kilos de pan le alcanza y sobra.
Antes, en una panadería del conurbano se vendía pan en flauta, de grasa, miñones, milonguita, de salvado, con semillas y francés, entre otros. Ahora, todo cambió. Martín Pinto contó a BAE Negocios «hoy sólo hacemos pan en flauta y surtido de grasa. Antes el consumo del pan era masivo, era lo más barato de la canasta básica. La gente ya no compra por kilo, compra por unidad. Hace muchísimo que en mi panadería de Merlo no vendo por kilo».
Cambiaron todos los hábitos de consumo y Pinto lo explica muy bien «perdímos como clientes a los jubilados, antes abrías y afuera ya había jubilados charlando y contándose chistes. Hoy ya no están. Nos dicen ‘o compro pan o compro remedios‘. No llegamos casi a vender, lo del día anterior, porque cada vez viene más gente a pedir. Es muy conmovedor ver que los vecinos que antes te compraban, ahora te piden. Durante años, te mantuviste gracias a los vecinos, ahora nos toca a nosotros ponernos del otro lado y ayudarlos. Todos los días estamos un poquito más fundidos».
«Tenemos panaderos de mucha edad y no pueden recordar un momento igual a este, donde el sector está tan mal. Es la primera vez en la historia que estamos tan mal. Todas las panaderías se achican, bajan la producción, ajustan a los empleados, queda atendiendo la familia y cuando ya no podes pagar ni la luz, ni el gas, terminás cerrando y listo. Sino le empezas a deber a todo el mundo te metes en un círculo vicioso y no salís más. Antes el panadero sacaba un préstamo para comprar máquinas o adquirir un auto, ahora los pedimos para pagar aguinaldos o pagar servicios«.
Se acerca Semana Santa que siempre fue un buen momento para vender roscas y huevos de Pascua, pero las expectativas esta vez son nulas. «Este es el segundo año que no fabrico huevos de Pascua, la gente no tiene plata y tengo que contratar un repostero, los ingredientes como el chocolate son caros, mejor no hago. Y si me hacen pedidos, se los compro a una vecina emprendedora que los hace muy ricos. Este año hicimos dos roscas, una económica a $5.000 y la que viene con todo a $15.000 o $20.000, sólo a pedido. Ni las roscas más baratas se venden, las terminamos regalando», detalló.
La situación del sector es cada vez más complicada.